El pánico de la carne mechada

El estado de alarma que ha provocado la listeriosis es una reacción natural, humana, pero en la que influye decisivamente la seguridad que percibimos en nuestro entorno

Foto: Vista de un cultivo de listeriosis en una placa de Petri. (EFE)
Vista de un cultivo de listeriosis en una placa de Petri. (EFE)

La conclusión se obtiene tras realizar un sencillo ejercicio de estadística cotidiana: pregunte a su alrededor y pregúntese usted si se tomaría una tapa de carne mechada en una celebración familiar a la que asista, en un bar en el que se encuentre, en la casa de unos amigos a la que vaya… Más aún: ¿la compraría en su carnicería habitual o en el supermercado? Nadie hasta ahora en mi entorno ha contestado afirmativamente y es posible que sea esta la única respuesta: nadie se atreve a comer carne mechada tras el brote de listeriosis.

Y ha pasado un mes, justo un mes, desde que se decretó la alerta sanitaria, el pasado 15 de agosto. ¿Ha pensado lo que supone eso? Son las consecuencias reales de una alerta sanitaria cuando se transforma en una epidemia de pánico, el pánico de la carne mechada. Pero, más allá aún, vamos a preguntarnos también qué puede ocurrir si ese pánico se extiende a otros productos, como ya ocurre cada vez que llegan noticias de un nuevo brote de listeriosis, en otra provincia (ya se han detectado tres brotes, en tres provincias andaluzas distintas, Sevilla, Cádiz y Málaga), y se detalla la inmovilización de numerosos productos, también sospechosos de estar contaminados por listeria, desde el chicharrón a los patés, el lomo en manteca o los chorizos. Nadie lo reconoce así ahora, ni siquiera los propios portavoces del sector cárnico que se limitan a señalar, al compás con la clase política, que el brote de listeriosis es un “problema puntual” —ese concepto detestable—, pero esa política del avestruz no va a detener la propagación del miedo a consumir algunos productos.

Un estado de alarma como el que ha provocado en España la listeriosis tiene que ver, obviamente, con la reacción natural, humana, de cada uno de nosotros, pero en la formación de ese estado de ánimo, que puede ser inconsciente, influye decisivamente la seguridad que percibimos en nuestro entorno. Por un concepto equivocado, lo que interpretan las administraciones públicas y los agentes implicados en una crisis como esta es que se debe suministrar la información con ‘cuenta gotas’ para no generar alarma.

Creen que es la mejor estrategia, pero la falta de información constante y precisa, creíble y detallada, es la que genera un estado de alarma

En la realidad, sobre todo en la realidad de redes sociales y sobreinformación que vivimos, sucede todo lo contrario. La inexistencia de información constante y precisa, creíble y detallada, es la que genera un estado de alarma. No influye menos, desde luego, el lamentable espectáculo de enfrentamiento y acusaciones cruzadas que han protagonizado los responsables de las tres administraciones implicadas en esta alerta sanitaria, el Ayuntamiento de Sevilla, la Junta de Andalucía y el Ministerio de Sanidad. Le han aplicado a la alerta sanitaria de la listeriosis el mismo protocolo de confrontación política que se emplea para rebatir mecánicamente unos presupuestos o el principio del curso escolar. Que haya doscientos de hospitalizados, siete mujeres que han abortado y tres personas fallecidas no ha supuesto ningún inconveniente para modificar esa inercia política, que es una constante en España.

Justo tres meses antes de que se detectara el brote de listeriosis de Sevilla, el más grande conocido hasta ahora, el Instituto de Salud Carlos III dio a conocer un estudio (‘Situación epidemiológica de la listeriosis en España según el registro de hospitalizaciones, 1997-2015: necesidad de una mayor sensibilización") en el que ya se advertía a los responsables sanitarios de España, esa maraña repartida entre administraciones, que no se le estaba prestando la atención adecuada a esta bacteria, a pesar de que los casos de contaminación en toda Europa, no solo en España, estaban creciendo exponencialmente.

Tres meses antes del brote de listeriosis de Sevilla, un estudio alertaba a las autoridades de que no se estaba prestando la atención adecuada a la bacteria

Decía así el informe: “Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, podría ser una enfermedad emergente en Europa y estar infradiagnosticada. Es necesario mejorar la vigilancia de esta enfermedad en animales y humanos, en paralelo a las mejoras implementadas en su control y en la prevención de los casos (consejo a embarazadas y personas inmunodeprimidas). Los investigadores consideran que estas medidas son esenciales para generar conocimiento y reforzar el control de la listeriosis, así como para reducir la morbilidad asociada y los costes relacionados con la misma”.

Contra el ‘pánico de la carne mechada', información, claridad y eficacia. Desde lo más elemental (¿A qué productos afecta y en qué zonas? ¿Sabía que se dan más casos en el norte de España que en el sur? ¿Tiene cuidado con el queso fresco o con el melón una vez abierto?), hasta las preguntas más inconvenientes para la clase política sobre la eficacia del modelo español de seguridad alimentaria (¿Están bien repartidas las competencias? ¿Se cumple toda la extensa normativa existente o se ignora? ¿Existen medios y recursos suficientes para la inspección?). Las bacterias tienen comportamientos diversos cuando se exponen a la luz, pero eso no ocurre con el pánico. Sabemos bien que ese virus social se propaga con el ocultismo, con la inseguridad, con la desinformación. Un mes después, es tan importante acabar con el brote de listeriosis como con esta plaga sobrevenida, este pánico de la carne mechada.

Matacán
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