Cayetana, un bolero suelto
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Javier Caraballo

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Cayetana, un bolero suelto

El rumor de la patada la acompañaba desde hace semanas, pero ha sido ahora cuando se ha publicado el titular, “Destituida”​, que pone fin a su carrera política, al menos en el Partido Popular

Foto: Cayetana Álvarez de Toledo. (Ilustración: Raúl Arias)
Cayetana Álvarez de Toledo. (Ilustración: Raúl Arias)
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La vida es ondulante, eso lo sabía Cayetana Álvarez de Toledo porque se lo leyó a Josep Pla, que lo había adoptado de Michel de Montaigne, pero luego miró a su alrededor y se dio cuenta de que si la vida es ondulante, la política lo es mucho más. “Como una montaña rusa con percepciones muy cambiantes, muy efímeras y volátiles”, dijo en su última cita con El Confidencial, y tan acertada estaba en su percepción que lo único que le faltaba por saber es que ella misma saldría volando por los aires en la última curva.

El rumor de la patada la acompañaba desde hace semanas, pero ha sido ahora cuando se ha publicado el titular, “Destituida”, que pone fin a su carrera política, al menos en el Partido Popular, porque esta mujer ha quemado con dos finales abruptos sus dos etapas en ese partido, primero con Rajoy y ahora con Casado. Es decir, se ha quemado, o no ha cuajado, en los dos sectores ideológicos entre los que siempre oscila el centro derecha español. Ni en el proyecto de moderación y mayor centralidad que representaba Mariano Rajoy ni en el del giro a la derecha, que ha pretendido Pablo Casado para frenar la sangría de votos de este partido hacia la extrema derecha.

Foto:  La hasta hoy portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo(c). (EFE)

Lo más bonito que ha dicho de Rajoy fue hace unos meses, en plena pandemia, cuando lo comparó con el perro de Lord Byron: “Me pasa como con el chiste del perro, cuanto más padezco este Gobierno de Pedro Sánchez, más admiro a Mariano Rajoy Brey”, dijo la exportavoz. A Pablo Casado, por el momento, solo le ha aplicado distanciamiento, de modo que el presidente del Partido Popular ha pasado a ser para Cayetana Álvarez de Toledo el “señor Casado”, con esa sequedad con que los políticos se alejan de sus antiguos compañeros cuando caen en desgracia.

Como Cayetana Álvarez de Toledo es una mujer joven y decidida, y transpira política por cada poro, nadie puede saber ahora si acabará recalando en otro partido distinto, pero antes de decidir nada, quizá le convenga bajarse del pedestal y pensar que su mayor problema para madurar es ella misma. Por eso que decía san Agustín, que la soberbia no es grandeza sino hinchazón. Eso es lo que lo deforma todo. Quiere decirse que la mayoría de los principios y valores que defiende Cayetana Álvarez de Toledo se pueden compartir, desde un punto de vista estrictamente de defensa de los derechos y libertades de una sociedad democrática, pero todo se desmorona cuando contemplamos la aplicación práctica que hace de los mismos.

Antes de decidir nada, quizá le convenga bajarse del pedestal y pensar que su mayor problema para madurar es ella misma

Por ejemplo, cuando habla de su defensa de la Constitución y de la democracia. En su despedida 'de facto' del Partido Popular, ha vuelto a repetir algo en lo que insiste mucho, que nadie puede acusarla de pertenecer al ‘sector duro’ de la derecha porque defiende la creación de un Gobierno de concentración constitucionalista. No es la única que lo dice: existe una corriente en España que sostiene lo mismo sin reparar en lo más elemental, que son ellos mismos quienes hacen un enorme daño a la Constitución y a la democracia. Eso de ir repartiendo carnés de constitucionalistas y de demócratas, como hace Cayetana Álvarez de Toledo, es incompatible con el respeto al diferente y, lo que es más grave aún, con la propia Constitución. Se les olvida permanentemente que es la Constitución española la que ampara las diferencias, incluso las diferencias de aquellos que no están de acuerdo con la Constitución. El constitucionalismo no lo determina la discrepancia con la Constitución sino el acatamiento y el sometimiento de esa norma máxima de nuestro Estado de derecho.

El panel de ‘anticonstitucionalistas’ y ‘antidemócratas’ que ha ido elaborando Cayetana Álvarez de Toledo es ya tan extenso que va desde Podemos hasta el PNV, pasando por varios medios de comunicación a los que también se ha enfrentado porque, según ella, participan en una operación en marcha para erosionar y acabar con la democracia en España. Al frente de esa operación, por supuesto, está Pedro Sánchez, al que ni siquiera le concede la facultad de representar al Partido Socialista y a casi siete millones de votantes.

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, y la ya exportavoz del grupo Cayetana Álvarez del Toledo, durante una sesión de control al Ejecutivo. (EFE)

¿Qué valor puede tener que alguien diga, como hace Álvarez de Toledo, que propone un Gobierno de concentración si, previamente, ha eliminado a medio arco parlamentario porque no los considera constitucionalistas ni demócratas? La tolerancia que le falta a Cayetana Álvarez de Toledo, y a quienes reparten vetos e indulgencias democráticas a diario, es la que se impone en todo diálogo democrático si el objetivo que se persigue es el de alcanzar acuerdos y acercarse a la sociedad, sin que los prejuicios prevalezcan sobre los objetivos. Hasta a los propios dirigentes de su partido, como aquellos presidentes regionales que hacen política en algunas comunidades de marcado carácter nacionalista, les ha llegado la amonestación de esta mujer, que siempre los ha visto como unos endebles pusilánimes que han hincado la rodilla.

La despedida de la portavoz pepera, en el silencio del agosto madrileño de las inmediaciones del Congreso, ha dejado el estruendo de un portazo, dirigido a la línea de flotación de su partido, por eso la aplaudían tanto al instante los diputados de extrema derecha. De hecho, es lo primero que quiso decir con jactancia: su destitución es mala para el Partido Popular y para España. Ya veremos, porque falta mucho para las elecciones generales. De momento, aquí se cierra la etapa de Cayetana Álvarez de Toledo en el Partido Popular, que más que verso suelto, y en eso tiene razón, ha sido un bolero suelto, como aquel que cantaba Chavela y que se llama ‘No volveré’: “Fuimos nubes que el viento apartó, fuimos piedras que siempre chocamos. Gotas de agua que el sol resecó, borracheras que no terminamos. En el tren de la ausencia me voy, mi boleto no tiene regreso”.

La vida es ondulante, eso lo sabía Cayetana Álvarez de Toledo porque se lo leyó a Josep Pla, que lo había adoptado de Michel de Montaigne, pero luego miró a su alrededor y se dio cuenta de que si la vida es ondulante, la política lo es mucho más. “Como una montaña rusa con percepciones muy cambiantes, muy efímeras y volátiles”, dijo en su última cita con El Confidencial, y tan acertada estaba en su percepción que lo único que le faltaba por saber es que ella misma saldría volando por los aires en la última curva.

Cayetana Álvarez de Toledo