Los absentistas y el manifiesto contra la hispanofobia

En la sociedad española se percibe una hartura hacia la impostura de los dirigentes nacionalistas que arrastran a los ciudadanos de ese credo a interiorizar lo español como hostil a sus intereses

Foto: Íñigo Urkullu y Carles Puigdemont, en la toma de posesión del lehendakari. (EFE)
Íñigo Urkullu y Carles Puigdemont, en la toma de posesión del lehendakari. (EFE)

El próximo martes en la Conferencia de Presidentes no habrá dos ausentes sino dos irresponsables absentistas: los presidentes vasco y catalán. Ambos, pese a sus diferencias, participan del torticero recurso de protagonizar 'performances' que culpabilizan al Estado, y, por derivación, a España, de los males, insuficiencias y frustraciones —ciertos o inventados— que afectan a sus respectivas comunidades. Lo acaba de decir Josep Piqué: en Cataluña se ha permitido que España sea la “culpable” de las incapacidades de su clase dirigente, antes nacionalista y ahora secesionista.

En el País Vasco, y pese a la munificencia del Gobierno de Rajoy con el PNV —que alcanza hasta la negociación sobre la situación de los presos de ETA—, Urkullu levanta acta de su insatisfacción pese a la negociación de la liquidación del cupo, de la financiación de la alta velocidad ferroviaria y del desistimiento de recursos de inconstitucionalidad contra leyes vascas, acreditando que la insaciabilidad, por un lado, y el victimismo recurrente, por otro, son los tónicos adecuados para la sostenibilidad del nacionalismo reactivo.

Como se quiere mantener el eslogan “España nos roba”, ni Urkullu ni Puigdemont estarán con el resto de los presidentes autonómicos

De una manera o de otra, nunca la hispanofobia —más o menos sutil— alcanzó una formulación con más contenido de 'marketing' político que esta: “España nos roba”. Y como se quiere mantener el eslogan, aun incumpliendo sus obligaciones, ni Urkullu ni Puigdemont estarán con el resto de los presidentes autonómicos. Se trata de una forma de afirmarse tanto en la singularidad propia como en el rechazo a la homogeneidad ajena que, además, es depredadora. Debería quedar claro a los vascos y a los catalanes, piensen como piensen, que sus presidentes no se ausentan, sino que practican el absentismo político, lesivo, sin duda, para los intereses de Cataluña y Euskadi.

Por fortuna el próximo día 19 se presentará en Barcelona una agrupación que, bajo la denominación inicial de Concordia Cívica, lidera la catedrática de Derecho Constitucional, Teresa Freixes. La convocatoria se acaba de producir mediante un escueto manifiesto que, en su concisión, contiene el germen del discurso que es ya urgente desarrollar para situar el debate con el nacionalismo en los términos que más le comprometen: atribuirle, en Cataluña y el País Vasco —en este caso, en la primera— la responsabilidad del devenir de los acontecimientos negativos sobre los que España carece de responsabilidad, o la que le corresponde es secundaria a la suya.

Concordia Cívica mantiene que el Gobierno catalán “sin reconocer sus propios errores” ha huido hacia delante “sectariamente”

Concordia Cívica dice que “Cataluña ha estado gobernada ininterrumpidamente por fuerzas políticas nacionalistas”, que el “Gobierno de la Generalitat ha sido responsable exclusivo de la mayor parte de la administración pública catalana” y que la “coalición que nos gobierna es el 'establishment'”. Mantiene que el Gobierno catalán, “sin reconocer sus propios errores”, ha huido hacia delante “sectariamente” y no ha gobernado “para todos los catalanes, poniendo en riesgo la convivencia”. Añade que, además, persigue una “utopía independentista basada en la confrontación con nuestros conciudadanos españoles y en la fractura interna”.

Ante esta situación, el manifiesto afirma que los constitucionalistas catalanes “han constituido un ejemplo de civismo, contención y 'fair play'”, lo que ha sido interpretado “como signo de debilidad” y “una concesión a la inevitabilidad de la independencia en Cataluña”. Sin embargo, sigue el texto, “la sociedad civil se ha ido reagrupando” sobre la creencia de que es más lo que une que lo que separa, por lo que llama a “restaurar el tejido social catalán que el poder nacionalista ha empobrecido a propósito”.

Teresa Freixes. (EFE)
Teresa Freixes. (EFE)

Concordia Cívica —que evoca a la obra de Francesc Cambó 'Por la concordia'— parece concitar el apoyo no solo de Ciudadanos, PSC y PP, sino también de Sociedad Civil Catalana y de la organización Federalistas de Izquierdas, muy referencial en Cataluña, además de Empresaris de Cataluña y sectores de Comisiones Obreras en la comunidad. El liderazgo de Freixas garantiza la solvencia de la asociación y de un discurso que acabe con la coartada de la culpabilidad de España como justificación de los líderes nacionalistas de sus errores e incapacidades.

En la sociedad española —incluida buena parte de la catalana y la vasca— se percibe una hartura casi insoportable (también una significativa indiferencia a sus proclamas) hacia la impostura de los dirigentes nacionalistas que, mediante una subrepticia hispanofobia, arrastran a los ciudadanos de ese credo a interiorizar lo español como hostil a sus intereses. Se permiten, para excitar permanentemente ese estado de emotividad negativa, martillear con la tesis de la “baja calidad” de la democracia española cuando —como bien subraya el manifiesto de Concordia Cívica— si el sistema de libertades con el consiguiente desafío a las leyes se ha deteriorado, ha sido, precisamente, en Cataluña y en el País Vasco. En el primer caso, la Constitución se infringe paladinamente; y en el segundo, además de ocultar cualquier símbolo español, todavía se vive bajo las secuelas más terribles de su reciente historia.

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