100 días y 500 sueños
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Begoña Villacís

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100 días y 500 sueños

Cien días no son suficientes para apreciar un cambio, sí deberían serlo para tener claro cuál es su proyecto para Madrid y sus prioridades, más allá de sueños programáticos que ahora son pesadillas

Foto:  Basura acumulada a las puertas del Ayuntamiento de Madrid. (EFE)
Basura acumulada a las puertas del Ayuntamiento de Madrid. (EFE)

La primera pregunta que hemos de hacernos es si realmente son suficientes 100 días para apreciar el “cambio”. La respuesta es no, a no ser que confundamos gestos por hechos y declaraciones por políticas. La verdad, en 100 días, en los que se ha colado agosto, no esperaba ni espero ver un Madrid renovado sin perjuicio de que, por razones de tradición, ahora sí se nos permite comentar las últimas jugadas.

Contraído el optimismo inicial por la bofetada de realismo municipal, los nuevos ocupantes (con c, no con K) de Cibeles habrán advertido a estas alturas, la lejanía de la tierra comprometida en un programa soñado para su defensa en la oposición, no en el gobierno.

Suspendidas por el sentido común, atrás quedan promesas como la creación de una Banca Pública Municipal, o la efectiva paralización de los lanzamientos en contratos de alquiler, espirituosas fórmulas de control ciudadano, las municipalizaciones en masivo y, espero también, la imperiosa necesidad de bloquear todo cuanto huela a capitalismo, a chino o a banco.

Los 100 primeros días se saldan con más ruido mediático que certidumbre política. El madrileño conoce al detalle los apellidos de las nuevas dinastías políticas, sobrinos, padres y restante parentela, se ha escandalizado con tweets de quienes nunca se prometieron una concejalía con responsabilidades de gobierno, y clamado ante supuestos aprovechamientos oKupacionales de espacios públicos (anticapitalismo de amiguetes). Se ha tratado de todo, lo esperable y lo inimaginable, menos de Madrid y los problemas que ocupan y preocupan a los ciudadanos, los grandes olvidados de estos cien primeros días.

Confiemos en que no tengamos que esperar otros cien días para que las piezas del tetris político empiecen a encajar y la maquinaria se ponga en marcha

Explicar que nuestra ciudad sigue sucia no ocupa espacio en ningún periódico o tertulia, simplemente porque hace mucho tiempo que dejó de ser noticia. Pero es innegable que la suciedad sigue campando a sus anchas por las calles de Madrid. A preguntas de esta formación, los responsables de área nos informan sobre la apertura de vías de negociación con las empresas concesionarias, me parece que en ello siguen entrampados hasta las cejas por leoninos contratos a prueba de realidades y extremos cambios políticos. Parece ser que lo de la remunicipalización ni caerá en este año, ni el siguiente, ni resulta ser el bálsamo fierabrás contra todos los males. A la fecha toda una incógnita.

Las grandes operaciones urbanísticas no están paralizadas, simplemente porque para paralizar algo has de haberlo empezado, algo que, a la fecha, está lejos de haber ocurrido. Eso sí, una sombra de incertidumbre e inseguridad jurídica está empezando a planear sobre el cielo Madrid, con el riesgo de espantada de posibles inversiones y su derivada en la generación de empleo. Lo situamos pues también, en el cajón de las incógnitas.

Por lo demás, y en lo que al ciudadano respecta, todo sigue más o menos igual, más camiseta, menos corbata, clásicas y predecibles propuestas ya comentadas en esta columna derivadas de un antiguo concepto de la lucha de clases, impuestos al patrono y cara larga a la gran superficie, profusión de desmarques, tasa sí, tasa no, deuda ilegítima si, deuda ilegítima no.

Versiones Originales, afortunadamente aparcadas, ahora domingos de grandes calles cortadas, banderas arcoíris y consolidadas acampadas en la fachada de un Consistorio que niega ser sólo eso, una fachada.

Pero si bien es cierto que cien días no son suficientes para apreciar un cambio, sí deberían serlo para tener claro cuál es su proyecto para Madrid y sus prioridades, más allá de sueños programáticos que, al despertar, se han convertido para algunos en pesadillas irrealizables. Un proyecto para una ciudad ha de ser, cuanto menos, finalista, los medios se urden cuando se tiene claro cuál es el modelo de ciudad que uno quiere, la primera de las incógnitas que se ha de contestar.

Confiemos en que no tengamos que esperar otros cien días más para que las piezas del tetris político empiecen a encajar, la maquinaria se ponga en marcha y empiece a rodar y quien les escribe pueda realmente criticar, para bien o para mal decisiones efectivamente adoptadas en el ejercicio de las facultadas de gobierno, decisiones urgentes y necesarias. Mientras tanto la opinión no tendrá otro carácter que el puramente especulativo, al igual que las grandes líneas maestras de nuestro recién estrenado consistorio.

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