Matacán
Por
Navidad morada y atea
Este año las calles de tu barrio tienen unas luces de Navidad que, cada vez, parecen más de Feria o de Carnaval; podrían reutilizarse sin cambiarle nada, porque ya no existen diferencias
Dices que la Navidad está perdiendo su verdadero sentido, que este mundo que vivimos ya no busca los valores, sino la fiesta desentendida, desprendida de matices, y la prueba más hiriente está en estos días, en el sentido laico que lo invade todo. Papá Noel podría ser el eslogan publicitario de un anuncio de refrescos, una campaña de rebajas, un ‘White Friday’ que se inventen en unos años, y la gente no le prestaría atención, seguiría igual, porque se va sustituyendo el verdadero origen cristiano de todo, como si culto al Niño Jesús hubiera comenzado a ser un mero adorno más, descargado de toda motivación.
La Misa del Gallo. ¿Cuánta gente acude ya a la Misa del Gallo? Hace ya diez años, en el Vaticano la cambiaron de hora, la adelantaron a las diez de la noche; quizá pensó el Papa de entonces, Benedicto XVI, que así se podría volver a generalizar el rito, pero ya ves que ahora lo complicado es que algún chaval sepa decirte qué es la Misa del Gallo, porque es posible que no haya ido nunca. Y tú recuerdas que cuando eras una niña tus padres te llevaban a las doce en punto de la noche y que cuando te viste en la iglesia con tus amigos, a esas horas, cantando villancicos en el coro del colegio, fue como un primer examen de madurez superado.
Dices que este año las calles de tu barrio tienen unas luces de Navidad que, cada vez, parecen más de Feria o de Carnaval; podrían reutilizarse sin cambiarle nada, porque ya no existen diferencias. Acaso los copos de nieve de luces de Led, pero nada más. O los renos, que a ver cuándo se ha visto aquí una Navidad con renos tirando de trineos; pero allá que vamos, ya hay más renos que pastores. Ni ángeles ni zambombas, muñecos de nieve de plástico con una nariz colorada. Las luces de tu barrio son, además, más moradas que nunca, y eso tampoco debe ser casualidad porque has visto por televisión que en otras ciudades ocurre lo mismo.
Un celofán morado, que lo envuelva todo, para que la realidad sea distinta. Y en Navidad, dónde van… Una Navidad morada y atea, lo que te faltaba
El morado ya lo invade todo, es lo políticamente correcto, y eso es justo lo último que quisieras que pase porque una mujer de nuestros días, feminista desde que tiene uso de conciencia, lo último que tiene que permitir es que todo esto quede reducido a un fetiche más. No se gana en igualdad pintando las calles de morado; menos símbolos y más realidades de igualdad real. En esta sociedad superficial, el riesgo siempre es ese, convertir hasta las reivindicaciones más serias, más justas, en un objeto de consumo. Un celofán morado, que lo envuelva todo, para que la realidad sea distinta. Y en Navidad, dónde van… Una Navidad morada y atea, lo que te faltaba.
Dices que esta Navidad ya no es tu Navidad y, quizá, lo único que te ocurre, como a tanta gente, es que a veces confundimos los recuerdos de la infancia con la historia. La historia contemplada en un doble sentido, la historia grande, y la pequeña historia, la historia de tu familia. Estoy convencido de que lo más te afecta es lo segundo, los recuerdos, tus recuerdos que, cuando llegan estas fechas de Navidad, la mente nos los devuelve envueltos en el más complicado de los sentimientos de un ser humano: la nostalgia. García Márquez decía que la nostalgia borraba los malos recuerdos y engrandecía los buenos, pero esa es solo una parte de la nostalgia.
En nuestra vida, vamos acumulando capas, una tras otra, de vivencias, de sentimientos, de frustraciones, de amigos, de besos, de penas… Y se van grabando en la memoria, pensamos incluso que están olvidadas, hasta que un día los recupera la nostalgia. Entonces, volvemos a sentirlos con la intensidad aumentada de lo que ya hemos perdido, de lo que quisiéramos recuperar, o de aquello que sabemos que nunca se va a borrar. Esa es la complejidad de la nostalgia, que es un sentimiento contradictorio, porque nos trae alegría en la pena y tristeza en la alegría. Cuando llega la Navidad, siempre miramos hacia atrás y es inevitable que la nostalgia nos produzca un desgarro interno que nos hace pensar en que ya nada nos parece igual que aquellas Navidades de nuestra infancia, de nuestra adolescencia.
Esa es la complejidad de la nostalgia, que es un sentimiento contradictorio, porque nos trae alegría en la pena y tristeza en la alegría
Y los valores de la Navidad… Desde luego nadie podrá negarte que estas no son las Navidades de hace cuarenta años, como con toda seguridad las que tú viviste de pequeña tampoco eran las mismas que vivieron tus padres treinta o cuarenta años antes. Pero que se extienda el anticlericalismo, o incluso que se extienda el ateísmo, no debes entenderlo como una prueba irrefutable de que la sociedad está perdiendo todos sus valores morales. En algún periódico se publicó hace unos meses que estaba creciendo el número de misioneros que no eran sacerdotes y, muchos de ellos, ni siquiera religiosos. Ese, me parece, que es el mejor ejemplo de lo que te digo; nunca confundas el ateísmo con la falta de valores, como suele ocurrirle a muchos religiosos.
Ya sabes que yo soy cristiano, uno de esos cristianos que defiende su religión como lo hacía aquel sacerdote de Unamuno, San Manuel Bueno Mártir, convencido de la necesidad de la fe, de la esperanza, de la espiritualidad. De los valores que transmite el cristianismo, precursor moral de muchos de los derechos y libertades que disfrutamos. Embrión de la igualdad, de la solidaridad, de la fraternidad. Al final, lo esencial de la Navidad es que sigamos conservando el espíritu de la Navidad, en tu familia, con los tuyos, con tu religión, y con tus ansias de amor y de felicidad. Pero sin deseos de excluir o menospreciar a quien no lo siente como tú.
A fin de cuentas, siempre te recuerdo lo mismo, que desde mucho antes de que naciera el Niño Jesús, en el mundo se celebraban estos días porque comienza el triunfo del sol sobre la oscuridad. Los días se van haciendo más largos y esa es la alegría que invade al ser humano cada vez que llega el solsticio de invierno. Los siglos pasan y el deseo nos atraviesa. Que pases una Feliz Navidad.
Dices que la Navidad está perdiendo su verdadero sentido, que este mundo que vivimos ya no busca los valores, sino la fiesta desentendida, desprendida de matices, y la prueba más hiriente está en estos días, en el sentido laico que lo invade todo. Papá Noel podría ser el eslogan publicitario de un anuncio de refrescos, una campaña de rebajas, un ‘White Friday’ que se inventen en unos años, y la gente no le prestaría atención, seguiría igual, porque se va sustituyendo el verdadero origen cristiano de todo, como si culto al Niño Jesús hubiera comenzado a ser un mero adorno más, descargado de toda motivación.