El mentiroso de los Mossos

Cada jornada que pasa del histórico juicio del 'procés', que ya cumple su novena semana, va asentando una imagen de los protagonistas, va definiendo sus perfiles, sus contornos

Foto: Agentes antidisturbios de la Policía Nacional y de los Mossos d'Esquadra discuten frente al Instituto Can Vilumara de L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)
Agentes antidisturbios de la Policía Nacional y de los Mossos d'Esquadra discuten frente al Instituto Can Vilumara de L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)

Alguien de los Mossos d’Esquadra miente en el juicio del 'procés'. Y quizá no lo sepamos hasta el final o, peor aún, acaso nunca podamos determinarlo con claridad y la duda se quedará ahí, prendida del calendario, superada por la historia. Como otros tantos ‘agujeros negros’ que se desempolvan cuando se repasan las efemérides. Pero sabemos que alguien de los Mossos miente porque, en su conjunto, la versión que se ofrece no soporta un mínimo examen de coherencia.

Cada jornada que pasa del histórico juicio del 'procés', que ya cumple su novena semana, va asentando una imagen de los protagonistas, va definiendo sus perfiles, sus contornos. En el caso de los Mossos, la imagen se parece cada vez más a uno de esos animales mitológicos, una hidra de tres cabezas, con la peculiaridad de que cada una de ellas actuaba de una forma distinta. Y eso es lo que no es posible entender en un cuerpo policial, donde priman la jerarquía y la disciplina, que hubiera disparidad de criterio y de actuación ante una misma orden que cumplir, impedir el referéndum ilegal convocado por los independentistas que se levantaron contra la Constitución en el otoño de 2017.

El mentiroso de los Mossos puede ser el más famoso de todos ellos, Josep Lluís Trapero, que era el máximo responsable de la policía autonómica catalana durante la revuelta independentista del otoño de 2017. O cualquiera de los mandos principales que, junto a él, formaban la cúpula policial de la Generalitat de Cataluña en aquel momento. La orden, que detalló Trapero, ha sido una de las grandes sorpresas de este juicio.

Cuando el antiguo 'major' de los Mossos acudió a declarar, se le veía con ganas de soltar una bomba y lo hizo hasta quedarse vacío, “creo que no me dejo nada”, dijo, envuelto en el aire de una exhalación, cuando acabó su parrafada: “Les emplazamos [a Puigdemont y al resto del Gobierno catalán] al cumplimiento de la legalidad, de las órdenes judiciales. Les dijimos que, evidentemente, nosotros las íbamos a cumplir, que no se equivocasen con nosotros. Les dijimos que el cuerpo de Mossos no iba a quebrar nunca la legalidad y la Constitución. Y que no acompañábamos el proyecto independentista”.

Además de Trapero, otros mandos de los Mossos d’Esquadra confirmaron sus declaraciones ante el Tribunal Supremo y añadieron otros detalles que, de igual forma, pueden ser determinantes en la resolución final de este juicio: Puigdemont ya tenía pensado que un brote de violencia descontrolado aceleraría la declaración de independencia. Pues bien, si Trapero y sus mandos tenían tan claras cuáles eran sus obligaciones y cuáles eran los graves riesgos que se corrían, es imposible entender que, cuando llega la hora de la verdad, la actitud de los agentes que destinaron a los centros de conflicto fuera 'contemplativa'.

Estaban a la puerta de los colegios, veían llegar a sus colegas de la Policía Nacional o de la Guardia Civil, y se quedaban mirando lo que ocurría. Uno tras otro, agentes de esos dos cuerpos van pasando por el Tribunal Supremo y repiten la misma escena. Las unidades llegan a los colegios en los que se les ha ordenado entrar e incautar el material del referéndum ilegal y allí les espera una multitud que ofrece resistencia y los insulta —“nos llamaron maricones, basura, escoria, mercenarios, terroristas…”— mientras los policías autonómicos presencian la escena a una prudente distancia: “Había una patrulla de Mossos en la acera contraria al colegio, una presencia absolutamente testimonial”.

Puede ser que Trapero no mienta, que la determinación que él mismo trasladó a los miembros del Gobierno independentista (“no se equivoquen con nosotros”) se la transmitiera a todo el cuerpo de Mossos, y que fueran algún cargo intermedio o los propios agentes los que le mintieran cuando se comprometieron a cumplir sus órdenes. Lo que no es compatible es las dos cosas a la vez, la determinación de los mandos y la actitud contemplativa de los agentes. Alguien debió trasladar a los 'mossos' que tampoco tenían que tomarse las cosas tan en serio, que se limitaran con llegar al lugar y tomar nota de lo que ocurría. Pero sin una orden directa de actuar, sin complicaciones.

Lo que no es compatible es la determinación de los mandos y la actitud contemplativa de los agentes

También es posible que, con independencia de lo que dijeran los mandos y de lo que se plasmara en las órdenes, los agentes, por su cuenta, hubieran decidido no mezclarse en aquel follón, dejar que pasaran las horas y las urnas, a la espera de saber cómo iba a acabar aquel pulso institucional al Estado por parte de la Generalitat de Cataluña. Pero también eso es incompatible con la lógica, porque ya habría un expediente disciplinario para cada uno de los agentes que, por su cuenta, ignoró las órdenes expresas de cumplir la legalidad, las órdenes judiciales y no quebrar nunca la Constitución.

¿Fue el 'major' Trapero? ¿Fueron sus oficiales, los mandos intermedios? ¿O acaso desobedecieron los agentes? En los Mossos d’Esquadra hay alguien que no dice la verdad porque, aunque en el juicio lo parezca, una hidra de tres cabezas solo es posible encontrarla en la mitología, nunca en un cuerpo de policía.

Matacán

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