La despedida de Rajoy y las zanahorias de Montoro

Montoro va a introducir kilos de zanahorias, según la jerga del responsable de Hacienda: mientras todo esté asegurado, palo; cuando el Gobierno pierde apoyos, zanahoria

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le da la mano al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le da la mano al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (Reuters)

Hoy el Gobierno, en un Consejo de Ministros innecesariamente extraordinario, aprobará el proyecto de Presupuestos Generales del Estado que remitirá al Congreso la semana que viene. Todo hacer pensar que son los últimos de la legislatura y, seguramente, también los últimos que apruebe un Gobierno presidido por Rajoy. Se aprueban pese a que los socios parlamentarios, Ciudadanos y el PNV, no están amarrados. Pero el Ejecutivo va a echar el resto. Serán unos Presupuestos electorales en los que Montoro va a introducir kilos y kilos de zanahorias, según la jerga del responsable de Hacienda: mientras todo esté asegurado, palo; cuando el Gobierno pierde apoyos, zanahoria.

Pendiente de levantarse el 155 en Cataluña (lo que parece muy improbable a corto plazo, en atención a los acontecimientos), no se darían las condiciones mínimas para que el PNV negociase las cuentas de 2018. La detención de Puigdemont en Alemania pone las cosas más difíciles a los peneuvistas. Sin embargo, más que negociar, el Ejecutivo pretende 'comprar' a los nacionalistas vascos. Ya lo declaró Javier Maroto a 'El Correo' el pasado 18 de marzo. “La oferta que hace el PP en materia social y de infraestructuras es tan buena para los vascos que el PNV no podrá rechazarlos. Estos serán los Presupuestos en los que el PP se va a dejar la piel para que venga la alta velocidad a Euskadi”. No están estas declaraciones exentas de impudicia política, pero los populares van por derecho. ¿Cuánto va a costar el apoyo nacionalista? Es la misma pregunta que el PNV contestó cumplidamente el pasado año: obtuvo una bolsa generosa con un nuevo y favorabilísimo cupo y compromisos inversores varios.

La detención de Puigdemont pone las cosas más difíciles a los peneuvistas. Pero más que negociar, el Ejecutivo pretende 'comprar' a los nacionalistas

El PNV es un socio peligroso. Lo fue antes (en 1996 negoció con el PP y con ETA en Estella al mismo tiempo) y tiene trazas de serlo también ahora. Urkullu, un paradigma de sensatez hasta el momento, se está distanciando de la serenidad y hace regresar al nacionalismo por donde solía: ha pedido una “directiva de claridad” a la Unión Europea para que se puedan celebrar consultas soberanistas en determinadas regiones; ha impulsado en el Parlamento Vasco la petición de que se derogue el artículo 155 y se libere a los presos preventivos del 'procés' catalán, y está urdiendo una reforma del Estatuto que recoge el derecho a decidir y la bilateralidad política, además de la financiera que ya posee Euskadi. Pero sea como fuere, el PNV es el socio de Rajoy y el presidente no va a renunciar a que lo sea por esas y otras 'minucias'. El precio de los nacionalistas —si al final se avienen— será alto, y el PP y el Gobierno están dispuestos a pagarlo.

Ciudadanos tiene también un largo elenco de cuestiones presupuestarias, muchas de las cuales están en el acuerdo de investidura de Rajoy, suscrito por Hernando y Girauta en agosto de 2016. También para Rivera estos serán los últimos Presupuestos de compromiso con Rajoy. No solo no se entiende con el presidente del Gobierno. Es que ni él lo soporta ni Rajoy a él. Un PP con Rajoy a la cabeza de las listas de unas futuras elecciones generales no podrá hacer tándem con Ciudadanos. Los Presupuestos van a ser el final del acuerdo que ha permitido al PP gobernar con una minoría inédita en democracia de 137 escaños. En lo esencial, Ciudadanos ha sido leal con el PP y con el Gobierno. No así los populares con los de Rivera, que han visto cómo desde Moncloa se han ninguneado buena parte de los acuerdos de investidura. Pero los liberales han pactado los Presupuestos porque necesitan tiempo. Ayer cerraron un acuerdo en el que los naranjas obtuvieron muy buena parte de sus reivindicaciones.

El PNV es el socio de Rajoy y el presidente no va a renunciar a nada por 'minucias'. El precio será alto y el Gobierno y el PP están dispuestos a pagarlo

Las zanahorias de Montoro también van a ser sociales. Hay medidas fiscales que podrían convencer a parte de su electorado en fuga y retoques en las pensiones que tratan de aplacar la marea de los jubilados que se han echado este invierno a la calle. Habrá también equiparación salarial de las policías del Estado con las autonómicas y restablecimiento de una cierta capacidad adquisitiva para los funcionarios, que han sufrido también los rigores de la crisis. En dosis pequeñas, pero el Gobierno quiere repartir beneficios aunque su montante sea reducido, escaso. Desea apuntar una política de comprensión a un país enfadado y revuelto (mujeres, pensionistas, médicos, policías, funcionarios…) para que sea más leve en las urnas con el PP de lo que las encuestas adelantan.

En todo caso, la aprobación de hoy de estos Presupuestos-zanahoria constituye el canto del cisne de la legislatura y, seguramente, del PP en el Gobierno y, muy en particular, del propio Rajoy como presidente del Ejecutivo. De aprobarlos —lo que está por ver, teniendo en cuenta la crisis catalana—, el presidente llegará a finales de 2019, lo cual es tanto como agotar la legislatura. Y podrá así igualar las marcas de Aznar y de Zapatero. Luego, ¿se presentará a los comicios generales? Dicen en los entornos de Génova que dependerá mucho de los resultados de las municipales y autonómicas. Pero sobre todo de que estos Presupuestos que hoy aprueba el Consejo de Ministros se convaliden en el Congreso. Si fracasan, habrá elecciones generales en meses.

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