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Teléfono rojo: hay infiltrados en Moncloa
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Pilar Gómez

Maten al mensajero

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Teléfono rojo: hay infiltrados en Moncloa

Un exdirector del CNI comentaba que no le preocupó cuando Iglesias entró en la comisión delegada porque "allí no se hablaba de seguridad nacional". Den la vuelta al argumento

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

La crisis de Ucrania es lo suficientemente grave para que en España la coalición de Gobierno aparque sus cuitas o al menos las disimule. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, pedía ayer “unidad en España” en su comparecencia en el Congreso y podría parecer que se dirigía a la oposición, pero no, era un mensaje a sus socios de Podemos. Casado desde el minuto uno trasladó su apoyo a Sánchez pese a que el presidente le ha ninguneado. El fin de semana alardeó de tirar de teléfono como un líder “planetario” que diría Leyre Pajín, pero, entre llamada y llamada a todos los países que nos dan algún punto en Eurovisión, no ha tenido Mr. Sánchez un hueco para conversar con el líder del PP. Que no se sienta ofendido Casado porque tampoco se habla con Joe Biden y es solo el presidente de EEUU.

Nos hemos familiarizado tanto con el discurso antisistema que ha instaurado Pablo Iglesias en nuestro país que hemos naturalizado comportamientos y declaraciones políticas que las democracias puras no toleran. En Europa hay preocupación por los cinco asientos que Podemos tiene en el Consejo de Ministros. Nos observan como a la Grecia de Syriza. Hay desconfianza, y más cuando el asunto es tan delicado como las relaciones con Rusia. Ayer la Comisión del Parlamento Europeo sobre injerencias extranjeras votó que se investigaran los vínculos entre Putin y el independentismo catalán y los socios de Sánchez votaron en contra. En Bruselas toman nota.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), conversa con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. (EFE/Rodrigo Jiménez)

En el otro polo tampoco gustan los “comunistas” de la Moncloa. No es por una “caza de brujas” a lo McCarthy, es puro tacticismo. Nuestro Gobierno ha festejado cualquier victoria de los regímenes bolivarianos en Sudamérica. Iglesias participó en todas las tomas de posesión de los enemigos del americano. Cuando los diplomáticos alertaban del riesgo de cambiar de aliados en la zona, en sus cálculos estaban las relaciones con la Casa Blanca. A Sánchez se le avisó, pero no escuchó. El efímero encontronazo, por lo violento que resultó, con Biden en la Cumbre del G20 sirvió de poco, como nos temíamos, pese a que se vendió desde Moncloa en clave de bilateral de pasillo.

Aunque el ministro Albares se afane, y lo hace, por recomponer relaciones desde su llegada, la tarea no va a ser fácil. Un exjefe del CNI comentaba que, cuando Iglesias entró en la comisión delegada de los espías, no le preocupó en absoluto porque “allí no se abordaba ningún asunto de la seguridad nacional”. Den la vuelta a este argumento y quizá se expliquen por qué no cuentan con Sánchez en las reuniones de estrategia sobre la respuesta ante la amenaza de Rusia sobre Ucrania.

Cuando Iglesias entró en la comisión de los espías, no le preocupó porque “no se abordaba ningún asunto de la seguridad nacional”

Al presidente, finalmente, no le ha quitado el sueño su pacto con Podemos, pero en Washington no logran dormir. En unos meses, España acogerá la cumbre de la OTAN. Es una buena oportunidad para recomponer relaciones. El papel que tengamos en la actual crisis internacional será la antesala. El ministro de Exteriores acierta dejando claro que España está con los aliados sin fisuras. Ahora hay que tapar las fugas en el Consejo de Ministros para ser creíbles, y no parece de recibo que una parte de la bancada azul jalee el linchamiento a la ministra de Defensa Margarita Robles y el presidente del Gobierno calle. Hoy comparece en la Moncloa. Si acepta preguntas, responda, presidente.

La crisis de Ucrania es lo suficientemente grave para que en España la coalición de Gobierno aparque sus cuitas o al menos las disimule. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, pedía ayer “unidad en España” en su comparecencia en el Congreso y podría parecer que se dirigía a la oposición, pero no, era un mensaje a sus socios de Podemos. Casado desde el minuto uno trasladó su apoyo a Sánchez pese a que el presidente le ha ninguneado. El fin de semana alardeó de tirar de teléfono como un líder “planetario” que diría Leyre Pajín, pero, entre llamada y llamada a todos los países que nos dan algún punto en Eurovisión, no ha tenido Mr. Sánchez un hueco para conversar con el líder del PP. Que no se sienta ofendido Casado porque tampoco se habla con Joe Biden y es solo el presidente de EEUU.

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