El Barça es más que un club

El último episodio que ha tambaleado los esquemas idílicos de la sociedad catalana ha sido el oscuro episodio de la compra ilegal de un hígado para trasplantárselo a Éric Abidal

Foto: El francés Éric Abidal (d), junto al vicepresidente del FC Barcelona, Jordi Mestre. (EFE)
El francés Éric Abidal (d), junto al vicepresidente del FC Barcelona, Jordi Mestre. (EFE)

'El Barça es más que un club' de la misma forma que 'Cataluña es un oasis', dos grandes lemas que han terminado llenos de barro en el charco de la corrupción. Durante muchos años, han sido las dos expresiones que la alta sociedad catalana siempre ha exhibido como estandartes de su diferencia con respecto a los demás, emblemas de cómo en Cataluña se hacían las cosas de forma distinta, lo mismo que la clase política catalana, que se veía a sí misma como un referente intachable de eficacia, buen gusto y sentido común, el 'seny'.

Todo eso, como es sabido, acabó luego revuelto y mezclado en el independentismo, y entonces las frases se hicieron más toscas; la diferencia del catalán con respecto al ‘ser español’ se hizo más grosera, porque nos pintaban como una raza “de otro tipo: carroñeras, víboras, hienas; bestias con forma humana”, como nos ha definido siempre en sus artículos y mensajes el que hoy es presidente de la Generalitat de Cataluña.

“Solo saben expoliar, vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario”, decían, y ahora, con el paso del tiempo, cuando se observa el rosario de escándalos en los que han acabado envueltos, podría parecer que todo se debe a un guiño de justicia poética, si no fuera porque lo que ocultaban aquellos grandes lemas es una realidad penosa y podrida que nada tenía que ver con los valores que decían representar. Desde el clan de los Pujol a Sandro Rosell, pasando por el desfalco del Palau, la otra gran referencia de la alta sociedad catalana, esa que siempre manda y nunca pierde, esa que ahora se ha hecho independentista, como sostiene con criterio la presidenta de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias.

El Barça es más que un club

El último episodio que ha tambaleado los esquemas idílicos de la sociedad catalana ha sido el oscuro episodio de la compra ilegal de un hígado para trasplantárselo a uno de los futbolistas más brillantes y entrañables del Fútbol Club Barcelona, Éric Abidal. Conviene subrayar esto que se dice, un profesional brillante y una persona entrañable, porque lo que siempre debe quedar a salvo de toda crítica que pueda merecer lo sucedido es, por una parte, los éxitos deportivos del Barça y la calidad personal de alguno de sus profesionales, como Abidal.

De la misma forma que debe entenderse que cuando se critica la gestión del Barça más allá del plano futbolístico, nadie debe considerarlo una ofensa al sentimiento culé, que es otra cosa, o a la pasión que sienten por el club millones de personas en todo el mundo y que nada tienen que ver con los desvaríos y vergüenzas de sus directivos. La cuestión es que cuando el Barça actúa al margen de lo futbolístico, como cuando se pone a abanderar el independentismo, es el propio club el que se desliga del sentimiento mayoritario de sus seguidores. Igual ocurre con la historia de Abidal, que nada tiene que ver con el aprecio que se le pueda tener como jugador y como persona.

Este episodio tan oscuro, un club de fútbol comprando órganos en el mercado negro y un hospital público implicado en la operación, se comenzó a perfilar ayer, tras la primicia de El Confidencial, como uno de esos escándalos de la política española en que la denuncia inicial acaba viéndose desbordada a los pocos días por la sucesión de mentiras, ocultaciones y medias verdades que se han ido apilando como justificaciones de lo ocurrido.

Tan grave es la denuncia, que lo primero que hace sospechar de que algo se esconde es que ninguno de los protagonistas se mostró sorprendido, alarmado, que hubiera sido la reacción normal de cualquiera al que se le acusa de haberse beneficiado del mercado negro de órganos: es decir, algo tan monstruoso como lo que ha descrito la ONU o la propia Organización Nacional de Trasplantes. “Ricos que, sin importarles lo que le ocurra al prójimo, compran un órgano a una persona que no tiene nada, solo su cuerpo para vender, y al que en la mayoría de los casos los intermediarios ni pagan. Verdaderas salvajadas: hombres y mujeres que se han muerto por falta de asistencia, personas que han sido operadas sin anestesia, en condiciones infrahumanas, que después de la extracción han quedado en la calle con una cicatriz enorme y sin ni siquiera un analgésico”.

Ese es el mercado negro de órganos al que, según la grabación que ayer hizo pública este periódico, acudió el expresidente del Barcelona Sandro Rosell, hoy en prisión preventiva por un presunto delito de blanqueo de capitales. ¿No es extraño que el actual presidente del Barça haya puesto la mano en el fuego por su predecesor encarcelado? “El Fútbol Club Barcelona desmiente rotundamente cualquier hecho irregular" en el trasplante de Abidal. ¿Cómo están tan seguros, si la propia Organización Nacional de Trasplantes ha decidido abrir una investigación? ¿Por qué insisten en que el asunto fue archivado judicialmente si saben que, aunque haya sido así por motivos muy concretos, la literalidad de las grabaciones —"a este tío le compramos un hígado ilegal" y "vendimos que era del primo, ¡que era del primo!”— provoca que ahora deba aclararse, desde el principio, la historia de ese trasplante?

El Barça es más que un club

¿Y el propio Abidal? Si es verdad que el donante de su hígado es su primo, no se entiende cómo no ha salido ya a desmentirlo con rotundidad, y con pruebas, porque en este caso, a diferencia del resto de donaciones, no se trata de proteger el anonimato de nadie, ya que en su día el Barça se encargó de que toda España conociera al donante, al que agasajaron e invitaron en alguna expedición oficial del club. Según se dijo entonces, el primo de Abidal, el donante, se llama Gérard, es francés y vive en un pueblo cerca de Lyon que se llama Givors.

Hace unos días, antes de estallar esta nueva polémica, el entrenador y activista del lazo amarillo Pep Guardiola le concedió una entrevista a TV3 para analizar la situación política y futbolística y, en una de las preguntas, estableció un paralelismo en la evolución hacia el independentismo del Barça de la que se hablaba antes. “El presidente Laporta tenía un hacer más catalanista, el presidente Rosell era más moderado y el presidente Bartomeu está entre dos aguas”, sostuvo el exentrenador del Barcelona. Luego, cuando se puso a hablar de los presos independentistas, tuvo también palabras para Sandro Rosell y dijo que, de la misma forma, tampoco entendía que estuviera en la cárcel como preventivo. “En la Justicia española no hay empatía”, sentenció el señor. A ver si en los próximos días incorporan este nuevo escándalo a la misma lista de agravios inventados.

Matacán
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