La habilidad de Pedro Sánchez

Incluso quienes más le detestan acabarán reconociendo que este hombre, que llegó a la presidencia hace ahora dos años, tiene una extraordinaria facilidad para navegar en aguas turbulentas

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno del Congreso. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno del Congreso. (EFE)

La habilidad de Pedro Sánchez es una cualidad política del presidente del Gobierno de España que nadie, a estas alturas, debe poner en duda. Incluso quienes más le detestan acabarán reconociendo que este hombre. que llegó a la presidencia hace ahora dos años, gracias a que fue el primero en ganar una moción de censura, tiene una extraordinaria facilidad para navegar en aguas turbulentas y, como ha demostrado en esta crisis sanitaria, para poder sacar adelante seis prórrogas consecutivas del estado de alarma implicando, con cambios estratégicos en cada prórroga, a todos los grupos parlamentarios, según los iba necesitando.

La habilidad de Pedro Sánchez

Todo eso, mientras seguía exactamente el plan que se había trazado y presentando como cesiones algunas propuestas que, de todas formas, o ya estaban contempladas en la ‘desescalada’, como la llamada ‘cogobernanza’, o, simplemente, figuraban en su programa electoral y de Gobierno, como la modificación de la reforma laboral. ¿Y con contraprestaciones y privilegios económicos a algunos territorios? También, pero esa es una desgraciada constante en el parlamentarismo español por algo que se ha apuntado aquí otras veces, la anomalía de que sean grupos nacionalistas los que hagan de bisagra para conformar mayorías en el Congreso de los Diputados.

La cuestión, en todo caso, es que, siendo el líder político más débil de toda la democracia, el que cuenta con un grupo parlamentario más reducido, y en el hemiciclo más dividido y bronco que se recuerda, ha sacado adelante, no una, ni dos ni tres, sino seis veces, un estado de alarma que le ha concedido poder absoluto durante dos meses y medio. Y eso, con el apoyo incluido de los grupos nacionalistas e independentistas. Si eso no es habilidad política…

La habilidad de Pedro Sánchez

Antes de continuar, conviene apuntar, al menos, tres aclaraciones. Primera: la constatación de la habilidad política del presidente del Gobierno no presupone ninguna alabanza de su gestión en este tiempo ni la aceptación de que esta era la única forma de gestionar la enorme crisis sanitaria del coronavirus. Eso es otro debate, y nada logramos cuando lo mezclamos todo o, peor aún, cuando todo se intenta conducir hacia el mismo fin.

Segunda: lo que no puede suceder en España es que se censure por igual a la clase política tanto cuando alcanza acuerdos parlamentarios como cuando es incapaz de sumar una mayoría. Los millones de españoles que consideran que este Gobierno nos lleva al desastre son equivalentes a los otros millones que piensan lo contrario. En ese mapa político, que según los sondeos no se ha modificado, condenar y lamentar que el Gobierno de Pedro Sánchez obtenga sucesivas mayorías para sacar adelante sus planes solo puede interpretarse desde la frustración, el desencanto y, en algunos casos, desde la desesperación.

Y tercera, y fundamental: la rivalidad política no puede suplantar la urgencia sanitaria. El Gobierno de Pedro Sánchez puede ser enjuiciado de muy distinta forma por sus actos, pero por encima de este Gobierno y de su presidente, muy por encima, está la pandemia que ha asolado el mundo. Ante una urgencia extrema, la responsabilidad de la gestión de la crisis sanitaria le correspondía al Gobierno legítimo de España. Punto. Y que nadie se olvide de que esta pandemia que ha costado casi 30.000 vidas todavía no ha pasado.

Pero hablábamos de la habilidad política de Pedro Sánchez, que ha consistido no solo en sacar adelante las sucesivas prórrogas del estado de alarma, sino en aprovecharlas para arrinconar más a la oposición y para bajarles los humos a sus socios de investidura, a quienes ha despreciado sutilmente en varias ocasiones. El PP se descolgó en la cuarta prórroga y, desde entonces, principios de mayo, ha votado en contra. Aquella vez, su grupo parlamentario se abstuvo, pero Casado anunció que sería la última. Lo hizo, además, con tono sobrado, dándole 15 días de plazo a Pedro Sánchez para que buscase una alternativa, seguro de que, con sus votos en contra, no habría mayorías para continuar con el estado de alarma.

"Ustedes dicen que o se les apoya o esto será el caos. ¿Qué es el caos? El caos es usted ¿Quién se cree que es? ¿Napoleón? Usted es el error absoluto; el problema es usted", dijo Casado. La jugada no le pudo salir peor al dirigente popular: lo apostó todo y el resultado fue que su grupo pasó a ser irrelevante para formar las mayorías que necesitaba Pedro Sánchez. Desde ese día, el presidente del Gobierno ha acudido dos veces más al Congreso a revalidar el estado de alarma y, con los votos en contra del Partido Popular y de Vox (segunda y tercera fuerza política, juntos suman 20 escaños más que el PSOE), Pedro Sánchez ha conseguido incluso más apoyos que cuando fue investido presidente del Gobierno, como ha ocurrido en la última votación.

Con los votos en contra del Partido Popular y de Vox, Sánchez ha conseguido incluso más apoyos que cuando fue investido presidente del Gobierno

De inmediato, lo que hizo Pedro Sánchez fue aprovechar el error de Pablo Casado para lanzarle un salvavidas a Ciudadanos, la posibilidad de recuperar un discurso propio, de centro, en vez de continuar de obligado acompañante del Partido Popular y Vox, en directa competencia por el titular más grueso. La nueva líder de Ciudadanos comprendió al instante que no aceptar ese papel la abocaba a una doble irrelevancia, dentro del centro derecha y dentro del Congreso, donde solo dispone de 10 diputados que, ahora, por primera vez, se cuentan como decisivos. La relevancia estratégica de ese cambio ha servido, a su vez, para que Pedro Sánchez pueda marcar distancias con sus socios nacionalistas, el PNV y, fundamentalmente, Esquerra Republicana, doblemente ninguneada, primero con Ciudadanos y posteriormente con Bildu.

La situación es tan pintoresca que en el mismo discurso se puede oír a ambos portavoces criticar el acercamiento de Pedro Sánchez a Ciudadanos, lanzarle severas advertencias y confirmar, a continuación, que ellos, que son ultranacionalistas, celosos de cada competencia autonómica, van a respaldar de nuevo el mando único del estado de alarma. Como cuando el portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián, repite por enésima vez su amenaza de abortar la legislatura. “No vamos a dar ya más toques de atención. Si incumplen con la mesa de diálogo con Cataluña, se acaba la legislatura”. Con seguridad, habrá ‘mesa de diálogo’ con Cataluña en breve, y ya veremos cómo acaba todo eso, pero ¿de verdad está segura Esquerra de que sigue siendo imprescindible y de que es quien decide la duración de la legislatura? La habilidad demostrada de Pedro Sánchez les aconseja más recato y menos ultimátum.

Matacán
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