El discreto pero evidente fracaso de UPyD

Se ha escrito que el éxito –también, por lo tanto, el fracaso– está en función de la satisfacción de las expectativas. Y si este criterio es

Foto: La líder de UPyD, Rosa Díez, durante la comparecencia ante los medios para valorar los resultados de las elecciones europeas. (EFE)
La líder de UPyD, Rosa Díez, durante la comparecencia ante los medios para valorar los resultados de las elecciones europeas. (EFE)

Se ha escrito que el éxito –también, por lo tanto, el fracaso– está en función de la satisfacción de las expectativas. Y si este criterio es válido, parece fuera de duda que Unión, Progreso y Democracia ha estado por debajo de las expectativas previas al 25-M. El partido de Rosa Díez aspiraba a ser –y así era percibido– como una organización bisagra que mediatizaría y condicionaría a los dos grandes partidos, daría réplica y contrapunto a IU y apuntalaría una visión de la ciudadanía y de la unidad constitucional de España que reequilibraría los tirones territoriales.

Lo que ha logrado UPyD el 25-M ha sido un resultado discretísimo en función de lo que se esperaba. Ha obtenido 1.015.994 sufragios, que en porcentaje ha sido el 6,5%, logrando cuatro escaños. Respecto de las elecciones generales de noviembre de 2011, pierde más de 100.000 y respecto de las europeas de 2009 más que duplica. El 56% de ese poco más de millón de votos los recibió en Madrid (255.586, 10,56% y 4ª fuerza política), en Andalucía (190.470, 7,13% y 4ª fuerza política) y en la Comunidad Valenciana (147.723, el 8,47% y 4ª fuerza política). Y ha sido superada muy holgadamente por IU y –he aquí lo sorprendente– por Podemos.

El personalismo de Díez, necesario en el inicio del trayecto de su partido, ha comenzado a resultar excesivo e incurre en lo que se critica en otras organizaciones

Pero es que, por su propio electorado potencial, UPyD ha sido pinzado a través de Ciudadanos, que ha logrado –ese sí– un notable éxito. Los de Rivera han obtenido 495.114 sufragios, el 3,16% del total, que les granjean 2 escaños. Es decir, Ciudadanos es ya, cuantitativamente, la mitad de lo que significa UPyD. El 73% de los votos obtenidos por la lista encabezada por Javier Nart sale de los electorados de Cataluña (157.873, el 6,28% y 6ª fuerza política), de Madrid (106.170, el 4,80%, 6ª fuerza política), de la Comunidad Valenciana (51.180, el 2,93%, 7ª fuerza política) y de Andalucía (46.299, el 1,73%, 6ª fuerza política).

Quizás, y a la vista de estas cifras y de sus territorios de procedencia, podrían indagarse en las causas de ese discreto pero evidente fracaso de UPyD. El partido de Díez presenta una sensible falta de homogeneidad territorial. Emerge en bastiones, pero no hay uniformidad de presencia en la mayoría de las comunidades autónomas. Por otra parte, Ciudadanos concurre en su mismo espacio electoral –o a la inversa– por lo que, de haberse coaligado, su fortaleza habría sido mucho mayor, con significativa presencia en Madrid, Cataluña, Valencia y, aunque menor, también Andalucía.

Lo más serio para UPyD es que, respecto de las generales, no mejora; tampoco ha movilizado por entero a sus votantes potenciales y, sobre todo, ha quedado pinzado por IU y Podemos en la banda superior y por Ciudadanos en la inferior

Seguramente, otro factor que ha determinado los resultados de UPyD ha sido la fatiga por la omnipresencia de la luchadora Rosa Díez, que no sólo es la fundadora de la formación, sino también su portavoz, su rostro visible y… único porque tras de ella parecen trabajar –y lo hacen– muy buenos políticos procedentes de distintos ámbitos (particularmente el universitario) pero que no son reconocibles por la opinión pública. El personalismo de Díez, necesario en el inicio del trayecto de su partido, ha comenzado a resultar excesivo e incurre en lo que se critica en otras organizaciones.

Lo más serio para UPyD es que, respecto de las generales, no mejora; tampoco ha movilizado por entero a sus votantes potenciales y, sobre todo, ha quedado pinzado por IU y Podemos en la banda superior y por Ciudadanos en la inferior, observando un correcto comportamiento en sus feudos tradicionales, pero sin avances en otros. El conjunto compone una cierta decepción porque no desplazará a las bisagras nacionalistas, ni replicará a la izquierda radical, ni, con esos mimbres, podrá condicionar tampoco a los dos grandes (ahora menos grandes) PP y PSOE.

De modo que, si aquí unos y otros tienen que reflexionar, también deben hacerlo los dirigentes de UPyD que, ganando respecto de 2009, no incrementan sufragios respecto de 2011, ni terminan de eclosionar como el tercero en discordia, lo que remediaría algunas de las muchas disfunciones de nuestro sistema de partidos. Piense Rosa Díez si –más allá de personalismos– debe coger la mano tendida de Albert Rivera y lanzar una opción conjunta que daría mucho juego en las autonómicas y municipales de 2015 y, por supuesto, en la generales. De lo contrario, las expectativas se agostarían con la sensación de que UPyD ya ha dado todo lo que podía dar.

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