El caso Rato noquea al Gobierno
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José Antonio Zarzalejos

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El caso Rato noquea al Gobierno

Es posible que Rajoy esté siendo víctima de un golpe interno o puede ser que la debilidad del Gobierno haya envalentonado a los que quieren triturarle a poco más de un mes de las elecciones

placeholder Foto: Mariano Rajoy (c), acompañado por el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando (i) (EFE)
Mariano Rajoy (c), acompañado por el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando (i) (EFE)

Nunca unas palabras de Rajoy tuvieron un significado tan devastador en la moral del Gobierno y de su partido. Las pronunció el domingo en un mitin en Alicante: “Creo que no hay casi nada que no nos haya pasado; y no sé si retirar esta afirmación porque cualquier cosa puede suceder en el futuro”. También el domingo, el diario La Razón abría su edición con un titular tan expresivo como pesimista: “Rajoy da por rota la campaña del PP tras el caso Rato”. A mayor abundamiento, El País, también en su edición dominical, publicaba una encuesta que daba por derrotados a los populares en la Comunidad de Valencia y en la capital del Turia y ayer El Periódico de Catalunya, en otro sondeo, esta vez sobre las generales, auguraba al PP una auténtica debacle: el partido de Rajoy se quedaría en poco más de cien escaños (102-107), alcanzando Ciudadanos la considerable cifra de 55-59 parlamentarios, aunque sumados no harían mayoría absoluta.

Sin embargo, estas circunstancias referidas no son las más adversas para el Gobierno y el Partido Popular. Las peores son las que remiten a un manejo torpe y chapucero del registro del domicilio y despacho profesional de Rodrigo Rato, el jueves y madrugada del viernes, y a su irregular detención. Ayer lunes –el exvicepresidente seguía sin ser llamado a declarar ni recibir notificación de apertura de expediente de inspección fiscal alguna– la fiscal general del Estado (mal estreno, señora Madrigal) enmendaba todo lo hecho por su subordinado de Madrid y remitía al fiscal anticorrupción el caso de Rato que quedaba bajo la jurisdicción de un juzgado central de la Audiencia Nacional, el que tramita el asunto de Bankia, con el que podrían estar conectadas sus actuaciones presuntamente delictivas. De tal manera que quedó ayer claro que el espectáculo del jueves por la tarde –mano en el cogote de Rato por parte de un agente de Aduanas incluida– consistió en una sobreactuación que se ha vuelto como un bumerán contra el Gobierno y el PP.

Feijóo adelanta una idea que ronda por la cabeza de muchos: una debacle del PP obliga a Rajoy a proponer otro candidato a la presidencia del Gobierno

Nadie duda –ni siquiera los analistas más cercanos a la presidencia del Gobierno, que haberlos los hay– de que 1) se filtró a un medio que Rato se había acogido a la amnistía fiscal en 2012, 2) que tal revelación –plenamente intencional, como no podría ser de otra manera– precipitó, dolosa o torpemente (que cada cual piense lo que quiera según sus grados de ingenuidad), la operación retransmitida de registro de las dependencias domésticas y profesionales del exvicepresidente del Gobierno con José María Aznar, y 3) que a lo largo del fin de semana –y entre los desmentidos de un Rato que ha decidido no callarse para no otorgar– se han venido publicando informaciones que sólo pueden provenir de instancias de la Administración Pública o del propio Gobierno.

Es posible que Rajoy esté siendo víctima de un golpe interno o puede ser que la debilidad del Gobierno –una debilidad política pasmosa– haya envalentonado a los que desde fuera, pero con información suficiente, quieren triturarle a poco más de un mes de las elecciones municipales y autonómicas en las que pintan bastos para los populares. Núñez Feijóo dijo ayer en un desayuno-coloquio que el presidente del Gobierno debería “reflexionar” sobre su futuro si pierde las elecciones de mayo, noticia que sólo la web de La Vanguardia recogía destacadamente. El presidente de la Junta de Galicia está adelantando una idea que ya ronda por la cabeza de muchos en el PP: una debacle de los populares el 24 de mayo sitúa a Rajoy en la tesitura de convocar un Congreso extraordinario y proponer un nuevo candidato a la presidencia del Gobierno para los comicios generales de noviembre.

Hace bien Rajoy en suponer que pese a la cantidad de las cosas que les han pasado, más aún le pueden ocurrir en el futuro inmediato

El caso Rato ha sido y está siendo –hoy comparece en el Congreso el director de la Agencia Tributaria– la grieta quizás definitiva de un Gobierno desbordado por un problema al que no ha querido dar cara en toda la legislatura: la debilidad de su discurso político y la obsesión –dañina– de fijarse dialécticamente sólo en los asuntos económicos. Finalmente, Rajoy ha debido ser sincero: al PP y a su Gabinete le pueden ocurrir muchas más cosas (¿cómo no le van a ocurrir con la desastrosa amnistía que decretó en 2012?, ¿cómo no le van a ocurrir si no controla un asunto tan delicado como el de Rato, en el que era perfectamente posible la acción de la justicia con evitación del auto sacramental que se representó en el corazón del barrio de Salamanca el pasado jueves por la tarde?) y ninguna positiva, hasta el punto de revertir en desventaja la supuesta ventaja del vejatorio escarmiento a un icono del PP la misma semana –¡qué casualidad!– en la que habían pasado por el Tribunal Supremo (asunto ERE) los expresidentes de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Hace bien Rajoy –noqueado, como su Gobierno– en suponer que, pese a la cantidad de las cosas que les han pasado, más aún le pueden ocurrir en el futuro inmediato. Como por ejemplo, que por su mal gobierno y por su incompetencia, pierdan escandalosamente las elecciones del 24 de mayo y él se tenga que retirar al Registro de la Propiedad de Santa Pola. Una alternativa que no debería parecerle poco sugestiva a un Rajoy que ha adquirido la fisonomía de un personaje orante del Greco: afilado el rostro, luenga y blanca la barba, ojos emboscados entre las gafas y el bigote y voz impostada de ánimo que más parece una exclamación de socorro que un llamamiento a la pelea. O sea, el fracaso.

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