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Grande-Marlaska, el windsurfista
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Nacho Abad

Más que indicios

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Grande-Marlaska, el windsurfista

El ministro ha dado un cambio de timón, y como ahora las críticas arrecian contra el Gobierno, pide que el crimen de Lardero no se convierta en un arma política

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)

En época de verano, cuando se levanta el viento en el mar, observo a los windsurfistas con curiosidad desde mi toalla. Impulsados por las ráfagas, en mi caso, cortan las olas de izquierda a derecha. Van paralelos a la línea de playa. Cuando llegan al extremo contrario, giran, cambian el sentido de la vela y cabalgan de nuevo sobre el mar impulsados por el aire. No sé si el ministro de Interior, Grande-Marlaska, es aficionado a subirse en la tabla, pero sin duda es un windsurfista de primera en lo que se refiere a política criminal. Se acordarán de aquel joven homosexual que el pasado mes de septiembre denunció que una banda de fascistas, ocho para más señas, con sudaderas negras y capuchas, le asaltó en pleno barrio de Chueca, un domingo a las cinco de la tarde. Le retuvieron en su portal mientras le bajaban los pantalones y le tatuaban la palabra 'maricón' en el glúteo.

Como en el reciente caso de Lardero, la sociedad reaccionó con inquietud y alarma. La denuncia de la agresión fascista en Chueca, entre otras cosas, provocó una solicitud general para que hubiese mayor protección del colectivo LGTBI. Grande-Marlaska se subió en su tabla de windsurf y navegó impulsado por la agresión para sacar rédito político y criminalizar a Vox. Acusó al partido de Abascal de provocar este ataque. Su discurso alimenta el odio, afirmó. Dio por cierta la denuncia, avanzó que los responsables estarían pronto detenidos y a disposición de la Justicia.

Foto: Flores por el pequeño asesinado en Lardero. (EFE)

Con el crimen de Lardero, el ministro de Interior ha debido pensar, “Fernando, vamos a girar, que esta vez podemos tener algo de responsabilidad e interesa más que el viento sople del lado contrario”. Así que Grande-Marlaska, con un golpe de cadera, ha dado un cambio de timón, y como ahora las críticas arrecian contra el Gobierno, pide que el asesinato del pequeño Álex, de nueve años, a manos de un doble violador y asesino, no se convierta en un arma política: “Me parece temerario que sin información y a primera hora se utilice desde un punto de vista partidista una tragedia humana tan importante”.

Sorprende que en el caso de la falsa agresión homófoba de Malasaña el propio Marlaska sacara conclusiones inmediatas sin que la investigación hubiera concluido y que el Gobierno convocara de urgencia la comisión de seguimiento del plan de lucha contra los delitos de odio y que, sin embargo, en este caso pida tiempo, sosiego y reflexión. Debe ser que Fernando, como buen windsurfista, navega con sus argumentos en diferentes direcciones dependiendo de dónde sople el viento, porque su política criminal parece que se mueve al antojo del dios Eolo, es decir, a la deriva, en vez de sostener un rumbo fijo con pulso firme.

En época de verano, cuando se levanta el viento en el mar, observo a los windsurfistas con curiosidad desde mi toalla. Impulsados por las ráfagas, en mi caso, cortan las olas de izquierda a derecha. Van paralelos a la línea de playa. Cuando llegan al extremo contrario, giran, cambian el sentido de la vela y cabalgan de nuevo sobre el mar impulsados por el aire. No sé si el ministro de Interior, Grande-Marlaska, es aficionado a subirse en la tabla, pero sin duda es un windsurfista de primera en lo que se refiere a política criminal. Se acordarán de aquel joven homosexual que el pasado mes de septiembre denunció que una banda de fascistas, ocho para más señas, con sudaderas negras y capuchas, le asaltó en pleno barrio de Chueca, un domingo a las cinco de la tarde. Le retuvieron en su portal mientras le bajaban los pantalones y le tatuaban la palabra 'maricón' en el glúteo.

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