España va bien… para el narcotráfico

La apreciación sobre el grave problema de narcotráfico que se está creando apenas se ha percibido en el país, que anda enredado en otras polémicas, como el embrollo catalán o la sentencia de La Manada

Foto:  Juan Ignacio Zoido (c), ante el alijo de casi nueve toneladas de cocaína incautadas en un contenedor de plátanos en el puerto de Algeciras. (EFE)
Juan Ignacio Zoido (c), ante el alijo de casi nueve toneladas de cocaína incautadas en un contenedor de plátanos en el puerto de Algeciras. (EFE)

La aprehensión de nueve toneladas de droga en el puerto de Algeciras es una pésima noticia para España. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, no lo dijo así cuando, la pasada semana, se fue hasta Algeciras para anunciar la incautación de 8.740 kilos de cocaína, el mayor alijo de esta droga en Europa en la modalidad de contrabando en un contenedor y el mayor de la historia del narcotráfico en España en todas las modalidades del tráfico de droga. Pudiera parecer que esa noticia lo que demuestra es el excelente trabajo policial que se realiza, pero resulta que ese éxito innegable, irreprochable, se produce cuatro meses después del récord anterior, en diciembre, seis toneladas de cocaína, y eso ya no demuestra sólo "el magnífico trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en la lucha contra el narcotráfico”, como dijo el ministro, sino la consolidación de España como puerto de referencia del narcotráfico. Quince toneladas de cocaína en cuatro meses es una señal de alarma, antes que de alabanza de la lucha antidroga, a la que nadie debe ahorrarle ni un solo elogio. Porque no se trata de eso.

La apreciación sobre el grave problema de narcotráfico que se está creando en España apenas se ha percibido en el país, que anda enredado en otras polémicas que lo consumen casi todo, como el embrollo catalán o la reciente sentencia de La Manada, pero no ha ocurrido igual en Colombia, el país de origen de la cocaína que se incauta aquí. El histórico periódico 'El Tiempo', el de mayor difusión en el país, le dedicaba hace unos días un gran reportaje al fenómeno con un titular sobrecogedor: “La mafia colombiana ‘toma’ dos ciudades españolas”. Lo llamativo de ese reportaje es que, según el equipo de investigación del periódico, el auge de las rutas del narcotráfico colombiano hacia España guarda relación con el proceso de pacificación de las FARC, el grupo terrorista colombiano. Desde hace años, el Gobierno de Colombia viene alertando de que las FARC controlan la mayoría del narcotráfico del país (hasta el 60%) y los campos de cultivo de la coca. De hecho, a principios de abril, la policía colombiana detuvo a Jesús Santrich, uno de los exdirigentes de las FARC, acusado de narcotráfico, por el envío de diez toneladas de droga a Estados Unidos. En el país, esa noticia convulsionó la actualidad porque Santrich era uno de los diez miembros del grupo terrorista que estaba designado para incorporarse en julio a la vida política como congresista, según los Acuerdos de Paz de la Habana, en los que también participó como negociador. La cuestión es, en cualquier caso, que, de alguna forma, los acuerdos de paz con las FARC han supuesto una cierta relajación de los narcotraficantes colombianos y, de rebote, le acaba afectando a España, algo que no debe sorprender si se tiene en cuenta que sólo por Algeciras entra el 40% de la droga que se vende en Europa.

La cuestión es que, de alguna forma, los acuerdos de paz con las FARC han supuesto una cierta relajación de los narcotraficantes colombianos

Según el mencionado reportaje, en enero pasado “la DEA –agencia antidroga de Estados Unidos- le advirtió al gobierno de Mariano Rajoy que la bonanza cocalera que vive Colombia, tras el proceso de paz con las FARC, se está traduciendo en más ‘narco embarques’. Las alarmas están prendidas en los puertos de Marín, Vigo, Algeciras, Valencia y Barcelona, lo que ha llevado a intensificar la colaboración con la Policía Antinarcóticos de Colombia y con la Armada Nacional”. El problema añadido, el grave problema añadido de esta incursión decidida de las mafias colombianas en España, es que, a partir de poner un pie en varias ciudades españolas como puerto de llegada, lo siguiente será reproducir los esquemas de funcionamiento clásico del narcotráfico, con una penetración progresiva en el tejido social, económico y político. La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha sido la primera en advertirlo, con una lógica aplastante que no necesita comprobación: lo que está sucediendo es una apuesta decidida de los cárteles de la droga por España que, si no se interpreta como tal alarma, si no se toman medidas preventivas de forma contundente y radical, muy pronto la lucha será imposible.

“Además del hachís –dice la AUGC-, el tráfico ilegal de otras sustancias como la cocaína hace sospechar que los narcotraficantes estén dando un paso para convertirse en un cartel de la droga que intente obtener resultados insertando la corrupción en las instituciones. Nadie se atreve a introducir tal cantidad de droga sino tiene seguridad de que llegará a su destino. Por este motivo urge la toma de decisiones”. A la misma conclusión llega el periódico colombiano que, desde su experiencia, considera que los narcotraficantes intentan ‘calcar’ en España “el modelo mafioso” que han aplicado en ciudades y regiones de ese país desde los tiempos de Pablo Escobar. “Las estructuras mafiosas que se han afincado en la bahía de Algeciras están calcando las estructuras del viejo cartel de Medellín. Cuentan con el favor de habitantes de barrios populares (estilo comunas) que se levantan contra la Policía para evitar sus capturas. Además, están reclutando a jóvenes locales, aprovechándose de las altas tasas de desempleo: La Línea registra un 33,2%, mientras que Algeciras alcanza un 29,4%”.

Al ministro se le olvidó contar que la mala noticia es que, según los propios expertos antidroga, lo que se aprehende es una mínima parte de lo que ha llegado

“Operaciones como éstas certifican el magnífico trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, dijo el ministro Zoido cuando celebró el récord de la mayor aprehensión de cocaína de Europa. Se le olvidó contar que la mala noticia es que, según las propias estimaciones de la lucha antidroga, lo que se aprehende es una mínima parte de lo que llega, con lo que resulta sobrecogedor el mero cálculo, a partir de esas nueve toneladas de cocaína, de las cantidades de droga que nadie consigue interceptar. Sobre todo teniendo en cuenta que las autoridades aduaneras admiten que sólo se puede requisar el cinco por ciento de la mercancía que llega. Las asociaciones de policías y guardias civiles vienen reclamando desde hace años mayores dotaciones y efectivos en la zona, al menos para poder combatir con los mismos medios a los narcotraficantes que utilizan las últimas tecnologías, las embarcaciones más veloces y los vehículos más potentes. Ante la gravedad de la situación, la Asociación Unificada de Guardias Civiles ha propuesto, antes de que sea demasiado tarde, un pacto de Estado, no de palabras, sino de medios, de políticas, de personas, de recursos suficientes para afrontar esa amenaza que está llegando. Que se sepa, de momento, nadie ha contestado.

Matacán

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