Cinco preguntas que tendrán respuesta mañana
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Javier Caraballo

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Cinco preguntas que tendrán respuesta mañana

Con respecto a Pedro Sánchez, mantener al PSOE como segunda fuerza política será aval suficiente para que decida plantar batalla a quienes le mueven el sillón dentro del partido, esencialmente Díaz

placeholder Foto: Carteles electorales de los distintos candidatos en las Elecciones Generales en una calle de Bizkaia. (EFE)
Carteles electorales de los distintos candidatos en las Elecciones Generales en una calle de Bizkaia. (EFE)

¿Se romperá el PP por la salida de Aznar?

Se puede romper, sí. Al menos, se trata de una hipótesis que se contempla en la actualidad entre los dirigentes del Partido Popular. La pérdida del Gobierno de la nación provocaría sin ninguna duda una enorme convulsión interna y el intento de tomar el poder por parte del sector más a la derecha del partido, en torno al expresidente José María Aznar. Ya, de hecho, esta ha sido la primera campaña electoral en la que el expresidente popular no ha participado ni en un solo acto de apoyo a su partido, un gesto absolutamente extraordinario que dice mucho del extremo al que se llevan las hostilidades internas en la derecha (algo así, por ejemplo, es totalmente inconcebible en el PSOE) y de la ruptura total de relaciones entre Mariano Rajoy y José María Aznar.

Con displicencia y un evidente tono de desprecio a la figura histórica de Aznar en el Partido Popular, Jorge Moragas adujo que no había sido posible “encajar su participación concreta en ningún acto y tampoco me parece ningún drama”, pero en el trasfondo lo que latía era la respuesta de Rajoy a aquel comunicado de José María Aznar tras las elecciones catalanas en el que alertaba del abismo al que se acercaban los populares. “El electorado del PP ha dado un aviso en las elecciones europeas, muy serio; otro en las municipales; otro en las autonómicas; otro en las andaluzas, y le acaba de dar otro aviso en las elecciones catalanas. Son cinco veces consecutivas en pocos meses en los que el electorado te está diciendo que no está contento con cómo están las cosas. Ya va el quinto aviso y no se puede desoír”, dijo Aznar. A la sexta, que son estas elecciones generales va la vencida. Sin el Gobierno, el ala más a la derecha del PP intentará asaltar el poder y, si no lo consigue, el Partido Popular acabará rompiéndose.

¿Pedro Sánchez seguirá al frente del PSOE?

Habla un dirigente socialista próximo a Pedro Sánchez: “Si el PSOEen estas elecciones queda como tercera fuerza política, Pedro Sánchez tiene que dimitir esta misma noche. Pero si se mantiene segundo y existe la posibilidad matemática de poder formar gobierno en coalición, aunque luego no se materialice, Pedro Sánchez seguirá como secretario general”. La continuidad o no de Pedro Sánchez como líder del PSOE no va a depender, como sí ocurrió con su predecesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, del número de escaños que consiga el PSOE en estas elecciones, aunque, como parece, sea el más bajo de la historia democrática para los socialistas.

Mantener al PSOE como segunda fuerza política, pese a la fuerte irrupción de Podemos y de Ciudadanos, será aval suficiente para que Pedro Sánchez decida plantar batalla a quienes le mueven el sillón dentro del partido, esencialmente la presidenta andaluza, Susana Díaz. Si eso sucede, y el PSOE puede ‘salvar’ la cara, lo primero que hará Pedro Sánchez será anticiparse a sus rivales y convocar el Congreso Federal Ordinario que los socialistas deben celebrar en la primavera de 2016. De forma paralela, anunciará su intención de presentarse a la reelección como secretario general por el sistema de primarias, ya establecido. Lo normal en esas circunstancias sería que, de nuevo, Susana Díaz se vea obligada a renunciar a presentarse a unasprimarias que no controla porque las maneja la Ejecutiva Federal socialista.

¿Puede resucitar el bipartidismo?

Lo normal en un sistema democrático como el español, con la Ley Electoral claramente diseñada para favorecer la creación de mayorías que puedan garantizar gobiernos estables, es que el bipartidismo sea la regla predominante en todas las legislaturas parlamentarias. Lo excepcional es lo que va a ocurrir en estas elecciones, la irrupción de cuatro fuerzas políticas que pueden estar por encima del 15%, configurando un panorama de cuatro partidos igualados. Pero no es previsible que, más allá del 20-D, esa división de cuatro partidos, en la izquierda y en la derecha, se vaya a consolidar.

Necesariamente, el desgaste de alguno de ellos, bien sea por la crisis interna que se desate tras las elecciones o por el deterioro provocado por las decisiones que adopten durante la legislatura, irá favoreciendo a alguno de ellos, a izquierda y derecha, hasta configurar nuevamente un sistema bipartidista. Lo de menos, en ese caso, es que el nuevo bipartidismo se establezca en torno al PP y al PSOE, como hasta ahora, o que alguno de esos dos partidos políticos sea sustituido en su ámbito electoral por Podemos o por Ciudadanos, como fuerzas hegemónicas de la izquierda o de la derecha.

¿Desaparecerá Izquierda Unida?

Cuando irrumpió Podemos en el escenario electoral español, lo que todo el mundo tenía claro es que Izquierda Unida desaparecería. Por eso, lo que todos entendían, incluso dentro de esas dos formaciones, es que Podemos e Izquierda Unida estaban abocadas al entendimiento y a la fusión. No ha sido así, cada una ha acudido a estas elecciones por separado y, sin embargo, la gran sorpresa de la campaña para todas las encuestas ha sido la resistencia de Izquierda Unida. Con todo en contra, para los politólogos es admirable la forma en la que Izquierda Unida se mantiene en torno al 5%, que es su gran meta en estas elecciones para poder formar un grupo parlamentario propio en el Congreso. Sobre todo en comparación con lo ocurrido con Unión Progreso y Democracia, que sí ha cumplido el pronóstico y se ha hundido hasta la irrelevancia, absorbida por Ciudadanos.

En las elecciones de noviembre de 2011, Izquierda Unida consiguió 1.680.000 votos, casi un 7% del electorado. UPyD, por su parte, logró 1.420.000 votos, pero no alcanzó el 5%. ¿Por qué parecen haberse esfumado todos los votantes de UPyD y no ha ocurrido lo mismo con Izquierda Unida? La única explicación es el acierto en la elección del candidato, Alberto Garzón, uno de los más valorados en las encuestas, y, sobre todo, la sólida estructura territorial del Partido Comunista. Esas dos circunstancias, unidas ala visible moderación de Podemos, que ha girado hacia la socialdemocracia, han mantenido a flote a Izquierda Unida. No desaparecerá, por tanto, pero, tras las elecciones, la demanda será la misma, de nuevo: fusión con Podemos.

¿Influyela independencia de Cataluña?

La actualidad es ciclotímica y, tras la monopolización del debate político en España en los últimos meses, la amenaza deindependencia de Cataluñaha pasado a un segundo o tercer plano en la actualidad. Ni siquiera en la campaña electoral la solución al conflicto catalán ha ocupado un primer plano en España, y ha desaparecido por completo de los medios de comunicación internacionales. El caos y el desgobierno en el que se ha estancando el Parlament de Cataluña, incapaz de nombrar gobierno, ha aplazado todos los problemas, de forma tácita, hasta comprobar qué ocurre en las elecciones generales.

La situación de Democracia y Libertad, la nueva marca política de Artur Mas tras la ruptura de Convergencia con Unió, unida a la posibilidad de que Ciudadanos se convierta en la fuerza más votada en Cataluña en estas elecciones, ha provocado un aire de ‘segunda vuelta’ que puede ser decisivo para resolver el enigma catalán de la actualidad. Parece claro que la extraordinaria movilización del independentismo de los últimos tiempos se va agotando, disminuyendo, y ese es el temor principal de los partidos soberanistas en estas elecciones, que el resultado de las elecciones generales en Cataluña certifique su declive. Todo ello, unido a la contundencia e inmediatez con la que se ha pronunciado el Tribunal Constitucional al anular la declaración de independencia aprobada por el Parlament, confieren a las elecciones generales del 20-D un extraordinario valor para frenar el proceso y reconducirlo por la vía de la negociación.

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