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La sonrisa británica de la señora vicepresidenta
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José Antonio Zarzalejos

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La sonrisa británica de la señora vicepresidenta

Los resultados de las elecciones británicas supusieron ayer la ocasión más propicia para zafarse de la encuesta en la que el PP entraba en barrena el 24 de mayo

Foto: La vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría (Efe).
La vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría (Efe).

“Toda comparación es odiosa” (de La Celestina y El Quijote)

Ojos como platos, manoteo animado y sonrisa de oreja a oreja. Los resultados de las elecciones británicas supusieron ayer para la vicepresidenta del Gobierno la ocasión más propicia para zafarse de la encuesta que sus propios servicios -el Centro de Investigaciones Sociológicas- habían publicado el jueves y en la que el PP entraba en barrena el 24 de mayo próximo.

En rigor, Sáenz de Santamaría aprovechó la ocasión con habilidad. Porque en el Reino Unido es verdad que las encuestas han fallado como una escopeta de feria como el Gobierno desearía sucediese aquí. Y, además, el partido conservador de Cameron ha dado matarile al laborista gracias a dos factores que activan los jugos gástricos del PP y del Gobierno.

Por una parte, la política económica. El Gabinete de Cameron se apunta en cinco años de legislatura casi dos millones de empleos, baja inflación y el mayor crecimiento del G-7 en 2014. Cierto que, como en España, ha crecido la desigualdad, los “contratos-cero” y que los comedores sociales se han multiplicado por diez. Por otra, los británicos no escoceses han decidido que era mejor un Ejecutivo conservador fuerte, frente a la Escocia secesionista, a un laborismo dependiente de los escaños que dirige desde Edimburgo Nicola Sturgeon.

Sáenz de Santamaría, creyendo que entre España y el Reino Unido hay más parecidos que diferencias (no ha leído, creo yo, el magnífico “Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa” de Ignacio Peiró, asesor de su Ministerio) supone que si en las islas fallaron las encuestas también aquí lo harán; que si los catalanes persisten en el intento secesionista los españoles harán como los británicos, esto es, apoyar al Gobierno, y que si allí ha funcionado el argumento económico de la recuperación, aunque sea precaria, también funcionará aquí.

Es posible que la alegría incontenible de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría esté, al menos en parte, fundamentada en una comparación que, sin embargo, olvida algunos aspectos cruciales.

La corrupción en Gran Bretaña no es impune y el que la hace, la paga. Y la paga de por vida

El primero y fundamental es que David Cameron no ha engañado a sus electores conservadores. Lo cuenta muy bien José Ruiz Vicioso, especialista en temas británicos, en el último número de Cuadernos de FAES. Dice: “Con una estudiada puesta en escena y demostrando gran habilidad comunicativa, Cameron (en el Congreso de Blackpool de 2005 en donde fue elegido líder de tories) afirmó la necesidad de un 'cambio fundamental'en el partido conservador. Un cambio que sin suponer renuncia a la historia ni a los valores propios del conservadurismo -patriotismo, libertad, responsabilidad, afán de superación-, resultara en una 'nueva actitud', una 'nueva forma de pensar'y en una 'nueva forma de actuar'dirigida a entender los problemas actuales. La prioridad de los conservadores debían ajustarse a las de la mayoría de la gente, a través de 'un conservadurismo compasivo, moderno, que es bueno para nuestros tiempos, bueno para nuestro partido y bueno para nuestro país”.

Cameron ganó así el congreso de su partido en 2005 y desde 2010, en coalición con los demócratas liberales, lo ha puesto en práctica torciendo el pulso, incluso a sus aliados de gobierno, que se comprometieron a no subir las tasas universitarias. Cameron lo hizo; lo mismo que ha comido el terreno a UKIP, que en las europeas de mayo del pasado año fue la primera fuerza política, comprometiéndose a un referéndum sobre la permanencia en la UE a celebrar en 2017.

Por otra parte, después de una política estatuaria con Escocia, el premier conservador montó el better together y unos días antes del referéndum independentista prometió más poderes a Escocia en donde venció el "no" por una diferencia de diez puntos. O sea, parece que David Cameron ha hecho algunas cosas más que impulsar la economía británica.

Las similitudes se reducen a la volatilidad de la opinión pública que las encuestas reflejan

Al olvido de estos detalles se añade otro todavía más importante: la corrupción en el Reino Unido de la Gran Bretaña no es impune y el que la hace, la paga. Y la paga de por vida. Y el que pierde, se va como se fueron ayer a su casa Ed Miliband, líder de los laboristas, Nick Clegg, líder de los liberales demócratas, y Nigel Farage, líder de la UKIP. Aquí, todas las noches de recuento electoral, nadie pierde las elecciones y todos las ganan y los dirigentes políticos se atornillan -con más afán si cabe- a sus respectivas poltronas.

En fin, que la vicepresidenta sonriente y gesticulante de ayer puede que tenga algunas razones para la satisfacción por los resultados británicos, pero sin exagerar, porque el ejercicio de comparación fue incompleto y, sobre todo, descontextualizado. Ella habrá leído con detenimiento las tripas de la encuesta de CIS y sabrá -más allá de complacencias comparativas- que la situación española, en la conciencia colectiva de sus ciudadanos, se parece a la de los británicos como un huevo a una castaña.

Las similitudes se reducen a la volatilidad de la opinión pública que las encuestas reflejan pertinazmente, a unos medios de comunicación no más certeros allí que aquí y a una precariedad económico-laboral que es un fenómeno occidental en estos años de salida de la crisis.

La mejor sonrisa en estos casos es, por eso, la de la Gioconda que no se sabe si lo es de verdad o asemeja a una mueca: un gesto ambiguo hubiese sido más prudente, señora vicepresidenta.

“Toda comparación es odiosa” (de La Celestina y El Quijote)

Nick Clegg Nigel Farage Soraya Sáenz de Santamaría Reino Unido
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