La España pasota y el ignaro del Perú
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Javier Caraballo

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La España pasota y el ignaro del Perú

La cuestión es que, sobre esa ola invisible de inercia cultural contra nosotros mismos, la 'leyenda negra' se retroalimenta y se recrea

placeholder Foto: Aviones sobrevolando la bandera de Perú. (EFE)
Aviones sobrevolando la bandera de Perú. (EFE)

La 'leyenda negra' española, que sigue viva, ha tenido siempre tres poderosos aliados: un interés político perverso, la ignorancia estrepitosa y el pasotismo de España. Y como ninguno de los tres se agota, porque permanecen como vestigios de la condición humana, están provocando el extraordinario fenómeno de que una patraña interesada se mantenga viva, e incluso se adapte, a cada tiempo nuevo, siglo tras siglo. Esta es una peculiaridad del pueblo español al que difícilmente podríamos encontrarle una simetría en cualquier otro país del mundo, sobre todo en aquellos que, como España, fueron grandes en algún momento de la historia, marcaron épocas y crearon grandes imperios. Pensemos solo en algunas cuestiones que nos pueden parecer banales, como las películas y las series históricas.

Comparemos, por ejemplo, las películas sobre el Imperio Romano, lleno de gloria, fortaleza y seducción, frente a la imagen despreciable, salvaje y cutre de la historia de España. O podemos ver series de vikingos en las que la violencia y el salvajismo se integran como una épica y los ves a todos altos, rubios y guapos, cuando no parece que fueran nada de eso, según el perfil que van trazando los investigadores sobre aquellos pueblos saqueadores de riqueza. Solo los españoles de hace cinco siglos, cuando la conquista de América, aparecen en la ficción como seres malvados, sucios y borrachos. Con decir que, quizá, las mejores páginas de la historia de España las dejó escritas un austriaco, el sublime Stefan Zweig, ya está todo dicho. Quien haya leído 'Momentos estelares de la Humanidad' o 'Magallanes' sabrá bien de lo que se habla.

La cuestión, en fin, es que, sobre esa ola invisible de inercia cultural contra nosotros mismos, la 'leyenda negra' se retroalimenta y se recrea constantemente, jaleada por sus tres poderosos aliados. El interés político perverso está en el mismo origen de la mala fama contra España, cuando la 'leyenda negra' se comenzó a difundir por ingleses y holandeses en el siglo XVI para minar y desprestigiar el imperio español.

Con decir que, quizá, las mejores páginas de la historia de España las dejó escritas un austriaco, el sublime Stefan Zweig, está todo dicho

En la actualidad, si tuviésemos que compararlo con una gigantesca campaña de fake news a través de las redes sociales, es probable que nos quedásemos cortos. Por esa razón, hay dirigentes políticos, especialmente líderes populistas y de izquierdas, que la siguen utilizando para darle sustancia a la demagogia de sus discursos y soflamas. El último ha sido el nuevo presidente de Perú, Pedro Castillo, que aprovechó su toma de posesión, en la que estaba presente el Rey Felipe VI, para responsabilizar al colonialismo español de las enormes desigualdades sociales de su país, las grandes injusticias y la pobreza lacerante de tantos cientos de miles de peruanos. Y como gesto simbólico, el presidente peruano, anunció en su toma de posesión que, en adelante, el edificio de Gobierno no será la 'Casa de Pizarro', en Lima, para simbolizar así la ruptura con la herencia y la memoria de España. "Durante cuatro milenios y medio nuestros antepasados encontraron maneras de resolver los problemas y de convivir en armonía con la rica naturaleza que la providencia les ofrecía. Fue así hasta que llegaron los hombres de Castilla (…) La derrota del incanato dio inicio a la era colonial. Fue entonces y con la fundación del Virreinato que se establecieron las castas y diferencias que hasta hoy persisten", dijo.

Conclusión, la culpa de lo que pasa en Perú la tiene Francisco Pizarro y los españoles. Sencillamente delirante, pero al tipo le sirve para sacudirse los problemas y buscar un enemigo externo, que es la fórmula más trillada del populismo. Para eso cuenta, además, con los otros dos poderosos aliados, la ignorancia y el pasotismo de España. Para empezar, el imperio Inca no era el remanso de paz y de concordia del que habla el presidente peruano, fiel a esa doctrina ‘neo indigenista’ que quiere borrar toda huella española. Cuando Francisco Pizarro pisó aquellas tierras, el inca Atahualpa, venerado por los indigenistas, acababa de asesinar a su hermano, Huáscar, en una guerra civil dinástica. Gracias a ese odio interno, los seguidores de Huáscar se aliaron con Pizarro para poder vengarse y derrocar a Atahualpa, que fue el último Señor Supremo de aquel imperio grandioso y teocrático, que no conocía la rueda ni la escritura, pero que hizo avances en astrología que aún en la actualidad resultan deslumbrantes. Quiere decirse, en suma, que la conquista del Perú, así como del resto de América, solo fue posible gracias al deterioro interno de aquellas sociedades.

Foto: Gloria Muñoz como Francisca Pizarro (David Ruiz)

En la historia de la humanidad solo existe una verdad incuestionable cuando se analizan el esplendor y la caída de los grandes imperios: "Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro" (Will Durant). Esta máxima sigue operando hoy, por cierto.

En España, el discurso mentecato del nuevo presidente de Perú ha sido saludado con vítores por una parte de la izquierda (la vicepresidenta Yolanda Díaz ha dicho que supone “una brizna de esperanza”) mientras que en el resto se ha instalado la apatía o el pasotismo español que, también desde los orígenes, acompaña a la ‘leyenda negra’, como supo denunciar Francisco de Quevedo en 1609 en su ensayo —atención al título— 'España defendida de los tiempos de ahora, de las calumnias, de los noveleros y sediciosos'. Lo de una parte de la izquierda española llama, en este caso, especialmente la atención porque el nuevo presidente peruano es un tipo peculiar en lo ideológico, un marxista radical de moral conservadora, contrario al aborto y al matrimonio homosexual… Pero todo eso ya pertenece a otro debate, a otras contradicciones y desvaríos. En lo esencial, es que, por mucho que todo esto parezca irrelevante o pintoresco, jamás debemos considerarlo una causa perdida.

Denunciar las patrañas nuevas de la leyenda negra debería ser una obligación social e institucional en España. Así que empecemos por cada uno de nosotros. Nada más. Por cierto: la Casa de Pizarro en Lima, esa que no quiere ocupar el presidente Calderón, en realidad no existe, solo el solar, en el que también estuvieron después otros muchos dirigentes, como los libertadores San Martín y Bolívar. Parece que de la época colonial solo queda una higuera en el patio; todo lo demás es reciente, de principios del siglo XX, que fue cuando se construyó aquel palacio íntegramente. Pero ya se ve que ninguna realidad puede estropear el simbolismo de un patético demagogo.

La 'leyenda negra' española, que sigue viva, ha tenido siempre tres poderosos aliados: un interés político perverso, la ignorancia estrepitosa y el pasotismo de España. Y como ninguno de los tres se agota, porque permanecen como vestigios de la condición humana, están provocando el extraordinario fenómeno de que una patraña interesada se mantenga viva, e incluso se adapte, a cada tiempo nuevo, siglo tras siglo. Esta es una peculiaridad del pueblo español al que difícilmente podríamos encontrarle una simetría en cualquier otro país del mundo, sobre todo en aquellos que, como España, fueron grandes en algún momento de la historia, marcaron épocas y crearon grandes imperios. Pensemos solo en algunas cuestiones que nos pueden parecer banales, como las películas y las series históricas.

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