Qué harías tú si te llamaras Casimiro

¿Queremos un país como el 'salvaje oeste' de las películas? También de eso se trata este juicio y, en lo que concierne al policía local, serán determinantes las pruebas de balística que se aporten

Foto: Imagen de archivo de pruebas de tiro. (Reuters)
Imagen de archivo de pruebas de tiro. (Reuters)

Casimiro recuerda que el 29 de marzo de 2011 estuvo trabajando en su parcela y se fue a la cama cansado, quizá por eso no escuchó nada cuando, sobre las tres de la madrugada, lo despertó su mujer inquieta: había oído algunos ruidos en la casa. Casimiro se incorporó en la cama, se restregó los ojos con las dos manos, y salió al salón, pensando que se había dejado abierta alguna ventana. Desde ese instante, es cuando las distintas versiones comienzan a diferir, aunque nadie niega el dato fundamental: que Casimiro se encontró a unos ladrones dentro de su casa.

Por eso, porque la Constitución consagra en su artículo 18 que el domicilio es inviolable, es por lo que ahora se plantea un debate que, impulsado por Vox en plena precampaña, nos ha traslado a todos una pregunta inquietante: ¿Y tú, qué hubieras hecho en su lugar? Hay que decir antes que Casimiro era en aquel momento Policía Local y que, por tanto, tenía en su casa su arma reglamentaria y dos cargadores de 25 balas, la munición que se le entrega a los agentes. Y que como tenía la pistola, disparó contra los que habían entrado en su domicilio; no llegó a matar a ninguno de ellos, pero sí les causó heridas de gravedad a tres de ellos que, en algún caso, les ha dejado secuelas de por vida.

En el juicio que se está celebrando en la Sección Tercera de la Audiencia de Sevilla, las versiones difieren a partir de ese primer hecho incontrovertible, la violación de su domicilio: de ahí esa primera imagen impactante al ver sentados en el banquillo, al mismo tiempo, a los asaltantes y al asaltado, con la diferencia, además, de que mientras que las penas que se les pide a los ladrones oscilan entre los tres y los cinco años de cárcel, a Casimiro se le pide una condena de veinte años de prisión por cuatro delitos de lesiones graves, además de una indemnización de 300.000 euros por responsabilidad civil. Para no caer en la descalificación apriorística de la Justicia, lo mejor será intentar descender a los detalles para poder entender lo que provoca este aparente absurdo. Eso que tanto se repite en España de que “la Justicia es un cachondeo” y que las plataformas de defensa de Casimiro han comenzado a utilizar con viñetas satíricas, como una en la que se ve a la Justicia atendiendo como enfermera a un atracador, mientras en el suelo, tirado y solo, aparece un trabajador apuñalado.

Para empezar, porque se trata de una obviedad que se olvida a diario, habrá que precisar que jueces y fiscales lo que utilizan en sus valoraciones penales son las definiciones y las tasaciones de los distintos delitos que figuran en el Código Penal, que se aprueba en las Cortes. En el caso de lo ocurrido en la vivienda de Casimiro, lo fundamental es la estimación del eximente de legítima defensa. Para la defensa y para las plataformas de apoyo que se han creado, es del todo legítimo que Casimiro utilizara su arma de Policía Local contra los ladrones porque lo único que hizo fue defenderse de aquellos que pretendían acabar con su vida. En su declaración ante el tribunal, Casimiro Villegas aseguró haber oído cómo uno de los ladrones gritaba “mátalo, dispárale”. En el mismo salón, se inició “una pelea feroz” en la que Casimiro recibió un mordisco en la mano, que respondió con un mordisco en la nariz al asaltante y, tras un intercambio de golpes, consiguió huir de nuevo hacia el dormitorio, donde tenía el arma reglamentaria. Le dijo a su mujer que llamase al 112 y, salió de nuevo a repeler a los agresores que ya estaban fuera de la vivienda, en el jardín. De nuevo, Casimiro oye como a uno de ellos, con una escopeta, le dicen “mátalo” y es entonces cuando efectúa trece disparos.

¿Queremos un país como el 'salvaje oeste' de las películas? También de eso se trata este juicio

Por lo que narran las crónicas del juicio, la versión de los ladrones es menos creíble en lo que concierne a su presencia en aquella casa. Han sostenido que no fueron a robar, aunque se llevaron un ordenador, sino a cobrar una deuda para “un marroquí de Marruecos” llamado Karim, vinculado con el tráfico de hachís. También hablaron de otra persona, Mustafá, pero sin precisar más datos de su identidad porque “Mustafá hay muchos”. Por supuesto, que en la casa del policía local no se halló ningún rastro de drogas o de dinero. Sostienen los asaltantes que estuvieron hablando con Casimiro de su deuda hasta que “se transformó”, cogió su pistola y comenzó a disparar. Tampoco se ha encontrado la escopeta con la que, según Casimiro, le estaban amenazando, aunque las defensas sostienen que pudieron deshacerse de ella en su huida.

¿Quién tiene razón en lo que sucedió? La verdad es que, aunque todo indique ahora que tiene razón el policía local, y no los ladrones; aunque parezca innegable que se trataba de un robo, lo esencial para el futuro de Casimiro no está en ese relato sino en cuándo y cómo disparó su pistola. Si lo hizo para repeler la agresión, en cuyo caso sería legítima defensa, o si ocurrió cuando los ladrones estaban huyendo, que desbarataría el eximente, como sostiene la Fiscalía, y convertiría en final de aquella dramática noche en un caso de agresión en su intención de escarmentar a los asaltantes.

El jefe de la Policía Nacional que dirigió la investigación de este robo ha contado en el juicio, en favor de Casimiro, que “hubo una pelea a muerte y lo que hizo Casimiro fue defender su vida y la de su mujer, que se encontraba también en la casa. Ya está". Santiago Abascal, el líder de Vox, que se sumó a la campaña también en defensa de Casimiro, saca una conclusión radical: “La ley está tratando a estas personas como villanos, y a sus asaltantes como víctimas” y aboga por un cambio legal “para que los españoles sin antecedentes y en pleno uso de sus facultades mentales puedan disponer de un arma en su casa, sino para que puedan usarla en situaciones de amenaza real para su vida sin tener que enfrentarse a un infierno judicial, a penas de cárcel o incluso a indemnizaciones a los familiares de los delincuentes que les asaltaron”.

En España, que es lo que no dice Abascal, ya existe la posibilidad de disponer de un arma, más de tres millones de españoles, incluido él mismo, tienen esa licencia. Pero otra cosa es que esté legitimado el uso de esas armas para repeler una agresión, un atraco o un allanamiento de morada, con independencia de cuáles sean todas las demás circunstancias. ¿Queremos un país como el ‘salvaje oeste’ de las películas? También de eso se trata este juicio y, en lo que concierne al policía local, serán determinantes las pruebas de balística que se aporten. Entre tanto, la desazón puede encontrarse en cada uno, en cada una, de nosotros cuando al leer lo ocurrido nos paramos a pensar, qué habría hecho yo si hubiera estado en el pellejo de Casimiro… Hay tantas respuestas inmediatas, viscerales unas, y demagógicas otras, que yo, al menos, me callo y espero la sentencia de la Justicia. Sólo alcanzo a cruzar los dedos y pedir que nunca me vea envuelto en un espanto así.

Matacán

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