Hay un muerto en la carretera, pero es negro

"No es la primera vez que ocurre, porque la brutalidad policial es constante. Ellos no le piden nada a Marruecos, no quieren nada, solo pretenden llegar a España. Y los persiguen y los matan a palos"

Foto: Imágenes del cadáver en Marruecos.
Imágenes del cadáver en Marruecos.

En el arcén de la carretera hay un muerto, pero es negro. Por eso los coches no se detienen cuando pasan a su altura y lo ven tendido en el suelo, con la cara tapada. Ni siquiera por los gritos de un grupo de jóvenes que, en torno al cadáver, está pidiendo justicia por algo que ha salido mucho en los informativos en los últimos meses, en todo el mundo, pero esto no es Estados Unidos, sino Marruecos; no es Minneapolis sino la frontera de España, a pocos metros de Ceuta. La policía marroquí, según denuncian, se internó la madrugada del pasado viernes en el bosque en el que se concentraban un grupo de subsaharianos "y, como siempre ocurre, los agentes les pidieron que les entregasen los móviles y el dinero que tuviesen. Este chico se negó a entregarles su móvil, comenzaron a golpearlo, en la cabeza y, en uno de esos golpetazos, cayó desplomado al suelo, muerto". Luego, se marcharon del lugar y los compañeros del joven fallecido se llevaron el cuerpo a la carretera, y lo colocaron en el arcén, para que todo el mundo lo viera, pero nadie se detuvo. "No es la primera vez que ocurre, porque la brutalidad policial es constante, y como forma de protesta lo llevan a la carretera más próxima, para que la gente sepa lo que está ocurriendo. Ellos no le piden nada a Marruecos, no quieren nada, solo pretenden llegar a España. Y los persiguen y los matan a palos".

Hay un muerto en la carretera, pero es negro

Cada vez que uno de estos episodios se produce en Marruecos, la noticia ni siquiera llega a España, por duras y escalofriantes que sean las imágenes que envían algunas ONG de Derechos Humanos, como estas a las que ha tenido acceso El Confidencial. Lo sucedido, en esta ocasión, guarda una relación directa con la hipocresía con la que tantas veces se aborda el inmenso problema de la inmigración en el debate político en España, cuando se anuncia, por ejemplo, que el Gobierno va a eliminar las concertinas, las cuchillas, de las vallas de Ceuta y de Melilla por su defensa de los Derechos Humanos y se oculta que, paralelamente, se ha financiado a Marruecos para que construya a pocos metros una valla mayor y que su policía disperse con dureza a los inmigrantes que intenten saltar a territorio español.

"¿Y si el muerto no estuviera en una carretera de Marruecos, sino en una de España? ¿Habría hoy manifestaciones por todo el país?"

Exactamente eso es lo que ha sucedido esta vez. Como el 31 de julio comenzó en Marruecos la Fiesta del Cordero, que es la gran festividad del islam, los subsaharianos que se agolpan en el entorno de Ceuta, una zona boscosa, organizaron un asalto a la valla para este fin de semana, primero de agosto. "Pero la Policía marroquí —sostienen las citadas fuentes de ONG de Derechos Humanos— tiene infiltrados entre los propios grupos de inmigrantes y, al conocer los planes, hicieron una redada en la que murió el joven al que golpearon en la cabeza por no entregar su móvil".

Hay un muerto en la carretera, pero es negro

El debate de la inmigración, ya lo sabemos, es tan enormemente complejo, tan difícil de abordar; tenemos tan claro que se trata de un drama que quizá no tiene solución que, en la mayoría de los casos, la opción elegida es la de mirar hacia otro lado. Si no lo podemos resolver, para qué preocuparnos. Esa es la lógica mayoritaria entre nosotros, para qué ocultarlo.

Luego habrá otros, también es cierto, que pensarán que ni siquiera es un problema nuestro y que lo que tiene que hacer España es cerrar aún más todas las fronteras y expulsar de aquí a todo el que se haya colado. Al final, en definitiva, en esos debates nos consumimos y el que se queda tirado en el arcén es el muerto. Como los coches que pasan a su lado, seguimos adelante. Pero ¿y si el muerto no estuviera en una carretera de Marruecos, sino en una de España? ¿Habría hoy manifestaciones por todo el país contra la brutalidad policial? A fin de cuentas, en las cosechas de frutas y verduras de varias provincias españolas, sobre todo en Andalucía, trabajan y viven muchos subsaharianos como ese chaval que ha muerto en Marruecos y que soñaba con eso mismo, pisar Europa.

Hace unas semanas, en una entrevista en El Confidencial, el arzobispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo, propuso como solución el sencillo ejercicio de "llamar a las cosas por su nombre". "Fíjese, por ejemplo, en la forma que tenemos de hablar de las fronteras: no hay chicos que pasan hambre, no hay mujeres sometidas, día tras día, a violaciones, no hay niños que no saben qué es una casa familiar… En las fronteras hay sin papeles, irregulares, ilegales… Se habla de ellos como si fueran fantasmas, que no sufren. Todo esto es una grandísima hipocresía. Esta sociedad que no tolera que se maltrate a un perro, cómo es que tolera que se mate a miles de inmigrantes".

Sobre el asfalto hay un muerto, es negro, pero no se llama George Floyd, aunque también era negro y murió por la violencia policial en Estados Unidos. Dicen que después de llevarlo a la carretera, sus compañeros construyeron con ramas una camilla funeraria y, en un cortejo de llantos y de gritos, se lo llevaron otra vez al bosque en el que aguardaban el asalto. Cavaron una fosa y lo enterraron. Ni nombre, ni fecha, ni historia. Solo es un negro más que muere intentando llegar a España.

Matacán
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