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La Manada, golpismo e indigencia ética
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Javier Caraballo

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La Manada, golpismo e indigencia ética

Las manifestaciones contra la sentencia estaban convocadas días antes de que se hiciera pública. Una escritora de las que animan tertulias con barrabasadas ya advertía de lo que iba a pasar

Foto: Concentración feminista contra el fallo judicial de La Manada en la Puerta del Sol este miércoles. (EFE)
Concentración feminista contra el fallo judicial de La Manada en la Puerta del Sol este miércoles. (EFE)

“La Ley es la razón desprovista de pasión”

(Aristóteles)

Nunca han estado más cerca de acertar los agoreros que vienen proclamando desde hace tiempo que España es un país en descomposición. No por la revuelta catalana y la amenaza independentista, no porque España se vaya a romper como un vidrio cuarteado; la descomposición que más está afectándonos no es la territorial sino la ética. Indigencia ética. Si España se muere un día, será por uno de estos ataques colectivos de irracionalidad, de sinrazón, en el que nos liaremos otra vez a garrotazos sin que, en plena pelea, haya una sola persona capaz de explicar por qué quiere abrirle la cabeza al vecino.

Jaleados por una clase política mediocre, que hace del populismo su ideología y del oportunismo su estrategia. Amplificados por medios de comunicación y por periodistas encantados de aventar las llamas. España, desafecta de sí misma, hastiada de sus logros, solo se revitaliza cuando está en el barro de la descomposición, como estos días tras la sentencia de La Manada, el mayor ataque, concertado y generalizado, contra uno de los poderes fundamentales de una democracia y, por descontado, de un Estado de derecho.

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Las manifestaciones contra la sentencia de La Manada estaban convocadas desde días antes de que se hiciera pública la sentencia. Aquel día, la mañana del fatídico jueves 26 de abril, una escritora de las que contratan para animar tertulias con barrabasadas ya advertía de lo que iba a pasar. Especulaban en la tertulia sobre el contenido de la sentencia que aún no se conocía y la escritora irrumpió contundente para adivinar el futuro: “Yo sí tengo una bola de cristal [sobre lo que va a ocurrir]. A las ocho hay convocada una concentración en el Ministerio de Justicia y como haya algo menos que una condena, lo del 8 de marzo se va a repetir, pero en grande”.

Hubo condena, nueve años de cárcel, pero las hogueras estaban preparadas y solo había que prenderles fuego y comenzar a alimentarlas. A las 13:38 de ese día, todavía con el presidente de la Audiencia de Navarra dando a conocer la sentencia, Pablo Iglesias, acaso el primero en lanzarse, echó al aire su valoración: “Vergüenza y asco”. A partir de ese instante, se empezaron a difundir consignas para la movilización, una detrás de otra, que nada tenían que ver con la sentencia, como la de #YoSiTeCreo, que ha alcanzado un éxito apabullante, también entre artistas, intelectuales y líderes de opinión.

España, desafecta de sí misma, hastiada de sus logros, solo se revitaliza cuando está en el barro de la descomposición, como estos días tras el fallo

¿Es que acaso los jueces no se creyeron a la víctima de La Manada? Todo lo contrario: se la creyeron 'a pies juntillas', la sentencia reproduce la versión ofrecida por la mujer agredida frente a la de los cinco hombres que han sido condenados, como recalcaba la magistrada Natalia Velilla en un artículo de opinión cargado de razón, de preocupación y de rabia. Se ha citado aquí alguna vez que una de las características sociológicas de esta era de la posverdad es la predisposición de la sociedad a creer la mentira, por encima incluso de la verdad. “Lo nuevo es que una falsedad continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad, y se toman decisiones basándose en ella, porque no se considera importante que lo sea”, sostiene el profesor José Antonio Marina.

Pues bien, de acuerdo a esa definición, podemos afirmar que este episodio de La Manada se adapta perfectamente a la posverdad; de hecho, defender hoy que los jueces de Navarra se creyeron a la víctima y que condenaron por violación a La Manada, que es lo que ha sucedido, se ha convertido en una afirmación provocadora, osada y hasta grosera para las masas del #YoSiTeCreo.

Foto: manada-eurocamara-violencia-sexual-codigo-penal

El mismo pavor debemos tenerle a un tirano que a una masa que se comporta como un tirano. Por eso Montesquieu sigue siendo fundamental en la democracia moderna, por la defensa que hizo de la separación de poderes hace 270 años. “Todo estaría perdido si el mismo hombre o el mismo cuerpo de los principales, o de los nobles o del pueblo, ejerciese estos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los crímenes o las diferencias de los particulares (…) Se puede temer que el mismo monarca o el mismo Senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas”, dejó plasmado Montesquieu en 'El espíritu de las leyes'.

Cuando un catedrático de Derecho Constitucional (Javier Pérez Royo) tiene la indecencia de afirmar que el magistrado que ha suscrito un voto particular “se podía haber unido a La Manada y haber participado de la penetración” y cuando un ministro de Justicia (¡el ministro de Justicia!) habla de ese magistrado como si fuera un enfermo mental que dicta sentencias, y cuando resulta que esas dos barbaridades reciben el aplauso general, en vez de la repulsa, lo que se está perpetrando es un ataque descomunal a la independencia de la Justicia, al criterio de cada juez que, en un Estado de derecho, está sometido a recursos en instancias distintas y, como en el caso de ese magistrado, al criterio mayoritario de sus compañeros de sala, que no coincide con el suyo.

¿Es que acaso los jueces no se creyeron a la víctima de La Manada? Todo lo contrario: se la creyeron 'a pies juntillas'

Los que a diario se proclaman ‘constitucionalistas’ en España son los primeros que se han puesto a la cabeza de la manifestación contra el tribunal de Navarra, que ha llegado a la recogida masiva de firmas solicitando su inhabilitación, como si fueran dementes; los que continuamente van diciendo que “no se puede legislar en caliente” son los primeros que quieren registrar iniciativas parlamentarias para cambiar la legislación por una sola sentencia que todavía no es firme; los que siempre se oponen a cualquier tipo de prisión permanente, sea cual sea la naturaleza del delito y del delincuente, son los que exigen el endurecimiento del Código Penal para que los delitos contra la libertad sexual sean castigados todos por igual, es de suponer que todos con la pena máxima…

Claro que el Código Penal se puede modificar y que tiene que ir adaptándose a la realidad social; claro que se puede atinar mucho más la tipificación de los delitos sexuales y proteger más a la mujer del evidente machismo que sigue existiendo en la sociedad; por supuesto que las sentencias judiciales se pueden criticar, recurrir y hasta tumbar en otros tribunales superiores. Pero con esto de La Manada no es de nada de eso de lo que se está hablando, que no; lo que está ocurriendo tiene otros nombres. Ya se han dicho: golpismo a la Justica e indigencia ética.

“La Ley es la razón desprovista de pasión”

La Manada