La lista que avergüenza a España

La 'lista Montoro' supone un antes y un después. Por primera vez, se publica la lista de los moroso. Lo significativo es saber qué ha pasado en la economía para que sea tan abultada

Foto: El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)

No hace falta acudir a las hemerotecas, ni siquiera a sesudos estudios económicos. Tampoco a un debate entre historiadores. Con sólo echar un vistazo a la lista publicada este miércoles por Hacienda -4.855 morosos con una deuda total de 15.611 millones de euros- cualquier advenedizo tendría un amplio conocimiento de lo que ha pasado en este país en los últimos años con su economía.

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La 'lista Montoro' es, de hecho, el mejor estudio forense de los males de un sistema productivo que colapsó en 2008 tras cortarse el grifo del crédito. Corrupción y pagos en negro, ladrillo a espuertas, burbuja en el mundo del fútbol y la proliferación de conseguidores de medio pelo -fruto de la corrupción política- forman un cóctel demasiado explosivo para cualquier país. Algo que demuestra que la célebre frase que se atribuye al canciller Bismarck -'España es el país más fuerte del mundo, pues lleva queriéndose destruir a sí mismo durante años y todavía no lo ha conseguido'- es una verdad como un templo. Y eso que la lista ha excluido de forma deliberada a quienes adeudan menos de un millón de euros, lo que hubiera convertido el documento de la Agencia Tributaria en una guía de teléfonos de las de antes de la explosión digital.

La lista, en todo caso, es el mejor retrato de los excesos de una época, y por ello no estaría de más que el próximo parlamento la analizara en profundidad. No para hurgar ni sacar los trapos sucios a nadie. Al fin y al cabo, muchas empresas han cerrado por la crisis y también son víctimas de la recesión, sino para sacar conclusiones y preguntarse cómo es posible que Hacienda haya permitido engordar la lista sin que muchos de esos morosos (algunos impenitentes defraudadores a Hacienda) no hayan pasado por la cárcel.

La lista ha excluido a quienes adeudan menos de un millón de euros, lo que hubiera convertido el documento en una guía de teléfonos de las de antes

Probablemente, por una cuestión de fondo que revela no sólo los deficientes resultados de la lucha contra el fraude fiscal (ahí está la ingente bolsa de economía sumergida que apenas se desinfla), sino por el lamentable funcionamiento de la justicia, que provoca que muchos procedimientos se eternicen en el tiempo haciendo que la deuda tributaria crezca y crezca hasta que la empresa está quebrada o el contribuyente haya abandonado la orilla de los vivos.

No estará de más recordar, por eso, que al finalizar el año 2014 la cuantía de la deuda incobrable (concepto que utiliza Eurostat) alcanzaba nada menos que 4.260 millones de euros.

No son esas las únicas deudas que el Estado considera prácticamente incobrables. Las distintas Administraciones Públicas han prestado otros 2.029 millones de euros a los agentes económicos y hoy estima que son de “dudoso cobro”. En total, 6.289 millones que difícilmente podrá recuperar el sector público, como se reconoce en documentos oficiales.

Escarnio público

Existen, sin embargo, otras cuestiones también de fondo que explican la existencia de la lista Montoro. La Agencia Tributaria ha preferido históricamente -no es un asunto nuevo- pactar con el defraudador o con quien ha ido retrasando los pagos de forma poco razonable, lo que ha mermado, y mucho, el poder coercitivo del Estado. Un país en el que los defraudadores a Hacienda van difícilmente a la cárcel -los inspectores prefieren negociar la deuda tributaria- pierde su capacidad de presión. En EEUU y otros países con sistemas de gestión tributaria mucho más eficaces se ha demostrado que la condena a prisión es el mejor antídoto contra los defraudadores y los morosos.

En EEUU y otros países con sistemas de gestión tributaria más eficaces se ha demostrado que la condena a prisión es el mejor antídoto contra morosos

Esa cultura del escarnio público -propia de los países de origen protestante o calvinista- es, probablemente, lo que ha fallado en España. Cuando se ha hecho, utilizando a famosos o líderes de opinión, desgraciadamente el fin era más propagandístico que real. Y de ahí que la iniciativa del ministro Montoro sea algo más que loable.

Hay quien aduce que la publicación de una lista de morosos supone un atentado contra la intimidad, pero se olvida que las deudas con Hacienda no son un asunto privado, sino que atañen también al resto de contribuyentes, que al fin y cabo son quienes se ven obligados a cubrir con su peculio esas necesidades. No se está, por lo tanto, ante un asunto de naturaleza privada, sino pública, y en una sociedad en la que cada vez es más importante la transparencia, parece razonable que los contribuyentes sepan quién paga y quién no paga, como sucede, por otra parte, en cualquier comunidad de vecinos.

Mientras Tanto
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