El ‘gruyère’ de Esperanza Aguirre

Ya lo ha repetido otra vez. Ahí está otra vez la presidenta del Partido Popular de Madrid “abochornada por la corrupción”, como quien se asoma a

Foto: La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, durante la rueda de prensa. (EFE)
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, durante la rueda de prensa. (EFE)

Ya lo ha repetido otra vez. Ahí está otra vez la presidenta del Partido Popular de Madridabochornada por la corrupción”, como quien se asoma a la ventana y se asombra del chaparrón que está cayendo fuera. Otro caso de corrupción en sus narices y ahora, que Esperanza Aguirre se indigne públicamente, como una ciudadana más, y haga bandera de la desesperación y el asco de la gente “que no está dispuesta a aceptar” la podredumbre que nos rodea, que ha infectado a toda la clase política española. Que convierta otra vez en lecciones de ética urbi et orbi la lacerante contradicción de que sea ella, Esperanza Aguirre, la presidenta del partido, el PP madrileño, con más casos de corrupción en los juzgados.

Después de la Gürtel, la Operación Púnica ha convertido el PP de Madrid en un gruyère como no ha habido otro en la política española. En una sola provincia, alrededor de unas mismas siglas, se han generado dos de los mayores escándalos de corrupción conocidos.

Por eso es tan llamativo repasar ahora la moralina anticorrupción que suele desplegar Esperanza Aguirre, pero no por ella misma, no por su trayectoria política, por su gestión política, que para algunos será impecable y para otros detestable; no es eso, el ejemplo de la presidenta del PP de Madrid es conveniente hoy porque con lo que no puede seguir conviviendo ni un segundo más la ciudadanía es con la hipocresía habitual de las direcciones de los partidos políticos cada vez que se destapa –nunca por una investigación interna, habremos de repetirlo una vez más– un caso de corrupción.

Con lo que no puede seguir conviviendo ni un segundo más la ciudadanía es con la hipocresía de las direcciones de los partidos políticos cada vez que se destapa –nunca por una investigación interna– un caso de corrupción

¿Quién puede creerse hoy que la presidenta del PP de Madrid no sabía nada de la red de corrupción que se ha tramado al su alrededor, incluso en su entorno más cercano? Ella, que siempre ha aconsejado a los demás que extremen la precaución al elegir a los cargos públicos (“hay que designar a los mejores candidatos que representen los principios, los valores y las propuestas de nuestro partido”), que intente justificar ahora cómo ha sido posible que tantos alcaldes designados bajo su mandato en el PP madrileño se hayan visto involucrados en el mismo entramado repetido de comisiones ilegales en las adjudicaciones de obras, contratos o servicios públicos.

Que nos explique cómo es posible que nunca sospechara nada de su ‘número dos’ en el partido y en la institución, Francisco Granados, sobre todo en una operación como esta, que lleva su nombre en latín, como epicentro de la trama, Punica Granatum.

Han saltado las alarmas en Suiza por el dinero que se estaba blanqueando (ese es el origen de esta investigación), pero aquí, despacho con despacho, nunca se supo nada. Y ayer mismo, sin embargo, Esperanza Aguirre volvió a repetirlo: “Si hubiera tenido la más mínima sospecha, habría actuado”.

Ni siquiera es suficiente a estas alturas pedir perdón a la sociedad, otra de las banderas que enarbola Esperanza Aguirre con el mismo tono de estar pasando por allí. “Hay que pedir perdón por no haber vigilado todo lo necesario para atajar esos casos”, como ha dicho en repetidas ocasiones y como, otra vez, volvió a decir ayer: “Quiero pedir perdón a los militantes honrados y sacrificados por haberles propuesto como secretario general a este señor”. Pues no. El perdón no valdrá de nada si previamente no existe un reconocimiento sincero, explícito y severo de aquello que nunca se admite, que la corrupción política en España forma parte del funcionamiento diario de esas organizaciones.

La corrupción política, como se está viendo, como se ha repetido en tantas ocasiones, es un fenómeno transversal en los partidos políticos. Se empiezan pagando campañas electorales y sedes y se acaba con maletines en Suiza. La corrupción política en España no se explica por “tres o cuatro chorizos”, como decían en el PSOE andaluz frente a los suyos. La corrupción política los atraviesa y los convierte a todos ellos en actores de un mismo proceder. Que en una sola operación anticorrupción se detenga a alcaldes de varios partidos, fundamentalmente del Partido Popular y del PSOE, ofrece una imagen certera del carácter transversal de la corrupción del que hablamos.

Han saltado las alarmas en Suiza por el dinero que se estaba blanqueando, pero aquí, despacho con despacho, nunca se supo nada. Y ayer mismo, sin embargo, Esperanza Aguirre volvió a repetirlo: 'Si hubiera tenido la más mínima sospecha, habría actuado'

En sus prédicas contra la corrupción, la presidenta del gruyère recordaba que el Partido Popular llegó en 1996 “con un estandarte de lucha contra la corrupción por lo que estaba pasando en el PSOE”, y que, precisamente, una de las “señas de identidad” del partido era esta “lucha contra la corrupción”.

Fue así y ya puede verse en lo que se han convertido, en lo que han convertido, la imagen pública del Partido Popular y del PSOE en todos estos años. Desde el inicio de la Transición hasta la actualidad, los dos principales partidos que se han alternado en el poder ya sólo pueden escupirse las culpas, pero nada más. Caen los casos de corrupción en España como los gordos de Navidad, “fundamentalmente en Madrid, pero con participaciones importantes en Valencia, León y Murcia”. La propaganda antisistema más efectiva que existe, la más corrosiva, es esta de la corrupción política, gubernamental, institucional; que no fijen sus miradas en otros focos.

¿Harta de la corrupción? ¿Que dice Esperanza Aguirre que está “harta” de la corrupción? No se acabará nunca con la corrupción política en España si no se acaba antes con el cinismo político ante los casos de corrupción. El impostado disimulo con el que se responde, la falta de sinceridad frente a los hechos denunciados, la falsa impresión de malestar, la decepción hacia las tramas corruptas…

Hasta las expulsiones sumarísimas con las que se pretende aparentar eso que tanto repiten, la “tolerancia cero” ante unos caos de corrupción con los que conviven durante años sin percatarse jamás de nada. Desde el gruyère del PP de Madrid, expandida hasta Valencia con la Gürtel, hasta la podredumbre sistémica que corroe la gestión del PSOE de Andalucía, pasando por la trama de los Pujol, esto no da más de sí. Por eso, ahora, que se ahorren los lamentos y las prédicas. Que comiencen por lo más elemental. Tan sólo sinceridad. 

Matacán
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