El parto de Susana y el funambulismo de Rivera

La primera novedad de la ‘nueva política’ es que se construye exactamente igual que la anterior. Ni Podemos ni Ciudadanos han logrado cambiar la inercia de los pactos

Foto: Susana Díaz con el líder de Ciudadanos, Juan Marín (Efe).
Susana Díaz con el líder de Ciudadanos, Juan Marín (Efe).

La primera novedad de la ‘nueva política’ es que se construye exactamente igual que la anterior. Tanta matraca con la ‘segunda Transición’ y lo primero que han demostrado los pactos de gobierno que se han cerrado tras las elecciones municipales y autonómicas, incluidas las andaluzas, es que el tacticismo político, el interés electoral de cada formación política, se sigue imponiendo a los acuerdos sobre programas de gobierno.

Ni Podemos ni Ciudadanos han logrado cambiar la inercia de los pactos cuando han llegado a las instituciones en esta primera oleada de elecciones en España que han desdibujado el bipartidismo preexistente y han fijado este nuevo panorama político de cuatro fuerzas. La misma futilidad con la que antes se firmaban acuerdos que no decían nada, que sólo adornaban una ambición de poder, ha servido ahora para justificar los pactos realizados.

Tampoco ha cambiado la inercia ideológica preexistente para configurar las mayorías. Como ha ocurrido desde las primeras elecciones municipales y autonómicas en España, en todas las instituciones en las que la suma de fuerzas de izquierda podía arrebatarle el gobierno al Partido Popular, como fuerza más votada, se ha firmado un pacto. También, como ha ocurrido siempre, cuando no son suficientes los votos de las fuerzas de izquierda, a esos acuerdos se suman partidos nacionalistas o localistas.

Tripartitos y cuatripartitos por toda la geografía de esta ‘segunda Transición’ en la que, como se observará, ya no existen diferencias de casta ni más vetos que los tradicionales, los que separan a la izquierda de la derecha. Bastaba con atender, desde que se cerraron las urnas, a cómo los dirigentes de Podemos, del PSOE o de Izquierda Unida repetían el mismo argumentario gastado de otras ocasiones (“no es un intercambio de cromos”, “no cambiamos sillones por favores”..,) para entender que nada iba a cambiar. Y así ha sido.

Ya no existen diferencias de casta ni más vetos que los tradicionales, los que separan a la izquierda de la derecha

Tampoco Ciudadanos, a pesar de no estar incluido en esa inercia de pactos de izquierda frente al Partido Popular, aporta ninguna novedad en este tiempo político, a no ser que se valore la existencia, por primera vez, de una fuerza política en España que puede hacer de bisagra hacia la derecha y hacia la izquierda. El problema esencial es que, como todo se quiere disfrazar de grandes pactos de Estado, Ciudadanos ha acabado contradiciéndose a sí mismo, o directamente haciendo el ridículo. Lo ocurrido en Andalucía, por ejemplo.

Habría sido mejor que Ciudadanos hubiera explicado, abierta y sinceramente, que iba a apoyar a las listas más votadas, sin reparar en nada más, para facilitar la gobernabilidad. Sobre todo ante situaciones de estancamiento, como la que se ha prolongado durante más de 80 días en Andalucía. Mejor eso que decir ahora que el pacto suscrito con el PSOE andaluz es de una gran importancia política; “Ciudadanos ha conseguido en unas semanas más que el Partido Popular en 30 años de oposición en Andalucía”, como ha dicho Albert Rivera. O más todavía: “La regeneración política ya no es un discurso, es una realidad que ha conseguido Ciudadanos”.

Pero ¿qué ha conseguido? En el acuerdo andaluz, por ejemplo, se incluyen generalidades tales como la “limitación de mandato de los presidentes de Comunidades Autónomas”, el compromiso de “asumir la necesidad de una nueva Ley Electoral”, o la “eliminación de los aforamientos autonómicos”. ¿Puede alguien considerar que “asumir una necesidad” es un compromiso firme para cambiar algo? Con la limitación de mandatos y el aforamiento ocurre igual. El pacto, sutilmente, no habla de la “limitación a ocho años del mandato del presidente de la Junta de Andalucía”, como parecería lógico en un acuerdo estrictamente andaluz, sino que se extiende a todos los presidentes de comunidades autónomas, y a todos los aforados de las autonomías, como si desde la comunidad andaluza se pudiera legislar para todo el Estado.

Lo de Albert Rivera no ha pasado de ser un ejercicio de funambulismo político, pomposamente envuelto, con el objetivo de evitar que C's aparezca como bisagra

Lo de Albert Rivera, en fin, no ha pasado de ser un ejercicio de funambulismo político, pomposamente envuelto, con el único objetivo de evitar que Ciudadanos aparezca como bisagra de una sola fuerza política, para situarse en el centro político en el que, legítimamente, aspira a seguir creciendo en las elecciones generales. Uniendo tres puntos distintos, Madrid, Valencia y Andalucía, Ciudadanos consigue dibujar ante su electorado el mensaje principal de estos acuerdos, un partido que colabora con la gobernabilidad, sin atender a partidismo de izquierdas o derechas, y que sólo rechaza a los independentistas. ¿Tanto costaba decirlo así?

La primera beneficiada del tacticismo múltiple de Ciudadanos fue Susana Díaz; quizá la primera que supo adivinar que el funambulismo de Albert Rivera la iba a aupar hasta la Junta de Andalucía sin más esfuerzo de negociación. Por eso el pasado viernes, de forma inesperada, decidió convocar otra ronda de contactos, a pesar de que unos días antes se había decidido aplazar toda reunión hasta que se hubieran constituido los ayuntamientos.

También Susana Díaz estaba interesada en apartar de su lado a Podemos, para centrar la imagen del PSOE y desmarcarse de Pedro Sánchez, y se ha abrazado al pacto con Ciudadanos con todas sus fuerzas. Cuando el lunes se conecte al ordenador de su despacho, podrá comprobar con los suyos como en la ‘nueva política’, en esta ‘segunda Transición’, una experimentada “apparátchik” como ella sigue jugando con las mismas cartas. El parto político de este fin de semana no puede ser más prolífico para ella como líder de los socialistas andaluces. De la mano de todos, el PSOE vuelve al absolutismo andaluz.

Matacán