Rajoy y el primer bromazo de la legislatura

Cinco días como cinco soles se va a tomar Rajoy para ejecutar lo que en la política es la operación más fulminante de todas: comunicar un cese y ofrecer un nombramiento

Foto: El investido presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)
El investido presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)

Durante diez meses y más de trescientos días España ha estado gobernada por un Ejecutivo en funciones. Durante diez meses y más de trescientos días el Gobierno no se ha sometido al control del Parlamento elegido el 20-D de 2015 y el 26-J y el Congreso ha promovido un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional que aún no ha resuelto. Durante diez meses y más de trescientos días, el Gobierno presidido en funciones por el reelegido Mariano Rajoy nos ha angustiado con los inconvenientes, desventajas, disfunciones e incumplimientos en los que incurría nuestro país por el bloqueo político.

No ha podido nombrar a los sustitutos de ministros dimitidos; ni a embajadores, ni a responsables de órganos reguladores. De ser cierto lo que nos relataba la vicepresidenta en sus ruedas de prensa de los viernes, España estaba atenazada por una parálisis de la que había que salir de manera urgente. Estábamos, según el Gobierno, en una tesitura casi de emergencia. No teníamos tampoco techo de gasto, ni Presupuestos, y la Unión Europea nos amenazaba con gravísimos males.

El PP y Mariano Rajoy lograron sus objetivos: el político gallego ya es presidente del Gobierno otra vez. Se creía que el líder popular había entendido cabalmente en qué circunstancias accedía –legítimamente, por cierto– a esa importante magistratura del Estado. Es decir, suponíamos que sabía que en el Congreso le apoyaban –y le apoyarán incondicionalmente– 137 diputados de 350; que acabó el compromiso de Ciudadanos que se firmó en agosto pasado solo para la investidura y que desde mañana el PSOE no tiene más alternativa que lanzarse a hacer una oposición severísima después de que se rompiese su grupo parlamentario y el PSC disintiera del Comité Federal. Pareció que Rajoy era consciente de todo eso a tenor de sus intervenciones en las dos sesiones de su investidura. Se ha llegado a hablar de “otro Rajoy”, de un hombre no solo resistente, sino también resiliente. Parece que no.

"Un bromazo si no fuera algo presumiblemente peor: la dificultad idiosincrásica de Rajoy en la toma de decisiones, los aplazamientos constantes"

Pues bien, como diez meses sin Gobierno en plenitud y más de 300 días en funciones eran un desastre para el país, Mariano Rajoy vuelve por donde solía –a procrastinar– y soltó en la M-30 del Congreso la perla de que esperará un poco más: concretamente, anunciará su equipo de Gobierno el jueves para que tome posesión el viernes y luego celebre su primer Consejo de Ministros. Como la provisionalidad era escasa, le añade cinco días de propina.

Un bromazo si no fuera algo presumiblemente peor: la dificultad idiosincrásica de Rajoy en la toma de decisiones, los aplazamientos constantes en citarse con la dificultad de ejercer sus facultades, el regreso a la espera, al manejo de los tiempos. Rajoy tiene que quitar a unos y poner a otros. Para el Rajoy de siempre, a lo que se ve, le rompe los esquemas comunicar la marcha a los amigos-ministros y fiarse de otros nuevos. No ha tenido tiempo (diez meses y más de trescientos días) para pensárselo, madurarlo y mañana mismo notificarlo a los que se van y a los que vienen. Aquellas terribles urgencias de antaño son tranquilidades hogaño.

No empieza bien Rajoy la legislatura tomándose un innecesario tiempo para nombrar a su equipo de Gobierno. Y no lo hace porque es incoherente con las perentoriedades con que tanto nos amenazaban. Aquí hay un doble problema: el del carácter del presidente, que procrastina sin terapia política que le haga superar ese hándicap personal y político y el de la falta de consideración a sus socios circunstanciales pero, sobre todo, a la opinión pública. Cinco días como cinco soles se va a tomar Rajoy para ejecutar lo que en la política es la operación más fulminante de todas: comunicar un cese y ofrecer un nombramiento. Claro que cabe una suposición todavía peor que la del regreso de Rajoy a sus mañas y que consiste en que no tenga candidatos. Pero ¿de cuándo acá un españolito no ha querido ser ministro? Que se tenga certeza, uno o dos. Por eso, es mejor que Rajoy se reinvente. Porque el horno no está para bollos y como él nos advirtió, tampoco para esperas innecesarias. Si no fuera un error político tomarse cinco días de reflexión, parecería un bromazo. El primero de esta XII legislatura

Notebook
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios