Barcelona, qué solos se quedan los muertos

Lo que nadie esperaba es que las paletadas de olvido sobre las víctimas de las Ramblas iban a taparlo todo tan pronto

Foto: Vista de una camisa del uniforme de los Mossos d'Esquadra con una dedicatoria a las víctimas del atentado. (EFE)
Vista de una camisa del uniforme de los Mossos d'Esquadra con una dedicatoria a las víctimas del atentado. (EFE)

Qué solos se quedan los muertos en España. ¿Cuánto ha pasado del atentado? ¿10 días, 12? ¿Desde cuándo no importan las víctimas del atentado de las Ramblas? Acaso los muertos ya llegaron olvidados a la manifestación que se convocó en su nombre, su entierro público, y eso es como morir dos veces, una sensación extraña, de hastío y de pena, que ya la cantaba el poeta: “No sé; pero hay algo / que explicar no puedo, / algo que repugna / aunque es fuerza hacerlo, / el dejar tan tristes, / tan solos los muertos”.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ya dijo que el atentado de Barcelona no iba a cambiar la hoja de ruta de la independencia, pero lo que nadie esperaba es que las paletadas de olvido sobre las víctimas de las Ramblas iban a taparlo todo tan pronto y, sobre todo, que subrepticiamente se fuese a utilizar el atentado como la plataforma definitiva para lanzar sobre la mesa el órdago independentista.

Lo que ocultaban aquellas declaraciones, que entonces parecían grotescas, de Carod-Rovira era esto, la aceleración del 'procés'. Sobre la tragedia del atentado, el antiguo líder de Esquerra dijo aquello de que, “por primera vez, en 37 años, el Estado no ha existido” y acaso pensábamos que se trataba solo de una provocación más, una chulería, un despropósito cargado de miseria moral. Cuando todavía hay víctimas del atentado, debatiéndose entre la vida y la muerte, ¿cómo puede nadie pensar en estrategias políticas? Pero era así, un cálculo preciso de cómo el atentado de Barcelona podía servir para espolear la ‘hoja de ruta’ de la independencia. No solo no la iba a frenar ni a interrumpir, como sostenía Puigdemont, sino que serviría para reactivarla.

El atentado de Barcelona se ha convertido, 'de facto', en el preámbulo de las leyes de desconexión, por eso ayer se presentó todo el paquete de golpe. Como si la gestión del atentado por parte de los Mossos d’Esquadra se hubiera convertido en el primer paso, 'de facto', de la independencia. Por eso dijo Carod lo que dijo, para grabarlo en la mente de los suyos: la independencia ya ha comenzado.

Cada paso de la historia de Cataluña se manipula para hacerlo pasar como un acto de sublevación a favor de la nación catalana que nunca existió

Tantas son las tergiversaciones de la historiografía catalana que, al final, este solo sería un episodio más. Desde el 11-S de la mítica Diada hasta ahora, cada paso de la historia de Cataluña se ha manipulado y manoseado para hacerlo pasar como un acto de sublevación a favor de la nación catalana que nunca existió. Ya lo advertía Josep Pla en los albores de la democracia, que se estaba fabricando una historia de Cataluña que nunca había existido, y lo que ha ocurrido desde entonces, en estas casi cuatro décadas de autogobierno, es que se ha impuesto la oficialidad de una memoria inventada y se han aniquilado, silenciado, marginado o ignorado las voces de intelectuales que no se ajusten a la doctrina.

“Hay historiadores catalanes —o se llaman así, hay de todo— que tienen un proyecto de país y buscan que la historia les dé la razón. Y fabrican más memoria que historia”, dijo en una entrevista hace un par de años el rector de la Universidad de Lleida, Roberto Fernández Díaz, cuando se condenó él mismo a la irrelevancia catalanista por desmontar algunos de los mitos del nacionalismo.

La tragedia de las Ramblas como demostración de autosuficiencia de un país que ya funciona como Estado independiente y tiene sus propios héroes

En la cadena de fabricación de la memoria inventada, de la que hablaba el rector, el atentado de Barcelona se ha comenzado a manosear, casi desde el mismo día, para intentar convertirlo en el último eslabón: la tragedia de las Ramblas como demostración de autosuficiencia de un país que ya funciona como Estado independiente y tiene sus propios héroes. Ya lo decía Rufián cuando se oponía a la presencia del rey Felipe VI en la manifestación, y ahora debemos entenderlo con la perspectiva de la manipulación de lo sucedido: "La manifestación del 26-A la deben liderar héroes por su cometido y no reyes por su apellido”.

Los elogios al trabajo de los Mossos d'Esquadra, las alabanzas constantes al jefe de esa policía, Josep Lluís Trapero, no eran al trabajo policial, sino a la simbología que, de repente, se estaba creando, para hacerles ver a los catalanes que el proceso ya se había puesto en marcha, que la República catalana ya tenía su propias fuerzas y cuerpos de seguridad, su propio ejército, sin necesidad de que ningún otro le prestase ayuda o colaboración.

Se olvidaron de los muertos porque la urgencia estaba en aprovechar el momento para agitar los planes rupturistas de un puñado de políticos

Llegará un día, acaso, en el que todo esto lo recordaremos como un tiempo de delirios incontrolables y también de silencios y de complicidades. Llegará un día en el que España dejará de ser un país con una constante inclinación hacia la autodestrucción, en el que el interés de todos sea mirar al futuro, trabajar juntos, y recuperar el pasado solo para superarlo y nunca jamás repetirlo. Llegará ese día y, aunque no lo veamos, alguien rescatará como una muestra más de infamia el atentado de Barcelona y lo pronto que se olvidaron de los muertos porque la urgencia estaba en aprovechar el momento para agitar los planes rupturistas de un puñado de políticos. Y entonces solo podrá repetir otra vez aquellos versos para consolar su incredulidad ante lo que había sucedido. “No sé; pero hay algo / que explicar no puedo, / algo que repugna”. Ay, Barcelona, qué solos se quedan los muertos.

Matacán

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