No se inviste a Sánchez, se censura a Rajoy

De eso se trata en este momento, de restarle todo el margen de maniobra al PP mucho más que horadar la posición del candidato Sánchez

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)

Hoy se perpetra un grave mal entendido político. Bajo la forma institucional de una sesión de investidura se celebra, en realidad, lo que podría calificarse de moción de censura al presidente en funciones y del PP, Mariano Rajoy. Alguien ha adjetivado el discurso del miércoles del gallego, por su dificultad, de “diabólico”. Lo será porque la línea argumental de Sánchez, primero, y de los demás portavoces, después, con la posible excepción de Albert Rivera, consistirá en eliminar dialécticamente toda posibilidad de que el candidato popular del 20-D salga políticamente vivo del Congreso la noche del próximo viernes. Antes de que la izquierda dirima si se agrupa para protagonizar desde el Gobierno la XI legislatura de la democracia, se va a asegurar de que la gestión del PP de estos cuatro últimos años y su mermada reputación, queden arruinadas por completo.

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El intento está implícito en el ambiente político que se respira desde hace ya semanas. La persistencia de Sánchez al negarse a cualquier interlocución con el PP coincide con la idea-fuerza de Podemos culpando al PSOE de favorecer a través de Ciudadanos las tesis de los conservadores. El secretario general socialista es muy sensible a estas embestidas de Iglesias y los suyos, razón por la que ayer, de manera extemporánea y poco leal para con sus coaligados naranjas, les remitió un documento que quiere opacar algunos de los pactos alcanzados con Ciudadanos. La prioridad, en consecuencia, consiste en derruir al PP, eliminándolo como opción de futuro después del día 4 de marzo cuando comenzará la segunda y auténtica vuelta para una investidura en la que Rajoy y el PP no tendrán ya ninguna oportunidad.

A Rajoy le espera la moción de censura severísima que el Congreso no pudo tramitar en la anterior legislatura

Los discursos que oigamos –hoy de Sánchez y luego de los distintos grupos- van a consistir en otros tantos alegatos contra “la derecha”, van a ser mucho más reactivos que proactivos, más revisionistas que propositivos, más próximos a veredictos que a exposición de posturas. Rajoy lo va a pasar mal. Se podrá comprobar así cómo lo que debió hacer el presidente en funciones fue resignar su candidatura en otro compañero de partido y pilotar su sucesión con orden y concierto. Una legislatura errada en los aspectos políticos, la corrupción atosigante y una estrategia poselectoral desdichada que le ha situado a la defensiva, van a ser las tres líneas argumentales que dejarán a Rajoy –por buen parlamentario que sea- hecho unos zorros. Y de eso se trata en este momento, de restarle todo el margen de maniobra al PP mucho más que horadar la posición del candidato Sánchez.

El último error de Rajoy ha consistido en rechazar antes del día 5 de marzo una entrevista con Albert Rivera. De haberla aceptado, tras la petición formal –por carta- del catalán, ambos podrían haber articulado alguna manera de contener el festival de golpes verbales que va a recibir el PP a lo largo de las intervenciones de los portavoces de la izquierda y, nada digamos ya, de los grupos independentistas. A Mariano Rajoy –que ha abundado en descalificaciones imprudentes (“teatro”, “sainete”, “engaño”) sobre las conversaciones lideradas por Sánchez, le espera la moción de censura severísima que el Congreso no pudo tramitar durante la anterior legislatura.

La izquierda debería ser consciente – y no lo es- de que el Partido Popular trasciende a Mariano Rajoy y a la actual dirección de la organización

Tampoco Ciudadanos va a salir indemne. Porque la estrategia de eliminar al PP requiere también descoyuntar a su potencial aliado que es Albert Rivera, aunque éste cuenta con unas ventajas claras respecto del presidente Rajoy, al que el líder de Ciudadanos ha aconsejado –ayer lo hizo desde Cataluña- una retirada a tiempo. La izquierda debería ser consciente – y no lo es- de que el Partido Popular trasciende a Mariano Rajoy y a la actual dirección de la organización. El PP es el receptor de más de siete millones de votos, representa a la derecha democrática española y sus electores reclaman un respeto que no han obtenido de su máximos dirigentes –si por respeto a sus votantes fuera, se habrían ido a sus casas hace tiempo-, y que no va a obtener tampoco de la izquierda en las sesiones parlamentarias que desde hoy y hasta el viernes no serán sino la preparación de una investidura futura que pasa por la censura previa a la época de Mariano Rajoy. Quien se negó a ser candidato a la investidura, pero no reparó que, a lo efectos, resultaba lo mismo: el Congreso iba ser para él, en cualquier caso, un proceso político sumarísimo.

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