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Carta a la alcaldesa que mejor miente

Tu caso me maravilló. La noticia de prensa decía: 'La alcaldesa de Marchena prometió en la campaña dejar de cobrar un sueldo de 50.000 euros y se lo bajó a 49.530,24'. ¿No es genial?

Foto: María del Mar Romero, alcaldesa de Marchena. (PSOE Marchena)
María del Mar Romero, alcaldesa de Marchena. (PSOE Marchena)

Querida alcaldesa, lo único que temo de esta carta es que me escupas. Por eso, antes que nada, quiero que entiendas que, en el fondo, estoy movido por el espíritu de estos días, que es el de los deseos, sueños, anhelos y sorpresas. El único problema de las cartas que se escriben a los Reyes Magos es que no se suelen incluir los regalos inmateriales, como por ejemplo el deseo de que la clase política española deje de engañarnos.

Y como he descubierto a lo largo de 2017 que tu eres un ejemplo, por eso te envío esta carta, alcaldesa, pero no te lo tomes a mal. Tu caso me maravilló. La noticia de prensa decía así: 'La alcaldesa de Marchena prometió en la campaña electoral dejar de cobrar un sueldo de 50.000 euros y se lo bajó a 49.530,24'. ¿No es genial? No existe en la historia un incumplimiento de promesa electoral más perfecto que ese porque lo que nadie podrá achacarte, alcaldesa, es que has mentido a tus electores. ¿No habías prometido bajarte el sueldo? Pues ahí está la demostración palpable: es menos dinero. Por eso digo que has alcanzado la perfección en algo que nos afecta mucho a los ciudadanos, resignados a tener que cargar con la eterna condena de Tierno Galván de que “las promesas electorales están hechas para incumplirlas”. Alcaldesa, tú lo has superado hasta alcanzar la excelencia en el arte de la trola electoral.

Me he referido antes, alcaldesa, al cinismo y el engaño como características de la clase política española y después de escribirlo he pensado que tampoco es justo decirlo así: es posible que en todos los países del mundo, y a lo largo de toda la historia, haya existido siempre el mismo descrédito de los gobernantes entre la población. Digamos, si acaso, que se trata de unos de los vicios más antiguos, inherentes al poder.

Una vez leí la anécdota de un político norteamericano de principios del siglo pasado; te gustará, alcaldesa. Se llamaba Huey Pierce Long, Jr., era del partido demócrata, que es el que más se podría emparentar ideológicamente con el Partido Socialista en el que tú militas. Por lo que cuentan sus biógrafos, Huey era un político dicharachero, que conectaba bien con el público, se los metía en el bolsillo con facilidad. Algunos lo definen como populista pero a mí me parece que queda mejor definido por su apodo, ‘el pez rey’: nadaba entre las masas como pez en el agua.

Has alcanzado la perfección en algo que nos afecta a los ciudadanos, resignados a cargar con la condena de “las promesas están para incumplirlas”

En una ocasión, emocionó hasta las lágrimas a quienes le escuchaban en un mitin en Luisiana, un público fervoroso, muy religioso por encima de cualquier otra cosa. Como tampoco se trataba de meter la pata y había que guardar el equilibrio entre religiones, Huey Pierce Long, Jr. se subió al atril y dijo: “Cuando todavía era un niño, me levantaba todos los domingos a las seis de la mañana, cogía mi caballo, lo enganchaba al carromato y me iba a buscar a mis abuelos católicos para llevarlos a misa. Luego, me subía de nuevo en el carromato, arreaba mi caballo, y me iba a toda prisa a recoger a mis abuelos baptistas para llevarlos también a la Iglesia”. Cuando acabó el mitin, camino ya del próximo, uno de sus compañeros de partido le confesó emocionado su sorpresa: “De verdad que no sabía que tus abuelos eran tan religiosos…” Huey lo miró con cara de extrañeza y le replicó: “No seas bobo, por favor: ¡Ni siquiera teníamos un caballo!”.

La diferencia entre el político de Luisiana y tú, que eres de Marchena -una de las ciudades más bonitas de Sevilla, con su belleza rural y aristocrática- es que él tenía asumida su condición de trilero. Tú, sin embargo, no asumes el engaño como parte del juego político sino que, encima, te ofendes cuando te lo reprochan. Por eso comencé este carta diciéndote que lo único que temía es que pudieras escupirme. Porque se ve que eres una mujer de carácter, que no se amilana con cualquier cosa; más bien al contrario, te vienes arriba con facilidad y te lanzas hacia los problemas con ímpetu, una 'braveheart' de la política; hasta te imagino cabalgando por las calles de adoquines de Marchena con la cara pintada como William Wallace, solo que en verde y blanco.

Ponías los plenos por la mañana para que los concejales de la oposición, que trabajaban y no estaban liberados, no pudieran asistir

Me estoy acordando, por ejemplo, de la polémica que tuviste con el secretario del Ayuntamiento después de que pusiera en duda la legalidad de uno de tus nombramientos. ¿Qué es eso de que un simple secretario municipal cuestione las decisiones de la alcaldesa? No sé cómo habrá terminado la cosa pero me impactó saber que una mañana, cuando el secretario se ausentó del despacho porque tenía que someterse a unas pruebas médicas, uno de los policías locales se fue hasta su despacho, forzó la cerradura con un taladro y requisó archivos y documentos: y eras tú la que había ordenado el 'asalto' con un decreto. Igual que cuando te interpelaron en un pleno porque hasta los oídos de la oposición había llegado que te encaraste, en plena calle, con un vecino demasiado protestón: “¿Sabes qué pasa, Juan? Que a mí hablar con gentuza como tú también me da asco”. Imagino la cara que se le quedaría al vecino Juan.

De todas formas, alcaldesa, todo esto es agua pasada, hay que subrayarlo, porque este año de 2018 que estamos estrenando será el primero en el que, ya sin cinismos, cumplas estrictamente tu promesa electoral: el sueldo de 50.000 euros que cobraba el anterior alcalde se ha bajado ahora casi a la mitad, 27.641 euros anuales. Es verdad que no fue por tu deseo, que tuvo que ser la oposición en bloque, desde la derecha hasta la izquierda, la que impusiera ese recorte en contra de tu voluntad y del voto de tus concejales; es verdad también que ponías los plenos por la mañana para que los concejales de la oposición, que trabajaban y no estaban liberados, no pudieran asistir; y es verdad, incluso, que en el pueblo se creó una plataforma de recogida de firmas para forzarte a la bajada de sueldo… Todo eso, alcaldesa, es verdad, pero digamos que son matices que solo consiguen engrandecer tu epopeya: la perfección misma de la mentira en política.

Matacán

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