Trapero canta victoria

En su declaración en este juicio, siempre se ha referido al 'procés' independentista con desapego, con hastío, “el tema de la independencia”, decía con cierto desdén

Foto: Josep Lluís Trapero, saliendo de una sesión del juicio. (EFE)
Josep Lluís Trapero, saliendo de una sesión del juicio. (EFE)
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La desescalada más ignorada de los últimos meses ha sido la del Ministerio Fiscal en el juicio celebrado en la Audiencia Nacional contra el que fuera jefe de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, durante la revuelta independentista catalana: el fiscal comenzó el proceso acusando de rebelión, cuando llegó a la vista oral lo cambió a sedición y, cuando se ha acabado el juicio, ha ofrecido como condena la desobediencia.

Es decir, por los mismos hechos, el fiscal ha pasado de pedir 11 años de cárcel por considerarlo uno de los delitos más graves de una democracia a ofrecer, finalmente, la posibilidad de que solo se le multe, sin pena alguna de prisión. Si el tribunal decide absolverlo, no tendrá más que utilizar la indecisión de la Fiscalía para avalar la falta de pruebas. En todo caso, antes de que se dicte sentencia, Trapero puede cantar victoria porque la sola calificación incierta de la Fiscalía confirma su triunfo en el juicio. ¿Tiene que ver todo esto con razones políticas, con las presiones del Gobierno de Pedro Sánchez para contentar a sus socios independentistas? Siempre habrá quien alimente esa teoría de la conspiración, porque es verdad que todo Gobierno quiere condicionar al Ministerio Público en aquellos procedimientos judiciales que le afectan, pero no parece que sea el caso. Existen otros pormenores, acontecidos durante este proceso penal, que explican mucho mejor este proceder, en apariencia errático, de la Fiscalía. No debemos caer jamás en esa insultante inercia que existe en España de considerar a todos los fiscales mercenarios a sueldo del Gobierno de turno, sin la más mínima consideración sobre esos profesionales, sobre su rigor y su imparcialidad, como marca la Constitución.

La diferencia fundamental del juicio de Josep Lluís Trapero con el precedente de los principales cabecillas de la revuelta separatista catalana ha sido su estrategia procesal, radicalmente opuesta a la de sus jefes de entonces. Trapero, como ya reseñamos al inicio de este juicio, ha sido el único de los protagonistas de aquellos graves incidentes que ha pedido disculpas ante el tribunal y ha mostrado arrepentimiento. En su declaración en este juicio, siempre se ha referido al 'procés' independentista con desapego, con hastío, “el tema de la independencia”, decía con cierto desdén, y se comparó con la mayoría del pueblo catalán que, simplemente, pensaba que todo aquello no iba a ninguna parte. “Como mucha gente en Cataluña, esperábamos que esa situación no siguiese para adelante, que aquello acabaría en elecciones, que no harían alguna barbaridad, porque lo pienso así, una barbaridad (…) Cuando vimos que aquello seguía para adelante, los mandos de los Mossos pensamos en hacer una rueda de prensa, luego un comunicado, pero finalmente declinamos una cosa y otra. Ahora lamento no haberlo hecho”. Subrayemos eso de nuevo: aunque a alguien pueda parecerle que se trata de un arrepentimiento débil, o incluso interesado, que lo compare con aquellos que pedían la última palabra al juez Marchena para retarlo: “Lo volveremos a hacer”.

Josep Lluís Trapero. (EFE)
Josep Lluís Trapero. (EFE)

La principal debilidad de Josep Lluís Trapero es que ese arrepentimiento no resuelve las dos principales dudas que pesan sobre su comportamiento y, más allá, sobre el relato que hace de su actuación en aquellos días. Josep Lluís Trapero no solo no era un ciudadano más de Cataluña, ni siquiera un agente más de los Mossos, sino que fue alguien elegido por Carles Puigdemont para que ocupara ese sitio clave durante el referéndum ilegal de independencia. Hacía 10 años, desde 2007, que estaba vacante en los Mossos el cargo de mayor, el cargo de más alto rango en el cuerpo autonómico, y Puigdemont se lo concedió a Josep Lluís Trapero el 18 de abril de 2017, cinco meses antes de que se iniciara la revuelta. Es evidente que si, al llegar el otoño, Trapero hubiera manifestado abiertamente su oposición, y la de los Mossos, a un proceso ilegal de independencia, el 'procés' se hubiera desvanecido. Simplemente con haber dicho que los policías autonómicos estarían siempre del lado de la ley y nunca de la independencia ilegal. O que estaba dispuesto a detener al 'president' de la Generalitat si se saltaba la ley, como ha dicho luego, en el juicio. Es probable que, de haber sido así, el independentismo no hubiera seguido adelante. O, por lo menos, se hubieran complicado las cosas extraordinariamente para Puigdemont y Oriol Junqueras. Tan evidentes son esas lagunas en el testimonio de Trapero, que el Ministerio Fiscal las ha usado durante todo el juicio, pero con un resultado desolador. De todos los testigos que han pasado por la sala de la Audiencia Nacional, el principal valor de la Fiscalía ha sido, una vez más, el coronel Pérez de los Cobos y, más allá de él, la sentencia previa del Tribunal Supremo que, a los efectos de Trapero, no le supondrá —ni puede utilizarse así— una prueba de cargo para condenarlo por sedición.

Trapero canta victoria

Trapero ha sido el más listo ante los tribunales de todos los procesados por la revuelta independentista y, además, ha contado con una abogada defensora, Olga Tubau, que ha acudido a la Audiencia Nacional a defender a su cliente, no a mitinear ante el tribunal, ni a desafiarlo ni a menospreciarlo. No ha acudido al juicio con un lacito amarillo ni ha cuestionado a la Justicia española, como hacían muchos abogados en el juicio del Tribunal Supremo, sino que ha alabado al tribunal por facilitar la labor de las defensas y por “el profundo respeto” de los principios esenciales del proceso penal en un Estado de derecho. La letrada Olga Tubau, que es un espectáculo de minuciosidad, templanza y control de la causa, acabó su informe final, de cuatro o cinco horas, con uno de los momentos más gloriosos de este juicio: después de meses y meses de tensión, de máxima concentración, una profesional como ella, con más de 30 años de experiencia, acabó derrumbándose. Citó a un ministro de Justicia de finales del XIX, Manuel Alonso Martínez, y, entre lágrimas, dijo sus últimas palabras en este juicio: “Un ciudadano de un pueblo libre no debe expiar las faltas que no son suyas ni ser víctima de la impotencia y el egoísmo del Estado. Esto es algo que los tribunales pueden evitar. Les pido que lo eviten con la sentencia absolutoria”.

Matacán
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