Ciudadanos y una gestora del PP para Madrid

Para mantener la Comunidad, Rajoy debe disolver la ejecutiva actual y cesar a Esperanza Aguirre como presidenta, desbloqueando el apoyo del partido naranja a Cristina Cifuentes

Foto: De izquierda a derecha: Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes. (Reuters)
De izquierda a derecha: Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes. (Reuters)

El Partido Popular no puede concederse la displicencia de perder la presidencia y gobierno de la Comunidad de Madrid. Sin esta autonomía, el poder territorial 'popular' sería residual. En Cataluña y País Vasco, CiU y PNV, respectivamente; en Andalucía y Extremadura, el PSOE; en Valencia, un posible tripartito de izquierdas…el único reducto seguro para la derecha española sería ahora Galicia. El pacto con Ciudadanos es, por lo tanto, necesario, dramáticamente necesario, para retener, además de Madrid, también Murcia (donde hay problemas serios), Castilla y León y La Rioja.

El gran problema es Madrid. Albert Rivera no puede dar el paso de apoyar a Cristina Cifuentes si no tiene la seguridad de que el goteo de imputaciones por corrupción a cargos 'populares' no cesa de manera radical. Para ello es preciso que el presidente Rajoy vaya más allá de lo que ha ido: pedir a los últimos implicados judicialmente –de forma presunta– en la trama Púnica, Lucía Figar y Salvador Victoria, que se vayan ya de sus respectivas consejerías en el Ejecutivo de Ignacio González.

El deterioro del PP es extraordinario por la corrupción en algunas regiones y la promesa de haber tomado nota del mensaje del 24-M no es suficiente

El presidente del PP y del Gobierno, además de no demorar más allá de la semana que viene los cambios en la organización y en el gabinete, debe hacer un acto de autoridad que sea también de convicción hacia Ciudadanos: ha de disolver las ejecutivas del partido en Valencia y Madrid y formar comisiones gestoras hasta que se celebren los respectivos congresos territoriales. Ello conllevaría el cese en la presidencia del PP de Madrid de Esperanza Aguirre, que acumula colaboradores señalados judicialmente: López Viejo, Francisco Granados, Lucía Figar y Salvador Victoria. Son demasiados. A lo que se añade sus malos resultados el 24-M que permitirán que Manuela Carmena –sea o no de Podemos, lo cierto es que es apoyada por los de Pablo Iglesias– resulte la próxima alcaldesa de Madrid.

De modo que Ciudadanos –sin haber obtenido los resultados esperados ni en autonómicas ni en municipales– dispone de mucha capacidad para apretar al PP y para ahogarlo si este no se desembaraza con un golpe audaz de la llave de judo que le ha practicado. De lo contrario, las exigencias de C's hundirían al PP y lo dejarían en chasis en su poder territorial, lo que dificultaría mucho más que el partido de Rajoy llegase a noviembre con unas expectativas razonables.

El deterioro del PP es extraordinario por la corrupción en algunas regiones y la promesa de haber tomado nota del mensaje del 24-M no es suficiente. Además de cambiar personas y discursos, hay que corregir la inercia del partido que ahora es claramente quietista e inmovilista. Una comisión gestora en Madrid, despidiendo a la ejecutiva actual, libraría a Cifuentes de todos los obstáculos para la presidencia de la Comunidad y obligaría, por coherencia con su propio discurso, a que Albert Rivera diese su aquiescencia al apoyo de sus 17 diputados en la Asamblea de Vallecas a la que fuera delegada del Gobierno.

Ciudadanos –sin haber obtenido los resultados esperados ni en autonómicas ni en municipales– dispone de mucha capacidad para apretar al PP

Esta decisión implicaría el sacrificio político de algunas importantes figuras del PP en Madrid y, singularmente, de Esperanza Aguirre. Pero es la factura del fracaso, por un lado, y, por otro, resulta el corolario lógico de una gestión en la que la lideresa erró en la elección de algunos de sus más importantes colaboradores, respecto de los que no puede argüir desconocimiento. Que Aguirre dejase la presidencia del PP en Madrid –y, eventualmente renunciase a la concejalía en el Ayuntamiento– permitiría a Cristina Cifuentes asumir el liderazgo en la Comunidad que se ha ganado el 24-M al ser la lista más votada en la capital y fuera de ella. Cifuentes necesita manos libres para gestionar la negociación de su investidura y, por lo tanto, la sintonía perfecta con una gestora que sustituya a la actual ejecutiva del partido que, en manos de Aguirre, no le profesa simpatía precisamente.

Lo que se dice de Madrid podría decirse de otras muchas comunidades en las que los barones han dado un paso atrás (Baleares, por ejemplo) o pueden hacerlo en muy breve tiempo. El PP ha quedado descoyuntado después de las elecciones y Rajoy tiene que ajustarlo a un tiempo nuevo para recuperar a sus antiguos lectores en noviembre y, de modo urgente, para conseguir que Ciudadanos sea el socio en autonomías y municipios en los que la victoria 'popular' ha sido insuficiente. La izquierda tiene la consigna –que es muy magra y muy coyuntural– de echar al PP. De momento, no ve más aglutinante en la izquierda que la exclusión de la derecha que debe pelear por mantener algunos bastiones importantes. Y Madrid, el primero de ellos. Mala ha sido la guerra electoral, pero peor está siendo la posguerra de los pactos.

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