Un filoindependentista, ¿secretario general de UGT?

Una victoria de Josep María Álvarez resultaría políticamente muy grave porque sería favorable a las tesis filoindependentistas que han prendido en una buena parte de la izquierda en Cataluña

Foto: Miguel Ángel Cilleros, Cándido Méndez y Josep María Álvarez (d). (EC)
Miguel Ángel Cilleros, Cándido Méndez y Josep María Álvarez (d). (EC)

Desde mañana y hasta el sábado, la Unión General de Trabajadores celebrará su 42º Congreso. El evento es importante porque, además de aprobar definitivamente una amplia remodelación orgánica del sindicato, más de 600 delegados van a elegir al sucesor de Cándido Méndez, su actual secretario general desde 1994. El congreso de UGT se produce en una situación de gran depresión sindical. Ayer mismo, el diario 'Expansión' informaba de cómo el conjunto de organizaciones sindicales había perdido desde 2009 más de 500.000 afiliados. Se ha producido, además, un desplome de la reputación de las organizaciones sindicales tanto por su reducida capacidad de acción durante la crisis como, en el caso de UGT -y en otra medida, en CCOO-, episodios de corrupción.

El más emblemático de los sindicalistas corruptos -aunque ni el único ni el cuantitativamente más importante- ha sido José Ángel Fernández Villa, secretario general que fue del Sindicato de los Mineros de Asturias durante más de tres décadas, quien se lucró personalmente con fondos públicos, haciéndose pasar por un esforzado luchador de la causa de los trabajadores. Por fortuna, los dirigentes de UGT son conscientes de sus debilidades y de sus mermadas fortalezas y han tomado efectivas decisiones para reducir las dimensiones del aparato sindical para hacerlo más versátil y menos costoso. Y también más transparente.

Josep María Álvarez, líder de UGT en Cataluña, se presenta para sustituir a Cándido Méndez, frente a Miguel Ángel Cilleros (secretario general de la Federación del Transporte) y Gustavo Santana (jefe de filas de UGT en Canarias). Álvarez es una personalidad en Cataluña, no solo por el mucho tiempo que lleva ostentando el mando sindical en la UGT de la comunidad, sino por dos circunstancias adicionales: 1) apoya el derecho a decidir de manera reiterada y clara, aunque elude pronunciarse sobre la independencia, y 2) bajo su gestión, la UGT catalana ha sido -está siendo- un semillero de dirigentes independentistas. Sobre la primera circunstancia no hay duda alguna, y bastaría una remisión general a la hemeroteca para acreditarlo. Sobre la segunda, tampoco la hay: en el actual Gobierno de la Generalitat ocupan dos consejerías -Neus Munté y Dolors Bassa- sendas sindicalistas de UGT de Cataluña. Y los que se disputan el liderazgo de UGT allí, tras la gestión del candidato Josep María Álvarez, son Camil Ros -vinculado a Esquerra Republicana de Catalunya- y Laura Pelay, independentista también, aunque sin una adscripción partidaria tan acentuada como Ros.

En el 42º Congreso de UGT, se dirime una identidad sindical claramente de izquierdas, la vinculación con el PSOE y la lealtad del sindicato a la Constitución

Una victoria de Josep María Álvarez en el congreso de UGT resultaría políticamente muy grave, porque el secretario general del sindicato de más trayectoria, vinculado históricamente al PSOE, prácticamente hermanado con él, sería favorable -con lo que eso conlleva- a las tesis filoindependentistas que han prendido en una buena parte de la izquierda en Cataluña. Para el nacionalismo independentista -del que muchos en UGT ya forman parte- la elección de Álvarez como secretario general de UGT sería todo un logro. A diferencia del nacionalismo vasco, que siempre ha dispuesto de sindicatos muy próximos (ELA-STV y LAB, el primero cercano al PNV y el segundo a la izquierda radical abertzale), el catalán no había penetrado en el sindicalismo y ahora lo ha hecho a través de la permeabilidad de muchos cargos de UGT a las tesis del llamado derecho a decidir. El encumbramiento de Álvarez a la cúpula de la organización es para algunos en Cataluña un auténtico desiderátum político.

Miguel Ángel Cilleros cuenta con muchas ventajas para doblar el pulso a Álvarez. Se trata de un sindicalista de largo recorrido pero más joven que el catalán (53 años) y está sólidamente apoyado por varias federaciones (Industria, Química, Servicios Privados y Transporte y Consumo), todo ello frente a un Álvarez que dice disponer del respaldo de la federación de Servicios Públicos, Metal y Construcción. Aunque el panorama electoral no está nada claro, en el 42º Congreso de UGT, se dirime una identidad sindical claramente de izquierdas (¿cómo explicar la proximidad de dirigentes catalanes de UGT con la CDC de Mas?), la vinculación con el PSOE, que es un activo para la organización, y, sobre todo, la lealtad del sindicato desde el principio de la democracia en 1978 a la Constitución, incompatible con el ejercicio del llamado derecho a decidir. Quien parece asegurar esos valores, reunir condiciones de edad y experiencia y una trayectoria netamente sindical es Miguel Ángel Cilleros. Si Álvarez, en cambio, se hiciese con la secretaría general de UGT, la cuestión catalana se habría agravado tanto como cuarteado la oposición -lógica, constitucional- a un referéndum secesionista, binario y vinculante.

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