Podemos, Semana Santa y estupidez

Nada más comenzar el día, con las primeras lenguas inflamadas, fue el propio autor del incendio quien se apresuró a intentar apagar las llamas, temeroso de

Foto: Un nazareno de la Hermandad del Baratillo pasa junto a la plaza de toros de la Real Maestranza. (EFE)
Un nazareno de la Hermandad del Baratillo pasa junto a la plaza de toros de la Real Maestranza. (EFE)

Nada más comenzar el día, con las primeras lenguas inflamadas, fue el propio autor del incendio quien se apresuró a intentar apagar las llamas, temeroso de que aquello se pudiera propagar. Pero ya era tarde, claro; la chispa fortuita ya no le pertenecía, y un fuego pavoroso estaba a punto de arrasar todas las redes sociales. “Podemos quiere quitar la Semana Santa de Sevilla”. ¿Cómo dices? Lo que has oído… Tan exponencial fue la propagación que incomodaba hasta la aclaración del autor de aquella entrevista a la nueva dirigente de Podemos en Sevilla, Begoña Gutiérrez.

En un tuit, el periodista, Juan Miguel Vega, aclaró que la pregunta de la Semana Santa se la realizó ya al final de la entrevista, en tono de broma, y que la dirigente de Podemos contestó igualmente con risas. Es decir, entre risas, debemos calcular el siguiente diálogo: “¿Es verdad eso de que si Podemos gobierna prohibirá la Semana Santa? En Podemos todo lo decidimos los ciudadanos y los ciudadanas. Si se llegara a plantear esa cuestión, serían ellos quienes lo decidirían”.

Incómodo con la manipulación, Juan Miguel Vega volvió a insistir luego en un artículo: “Esta señora ni habló de prohibir la Semana Santa ni dijo una mala palabra sobre las cofradías”. La misma Begoña Gutiérrez ya había intentado aclararlo también: “La Semana Santa es patrimonio cultural de Sevilla y Podemos Sevilla no se cuestiona su celebración porque también somos Sevilla”, pero nada. Como al principio, las redes sociales, y detrás de ellas los medios de comunicación, continuaban inflando el globo. Guiados por las directrices más rancias del periodismo amarillo, se trataba de que la realidad no pudiera estropear un buen incendio en las redes sociales. Y todo continuó tal cual.

La cosa, en fin, no pasaría de un nuevo episodio de excesos, tal y como los que vivimos casi a diario por la nueva dimensión de la comunicación global a través de las redes sociales, si no fuera porque el incidente es muy revelador de la clase política, del fenómeno Podemos y de la propia Sevilla.

El ridículo de la clase política es sobresaliente. El tono impostado, escandalizado, de tenores huecos, como decía Machado, con el que reaccionaron al unísono desde el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, del PP, hasta la presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, es impactante. “La Semana Santa de Sevilla es una celebración popular de cinco siglos de historia y no decide sobre ella ningún político”, dijo el primero. Y la segunda, repuso: “Un gran logro de nuestra democracia es el respeto y otro es el sentido común. En la Semana Santa y en todo”.

¿Alguien, de verdad, puede pensar que es, ni siquiera proporcional, la reacción política de acuerdo a los verdaderos problemas de esta ciudad? El mismo día que estalló la polémica de la Semana Santa, en la misma ciudad de Sevilla, los periodos de espera en las salas de Urgencia de algunos hospitales llegaron hasta las 30 horas, según los sindicatos, y se conoció la denuncia de los familiares de un hombre de 72 años que falleció unos días antes en el hospital Virgen Macarena tras permanecer doce horas y media sentado en una silla de ruedas, esperando a ser atendido. “La falta de personal y de espacio ha provocado el colapso, una vez más”, dicen los sindicatos médicos sobre los recortes de la Junta de Andalucía. Pero en este caso, ni la noticia ha despertado tanto interés ni el debate político ha pasado del habitual intercambio de reproches con los que el Gobierno socialista andaluz se limita a contestar al Partido Popular por los recortes de Rajoy.

De todas formas, sería injusto no precisar que la reacción política, en este sainete, ha ido pareja a la reacción que se produjo en buena parte de la sociedad, especialmente la sevillana. La Semana Santa de Sevilla, a ver, es un acontecimiento tan arraigado, grandioso y espectacular que el único peligro que tiene, su principal enemigo, está dentro, en aquellos que quieren convertir la ciudad en una especie de parque temático de las cofradías en el que cada semana del año se pueda presenciar un cortejo de trompetas, incienso y pelos engominados.

No es de extrañar, por tanto, que muchos se sumaran al mismo coro de tenores huecos ante lo que, a las pocas horas de circular la noticia, ya se había convertido en “la propuesta de Podemos para prohibir la Semana Santa de Sevilla”. El presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Carlos Bourrellier, solemnizó como nadie la fruslería y la hizo discurso. “Si esta es la primera cuestión, no sé si habría que empezar entonces a preguntar a los sevillanos después si tendría que haber Feria, cabalgata de Reyes Magos o si la Seguridad Social habría de existir. Si en Sevilla, que es la madre de María Santísima, van a preguntar algo tan importante como esto, todos sabremos dónde estamos. Me parece una barbaridad solamente el pensarlo”.

¿Que Podemos quiere quitarnos la Semana Santa?

Vídeo: ¿Que Podemos quiere quitarnos la Semana Santa?

 

Al poco tiempo, ya circulaban por las mismas redes sociales los chistes y las payasadas junto a los carteles trágicos de la II República. “Hace dos años que no salen las Cofradías. Piensa en tu cofradía, sevillano, antes de votar”. Sólo trasladar, como comparación, el terror, el odio y la irracionalidad de aquellos días a la España actual debería producir escalofríos, pero ya ven que no. Suma y sigue.

En fin, que todo esto, como se apuntaba también antes, tiene mucho que ver con el fenómeno Podemos, en cómo ha modificado el panorama político español con la sola expectativa de buenos resultados en las próximas elecciones. Tal es el estado de alarma que se ha desatado, que muchos siguen pensando que lo mejor para combatirlo es exagerarlo todo, como si fuera el mismo diablo encarnado.

Con lo cual, lo único que consiguen es reafirmar a quienes apoyan a Podemos en su crítica a una casta que teme perder sus privilegios. Y a Podemos le facilita la tarea para que sigan pasando las semanas y los meses sin necesidad de descender al terreno de las propuestas, más allá del discurso repetido ya hasta la saciedad del empoderamiento de los ciudadanos. Que es, por cierto, lo único que se le puede reprochar en su polémica entrevista a la líder de Podemos de Sevilla, que no dice absolutamente nada.

Begoña Gutiérrez (Sevilla, 1975) es funcionaria de Justicia y sus conocimientos políticos parece que se limitan a haber sido ungida por el dedo de Pablo Iglesias. Más allá, nada. Por eso, cuando le preguntan qué garantía ofrece Podemos de que va a solucionar los graves problemas de vivienda o de empleo, de sanidad o de educación, ella responde tan pancha: “En principio, nuestra estrategia política: un ciudadano, un voto”. ¿Está claro? Pues eso. Podemos, la Semana Santa y mucha estupidez.

Matacán