De agravio fácil

En Francia existen normas que impiden que el Ejecutivo defienda los intereses de sus simpatizantes por encima de los intereses del conjunto de los franceses

Foto: 'Presos Políticos', obra que Santiago Sierra expuso en ARCo. (EFE)
'Presos Políticos', obra que Santiago Sierra expuso en ARCo. (EFE)

"Dadme seis líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y yo encontraré en ella motivos suficientes para hacerlo encarcelar" decía Richelieu hace casi cuatro siglos. Seis líneas que bien pueden ser hoy un mensaje en una red social, una declaración descontextualiazada o literal, un titular o una acción. La masa Richelieu, minoritaria y sobrerepresentada no descansa, alerta siempre ante cualquier posible material de agravio. Tampoco es muy de analizar o corroborar o leer más allá de esas seis líneas para ejercer su auto otorgada función de jurado paralelo, un auténtico 'fast food' de la verdad y la justicia.

¿Significa esto que la masa siempre se equivoca? En absoluto, por una cuestión puramente estadística en ocasiones acierta, el caso ARCO es buena prueba de ello. La semana pasada, la galerista Helga de Alvear decidió retirar de su 'stand' a petición de la Feria la serie de 24 fotografías de Santiago Sierra titulada 'Presos Políticos en la España Contemporánea'. Evidentemente no participo de la teoría del artista en cuestión, el expone presos políticos y yo veo políticos presos, es evidente que con el Sr. Sierra se podrá discrepar, pero la censura es el arma de quien prefiere los atajos al debate, haciéndole de paso el caldo al censurado, que ha saldado su fugaz exhibición con más notoriedad de la esperada y 96.000 euros más en su cuenta bancaria.

En lo que estaban retirando el último de los cuadros la polémica ya estaba servida, ARCO era noticia, y desgraciadamente no por haber conseguido sobrevivir una durísima crisis en la que autores y galeristas a duras penas conseguían malvender un cuadro, ni por la salud recuperada, ni por la extraordinaria calidad de las muestras. Poco tiempo después supimos que la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, no acudiría a la inauguración de la Feria, como muestra de disconformidad con la retirada de las 24 fotografías. Días después, su homónima barcelonesa, la Sra. Colau, rehusaba por motivos sustancialmente idénticos acudir a la recepción protocolaria al Rey organizada con ocasión de una de las Ferias más importantes del mundo, el Mobile World Congress. Acto seguido llegaba el aplauso buscado por la masa soliviantada, satisfecha con aquellos gestos de justicia rápida, mientras la inauguración de ARCO se saldaba sin representación del consistorio y el Mobile World Congress se sucedía en una serie de requiebros institucionales complicados de explicar a expositores y organizaciones acostumbrados al compromiso institucional con las grandes ferias internacionales. La cosa no iría más allá si las ausentes fuesen una tal Manuela, y una tal Ada, pero es que se da la circunstancia de que la primera es la Alcaldesa de Madrid, y la segunda es la Alcaldesa de Barcelona, se da la circunstancia de que su ausencia era la ausencia de millones de madrileños y barceloneses, de los que decidieron votarlas, y de los que no, pero a quienes se deben, a quienes están obligadas a representar.

En la República Francesa Macron, una vez resultó elegido presidente de la República, renunció a presidir fácticamente su partido, En Marche. En Francia existen normas que impiden que el Ejecutivo defienda los intereses de sus simpatizantes por encima de los intereses del conjunto de los franceses. El presidente de la República no puede poner un pie en la sede de la formación con la que se presentó a las elecciones, ni puede si quiera acercarse a un mitin de En Marche. El presidente ha de representar a todos los ciudadanos de la República. Se evita de esta manera, tan profiláctica, y tan francesa, la tentación de servir únicamente a los que te apoyaron, porque la democracia consiste precisamente en eso, en la capacidad de representar a unos y otros, y es a eso precisamente a lo que se renuncia, cuando una Alcaldesa prefiere el aplauso fácil y la recompensa inmediata de unos pocos.

Mirada Ciudadana