El que asaba la vaca y el caos de los ERE
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Javier Caraballo

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El que asaba la vaca y el caos de los ERE

En estas circunstancias, ante este caos exponencial, a nadie le sorprenderá que en la Audiencia de Sevilla se esté viviendo una situación tan insólita como una ‘fuga’ de jueces, achicharrados por la carga de trabajo que soportan

placeholder Foto: Chaves y Griñán, de espalda, durante el juicio. (EFE)
Chaves y Griñán, de espalda, durante el juicio. (EFE)

En el plano general, se divisa un cortijo andaluz como una gota blanca, una mancha de cal, en medio de un mar verde de olivos. La cámara se acerca y, poco a poco, se va perfilando una fiesta, se oyen guitarras y bullicio, todos alrededor de una fogata central en la que un hombre corpulento, que no para de soltar carcajadas, con la camisa abierta y un habano en la boca, arroja billetes al fuego en el que se está asando una vaca. Tan potente fue aquella imagen, tan cinematográfica, que por mucho tiempo bastará mencionarla para que, sin añadir nada más, todo el mundo sepa que se está hablando de los ERE. “Mi hijo tiene dinero para asar una vaca”, fue la frase que iba diciendo por el pueblo la madre de uno de los ‘conseguidores’ de la Junta de Andalucía, Juan Lanzas, un antiguo sindicalista de UGT, amigo de Gaspar Zarrías, entonces todopoderoso cerebro de la Junta de Andalucía que presidía Manuel Chaves.

Un vecino de Albanchez de Mágina, el pueblecito de Jaén en el que nació Lanzas, le envió una carta a la juez Mercedes Alaya, que se incorporó al sumario, en la que se narraba esa anécdota, negada por el afectado, además de denunciar que el rumor que existía es que todo el dinero lo tenía escondido en un zulo. Por más que la Guardia Civil rastreó la zona, el supuesto zulo lleno de billetes nunca apareció; solo encontraron, ocultos en una máquina de escribir, 82.000 euros, una cantidad insignificante en comparación con los 13 millones de euros que, según la juez Alaya, habría podido recaudar Juan Lanzas (‘El saqueo de los ERE’. Editorial Libros.com). Por todas esas andanzas, la Fiscalía Anticorrupción le pide ahora catorce años de cárcel, siete en cada uno de los juicios que están pendientes de celebrarse, a pesar de los años transcurridos desde que comenzó la causa en 2009.

Téngase en cuenta que el origen del fraude es 2001 y se extiende durante una década, hasta que en 2011 comienza la investigación

Conviene detenerse en este último aspecto, el inmenso retraso que acumula el macroproceso de los ERE, porque al despropósito mayúsculo que supuso el despilfarro millonario de la Junta de Andalucía solo le faltaba que se le sumara el caos judicial que existe. De hecho, estas causas que afectan al conseguidor Juan Lanzas, entre una docena de imputados, son solo dos de las 170 piezas en las que se dividió la ‘macrocausa’ de los ERE y que aún están a la espera de juicio. ¿Cuándo finalizará todo? Nadie puede responder a esa pregunta porque, sencillamente, es imposible determinarlo. Lo único que puede servirnos como referencia es el dato de que, desde 2017, solo se han podido celebrar cuatro juicios y se han dictado dos sentencias, una de ellas de la llamada ‘pieza política’, por la que fueron condenados dos expresidentes andaluces, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, pero que aún está pendiente de recursos en el Tribunal Supremo.

El ritmo de celebración de juicios no será mayor en el futuro: en julio pasado se fijó para septiembre de 2023 el próximo de los ERE que se va a celebrar, con lo que es probable que cuando se acaben de celebrar todas las vistas muchos de los protagonistas de este escándalo hayan desaparecido, por jubilación o por defunción, como ya ocurrió con Javier Guerrero, el famoso director general de Trabajo que era el principal acusado. Téngase en cuenta que el origen del fraude es 2001 y se extiende durante una década, hasta que en 2011 comienza la investigación de la juez Mercedes Alaya.

Foto: El secretario general de UGT, Pepe Álvarez en Valencia. (EFE)

En estas circunstancias, ante este caos exponencial, a nadie le sorprenderá que en la Audiencia de Sevilla se esté viviendo una situación tan insólita como una ‘fuga’ de jueces, achicharrados por la carga de trabajo que soportan. Es decir, magistrados de una gran experiencia y profesionalidad que renuncian a todo lo que han conseguido y se marchan a una plaza inferior, un juzgado unipersonal, lo más alejados posible de una ‘macrocausa’ -que no es, además, la única que se instruye- que ha dinamitado toda la estructura judicial.

Esta misma semana se ha despedido la última magistrada, una de las más veteranas de la Audiencia sevillana, pero el goteo de renuncias viene de varios meses atrás, incluyendo a quienes fuerzan su jubilación o quienes piden un traslado fuera de Sevilla. Se marcan en silencio, sin decir nada, porque tampoco nada esperan; llevan años denunciando lo que iba a ocurrir sin que nadie les haya prestado la más mínima atención. Aquí mismo se viene advirtiendo desde hacía cuatro del colapso que se estaba generando en la Audiencia de Sevilla, con una carga de trabajo que duplica en muchos casos a la media en España que, además, ya es superior a la media europea.

¿Y ha hecho algo al respecto el Consejo General del Poder Judicial? ¿Se ha plantado alguien ante el Ministerio de Justicia?

Lo único que consiguieron las protestas es que hace tres años, en 2018, el Consejo General del Poder Judicial mandase a la Audiencia de Sevilla a un equipo de inspectores para que evaluaran la situación. Redactaron un informe en el que advertían de que la enorme carga de trabajo podía afectar “a la salud física y psicosocial” de los magistrados. ¿Y ha hecho algo al respecto el Consejo General del Poder Judicial? ¿Se ha plantado alguien ante el Ministerio de Justicia? ¿Y la Junta de Andalucía, que tiene transferidas una parte de las competencias de Justicia, ha protestado, él menos? No, nadie ha movido un dedo. Después del informe todo siguió igual y los magistrados comenzaron a hacer las maletas. Es decir, que podemos afirmar sin riesgo de cometer ningún exceso, que el caso de los ERE comenzó con un fraude político inmenso y va a acabar con un fraude judicial desconocido, por el caos y las consecuencias que tendrá sobre el proceso. ‘Desemmascarats', todos desenmascarados, como el nombre de la falla de Valencia, del Convento Jerusalén, que se ha alzado con el primer premio de este año, en la que el artista incluyó la caricatura de Manuel Chaves y José Antonio Griñán, vestidos de bandoleros, para simbolizar la corrupción política española.

Mercedes Alaya Fiscalía Anticorrupción CGPJ UGT