Cinco mentiras habituales del conflicto catalán

“Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente” (Mafalda)¿Cuánto tiempo hace ya? Sí, cuánto tiempo hace desde que estamos dándole vueltas al

Foto: Celebración de la Diada en Barcelona (AP)
Celebración de la Diada en Barcelona (AP)

“Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente” (Mafalda)

¿Cuánto tiempo hace ya? Sí, cuánto tiempo hace desde que estamos dándole vueltas al mismo molino de la independencia catalana, el desafecto, los agravios, el derecho a decidir... A ver, esa dialéctica que conocemos es tan antigua como la misma democracia española, desde la Constitución, pero no es eso. Es esta intensidad de ahora en la que, sin darnos cuenta, llevamos instalados ya cuatro años (acaso desde que José Montilla hundió a su partido, el PSC, y convocó elecciones en noviembre de 2010) con argumentos que se repiten en cada nuevo capítulo.

Y eso es lo peor, que todo el debate se ha reducido a la reiteración de frases hechas que, en la mayoría de los casos, o no dicen nada o son falsas en sí mismas. Con lo cual, es imposible avanzar porque siempre estamos en lo mismo. Habrá más, pero estas son algunas. Cinco expresiones del círculo vicioso en el que estamos y del que no conseguimos salir.

-- Primera: “El conflicto se origina por la sentencia contraria del Constitucional sobre el Estatut”

Es una de las más afirmaciones más repetidas. Resulta, según esa tesis, que el repunte independentista lo provoca la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sencillamente, no es cierto. Por diversas razones, sin entrar siquiera en la incongruencia de que una sentencia de constitucionalidad pueda considerarse una provocación; es la peligrosa conclusión de que la legitimidad se impone a la legalidad. Sin entrar en eso, lo primero que se olvida es que Esquerra, la fuerza más pujante del independentismo, no apoyaba el Estatut desde antes de que el Constitucional lo recortara.

Lo que ha ocurrido desde 1975 es que, de forma periódica, los amagos de desafecto se han acallado con cesiones de competencias, de impuestos, de inversiones… Cuando se ha colmado esa vía, ha estallado la reclamación mayor. La independencia. Sencillamente, al nacionalismo ya no le quedaba otro discurso

Pero es que, además, si se contemplan estos 39 años de democracia, se comprobará que el independentismo ha sido una pendiente desde las primeras tensiones de la Constitución hasta el amago de ruptura de ahora. Seis veces ha aprobado el Parlament declaraciones que exigían “el derecho del pueblo catalán a la autodeterminación”, la primera de ellas en 1989. Lo que ha ocurrido desde 1975 es que, de forma periódica, los amagos de desafecto se han acallado con cesiones de competencias, de impuestos, de inversiones… Cuando se ha colmado esa vía, ha estallado la reclamación mayor. La independencia. Sencillamente, al nacionalismo ya no le quedaba otro discurso. Mucho menos en plena crisis económica y frente a la quiebra financiera de la Generalidad.

-- Segunda: “Existe una mayoría silenciosa…”

También es de las frases más repetidas en este debate, la fantasmal existencia de una mayoría del pueblo catalán que no participa en las grandes manifestaciones, que no compone puzles multitudinarios en las Diadas, pero que en realidad está en contra de la independencia de Cataluña. En fin, tampoco es cierto. El conflicto catalán, en su expresión actual, comenzó con las primeras elecciones en las que Artur Mas fue elegido presidente, el 28 de noviembre de 2010.

Desde entonces, ha sido siempre lo mismo; una escalada en la que no sólo no ha aparecido jamás la mayoría silenciosa en las convocatorias electorales que se han convocado con posterioridad, entre ellas otras elecciones catalanas anticipadas el 25 de noviembre de 2012, sino que lo que ha crecido de forma exponencial ha sido el independentismo. Ni mayoría silenciosa ni siquiera ‘élite silenciosa’. La realidad es que son contadas las excepciones de los intelectuales, empresarios, actores o cantantes que se hayan implicado contra el independentismo. Si la esperanza de algunos era la ‘mayoría silenciosa’, que se olviden.

-- Tercera: “La reforma federal de la Constitución es la salida”

Los nacionalistas catalanes jamás han pedido un Estado federal. Es más, eso es, precisamente, lo que más irrita en la Cataluña nacionalista del actual Estado de las autonomías

Esta frase forma parte del argumentario esencial del Partido Socialista, compartido por otros sectores. Sencillamente no hay entrevista con un líder socialista en la que, en algún momento, ofrezca esta fórmula mágica: el Estado federal. Y nadie podría negar que el modelo federal puede ser una solución para problemas territoriales, sólo que en nuestro caso se debe contar con la ‘pequeña’ salvedad de que los nacionalistas catalanes jamás han pedido un Estado federal. Es más, eso es, precisamente, lo que más irrita en la Cataluña nacionalista del actual Estado de las autonomías, el aire federalizante que tiene el ‘café para todos’.

El nacionalismo catalán, igual que el vasco, exige en todo caso un modelo confederal, pero esa es la unión de diversos Estados, con lo que sería tanto como asumir la independencia de Cataluña y, a continuación, pactar con el nuevo Estado una confederación. Si el PSOE sigue sosteniendo que la salida al conflicto catalán es un cambio en el modelo de Estado, que proponga un estado confederal; verá qué pronto alcanza un acuerdo con los independentistas.

-- Cuarta: “La solución pasa por el reconocimiento de la singularidad de Catalunya en la Constitución”

En otras palabras, el “encaje”, el dichoso “encaje”. Este es, por ejemplo, uno de los planteamientos que se oirán seguro en cualquier discurso de la clase empresarial catalana, que siempre quiere nadar y guardar la ropa y, sobre todo, situarse en una posición equidistante que la salve de cualquier situación comprometida. Dicen: “Hay que exigir a los responsables políticos que encuentren una salida dialogada que satisfaga el encaje de Cataluña en España”.

Evidentemente, cuando se habla de “reconocimiento de la singularidad” o de “satisfacer el encaje” se están empleando eufemismos. No es que estén preocupados por la implantación del idioma catalán ni por cualquier otra empatía social; se refieren sólo a un sistema de financiación especial para Cataluña y a un ‘pacto tácito’ para que el Gobierno de España jamás interfiera en las leyes que se aprueben en el Parlamento de Cataluña, sean o no constitucionales. Ese es el ‘encaje’, la ‘singularidad; en definitiva, lo que otros llaman ‘tercera vía’. El caso es que nadie se atreve a llamarlo por su nombre.

-- Quinta: “El derecho a decidir es antinatura. No está en ninguna Constitución”

En la reiteración permanente de lo aprobado hace 40 años tampoco se encuentra una salida. Si de lo que se trata es de evitar que siga creciendo la bola de nieve; si se trata de pinchar el globo independentista, hará falta algo más que el inmovilismo

Esta frase, en concreto, es de Rodríguez Zapatero, pero también se repite casi a diario, por parte de quienes son contrarios a la consulta, cualquier consulta, al pueblo catalán. El hecho de que la diga Zapatero, y que se destaque aquí, es sólo por el desvarío que supone que la pronuncie la misma persona que proponía aquello de la “nación de naciones” porque consideraba que “las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras”. Memorable. Pero, volviendo a la frase, ¿de verdad es antinatura? Desde luego, antinatura no es la expresión, porque las leyes no emanan de la naturaleza, no se corresponden con el orden natural de las cosas. Como creación humana, es susceptible de cambiarse y disponer lo contrario de lo que un día se aprobó. Y en el derecho comparado, existen tantas peculiaridades que una afirmación tan rotunda tampoco se sostiene.

Donde sí es tajante la cuestión es en lo referido exclusivamente a la Constitución española, que “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Por tanto, en esa literalidad, no hay debate, es verdad. Pero tampoco es una verdad absoluta ni un principio inamovible. Y, desde luego, en la reiteración permanente de lo aprobado hace 40 años tampoco se encuentra una salida. Si de lo que se trata es de evitar que siga creciendo la bola de nieve; si se trata de pinchar el globo independentista, hará falta algo más que el inmovilismo. Entre otras cosas, porque como ha dejado dicho el Constitucional en alguna ocasión, la propia lectura e interpretación de la Constitución debe hacerse “a la luz de los problemas contemporáneos y de las exigencias de la sociedad actual a que debe dar respuesta a riesgo, en caso contrario, de convertirse en letra muerta”.

Matacán
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