Moción de censura

El Congreso ha perdido la confianza en el Ejecutivo y ha aplicado el mecanismo previsto. Sin embargo, flota en el ambiente la sensación de que las cosas tendrían que haberse hecho de otra forma

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, posa para la prensa gráfica en el Congreso tras la moción de censura presentada por su partido. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, posa para la prensa gráfica en el Congreso tras la moción de censura presentada por su partido. (EFE)

El hecho inédito que hemos vivido en las últimas horas, con la salida de un Gobierno y la entrada de otro mediante la moción de censura, es un camino perfectamente legal y constitucional. El Congreso ha perdido la confianza en el Ejecutivo y ha aplicado el mecanismo previsto; y sin embargo, flota en el ambiente la sensación de que las cosas tendrían que haberse hecho de otra forma.

Son tres los motivos para esa sensación. En primer lugar, hace apenas una semana Rajoy obtenía la confianza de la Cámara y había sacado adelante los Presupuestos; en segundo lugar, pocos esperaban el giro teatral de un PSOE cuyo portavoz renegaba hace bien poco de aliados independentistas, del cortoplacismo y del ansia de gobernar a costa de la unidad de España, y en tercer lugar, las encuestas del CIS muestran que la preferencia ideológica media de la sociedad española en este momento está muy alejada de la amalgama de 22 partidos que han llevado a Sánchez a La Moncloa.

A nadie se le escapa, por tanto, que era el momento de llamar a los españoles a las urnas. Y a nadie se le escapa que ni a Rajoy ni a Sánchez les interesaba esa convocatoria electoral. Uno por inacción y el otro por ambición, han creado esta situación inédita e irresponsable por ambas partes.

Difícil papeleta la de un Gobierno que apenas contará con el apoyo real de la cuarta parte de la Cámara, y si ha reunido unánimemente los votos de todos los nacionalistas es porque ven en él una debilitación de España y de su capacidad para mantener su integridad territorial, y a ello se van a dedicar desde hoy mismo. Una mayoría volátil, quebradiza, minoritaria en el Senado, minoritaria en la Mesa del Congreso.

Sánchez no ha explicado el porqué de estos aliados ni las contrapartidas que les ha ofrecido. No le ha hecho falta porque no ha pasado por un debate de investidura. Sus socios no le han exigido un documento por escrito, como sería de rigor. Y Sánchez no lo explica porque el votante del PSOE espera de su partido un proyecto nacional completo en el que no caben las tesis de Torra u Otegi. Con todo esto, suena a Gobierno interino, suena a Gobierno que poco podrá hacer y suena a Gobierno dado a grandes concesiones difícilmente reversibles.

Pedro Sánchez es aplaudido por toda la bancada socialista tras las votaciones de la moción de censura. (EFE)
Pedro Sánchez es aplaudido por toda la bancada socialista tras las votaciones de la moción de censura. (EFE)

Y suena también a una España más débil, dependiente de quienes se quieren independizar,.Suena a un país en el que falta altura de miras, en el que los políticos olvidan sus valores porque hay vías más cortas para llegar al sillón, atajos. Suena a que en el exterior quizás hayan aprendido que tenemos una debilidad para manipular nuestra soberanía.

Si algo queda claro de todo esto, es que los españoles quieren votar y que la alternativa a un futuro hipotecado al nacionalismo no puede representarla un partido a quien una sentencia tiene por corrupto. A eso que nos pide la sociedad es a lo que Ciudadanos se va a dedicar desde este momento. Estaremos muy atentos a las concesiones que pueda hacer el nuevo presidente del Gobierno a su pléyade de socios de investidura y seguiremos construyendo una alternativa sólida para que España sea una nación de libres e iguales, donde el voto de todos valga lo mismo, donde el diálogo se ejerza de forma transparente en el marco de las normas que nos hemos dado.

Mirada Ciudadana