La gran oportunidad

Las buenas oportunidades no ocurren con frecuencia y cuando suceden es mejor aprovecharlas, porque uno no sabe si se van a repetir

Foto: Bandera de la Unión Europea. (EFE)
Bandera de la Unión Europea. (EFE)

Merkel tiene mucha razón, la prioridad no es el Brexit sino la Europa de los Veintisiete, y a eso tenemos que dedicar nuestros esfuerzos. Así de claro se lo dijo a May. Las buenas oportunidades no ocurren con frecuencia y cuando suceden es mejor aprovecharlas porque uno no sabe si se van a repetir. Ahora los europeos tenemos una estupenda gracias a la coincidencia del Brexit con la presidencia de Donald Trump. Es mucho más que la ocurrencia de Leire Pajín cuando dijo que Obama y Rodríguez Zapatero formaban una "conjunción planetaria" (?). Esto es serio. Al parecer, en mandarín se dice igual crisis que oportunidad y esta es una gran oportunidad para que la Unión Europea (UE) salga de esa "crisis existencial" de la que hablaba el presidente Juncker.

El Brexit es malo. Es malo para la UE y es peor para los británicos, que empiezan a darse cuenta del lío en el que se han metido al dejar de lado a su respetable democracia representativa por un plebiscito donde han votado más con el ofuscamiento de los sentimientos que con la frialdad de la razón. Salvador de Madariaga decía en su delicioso libro 'Ingleses, franceses y españoles' que los primeros son gente de acción, los franceses de razón y nosotros de pasión. En cambio ahora parecen pensar que lo suyo es la pasión y en su referéndum dejaron votar al miedo, que no es buen consejero, en lugar de hacerlo con la cabeza. Lo vamos a pagar todos, y ellos en primer lugar.

Pero al margen de unas negociaciones de salida que han comenzado bien para los Veintisiete, que somos la parte más fuerte, el Brexit tiene el efecto positivo de aumentar el peso de Francia en el continente. Últimamente Berlín se había hecho demasiado poderoso en detrimento de París y del mismo eje franco-alemán, que siempre ha estado en el centro de la construcción europea. Como consecuencia, Alemania imponía sus políticas sin llegar tampoco a estar cómoda en el papel de líder porque todavía recuerda los líos en los que nos metió la última vez. Manda, pero lo hace con visión estrecha y nacionalista, y además no le gusta y eso se nota mucho.

María Tejero Martín. BruselasMaría Tejero Martín. Bruselas

Ahora, con el Brexit, igual que España se convierte en la cuarta economía de la eurozona (subimos un puesto) y debe ser capaz de estar a la altura del reto, resulta que Francia es el único miembro de la UE que tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con derecho de veto, y, por si esto fuera poco, que no lo es, es la única potencia nuclear que queda entre los Veintisiete miembros restantes de la Unión Europea. Nuestro único socio que pertenece al exclusivo club atómico que funciona con bola negra, aunque algunos como Kim Jong-un se quieran colar por la ventana. Son dos cualidades que permiten a Francia codearse con Alemania en un plano de mayor igualdad. Y eso es bueno porque cuando el eje franco-alemán funciona, Europa funciona, y no puede hacerlo bien cuando sus ruedas tienen diámetros muy diferentes, como hasta ahora acontecía.

Cuando el eje franco-alemán funciona, Europa funciona, y no puede hacerlo cuando sus ruedas tienen diámetros muy diferentes, como hasta ahora

El riesgo a evitar es que nos distraigamos con la negociación del Brexit y "descuidemos nuestro propio futuro. Debemos permanecer unidos, no nos dividamos". No lo digo yo, lo ha dicho Angela Merkel, sin duda preocupada por las incertidumbres combinadas que aportan Brexit y Trump. Y porque ambos fenómenos actúan de hecho como peligros exteriores que tienden a reforzar nuestra cohesión, pues ya se sabe que nada une tanto como un enemigo común. O dos.

Porque Donald Trump también nos puede ayudar a dar el salto adelante que necesitamos como Unión. Su forma de gobernar renuncia al liderazgo global y disminuye el peso mundial de su país. El eslogan 'America First' y su visión estrecha del mundo están haciendo que su influencia disminuya en vez de aumentar. La divergencia de puntos de vista entre Trump y los líderes europeos, puesta de manifiesto en su gira europea (reuniones con la UE, la OTAN y el G-6), ha sido clamorosa y la guinda ha sido su retirada del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Trump contra el mundo mundial. El llanero solitario. Nunca la distancia y la incomprensión mutua entre los Estados Unidos y Europa habían sido tan grandes como ahora, y nunca había sido tan baja la valoración de los EEUU en el mundo, como se pondrá de relieve en la reunión del G-20 que se celebrará dentro de unos días en Hamburgo.

Con este hombre y su política errática, es difícil hacer planes y por eso habrá que hacerlos sin él. Para empezar, en materia de defensa del libre comercio y de lucha contra el calentamiento global, sobre lo que Macron acuñó una frase feliz al decir que a lo que hay que poner primero en nuestra lista de prioridades es a nuestro planeta. No a América, con todos mis respetos. Tiene razón, porque el cambio climático es una realidad y si destruimos el planeta no tenemos otro lugar donde ir y además no podemos hacer esta faena a nuestros descendientes. Para estar seguros de que Trump nos oye con claridad, un grupo de países entre los que estaba España se acaban de reunir la semana pasada en Berlín. Todos unidos como en Fuenteovejuna en defensa del planeta y del libre comercio.

Gonzalo TocaGonzalo Toca

Trump también nos obliga a ocuparnos seriamente de nuestra defensa colectiva. Desoyendo los consejos de sus asesores más cualificados, como los secretarios de Exteriores y de Defensa (Tillerson y Mattis), que no se esperaban esta actitud, Trump se negó a reafirmar durante la última reunión de la OTAN la vigencia de su artículo 5, que es fundamental porque asegura el apoyo automático de todos los socios en caso de ataque exterior. Luego han intentado arreglarlo. Con la ironía añadida de que en todos los años de existencia de la organización, ese artículo solo se ha invocado una vez y fue precisamente por los norteamericanos cuando sufrieron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Tienen razón los norteamericanos en quejarse de que los europeos no gastamos suficiente dinero en Defensa y que estamos acostumbrados a colocarnos bajo el paraguas de seguridad de Washington cuando santa Bárbara suena y a esperar a que vengan a sacarnos las castañas del fuego. Es verdad. Eso ahora con Trump se acabó, y como a un lado tenemos a los rusos de Putin, que no paran de darnos codazos en Europa central, y al otro a los terroristas yihadistas, que no paran de asesinar en nuestras ciudades, haciendo entre todos que la seguridad sea comprensiblemente la preocupación principal de los europeos, no vamos a tener más remedio que coger el toro por los cuernos y hacer una Europa de la Seguridad y la Defensa mientras rematamos también la arquitectura inconclusa del euro.

Es el momento de refundar Europa, y la Defensa puede ser un buen comienzo, sobre todo ahora que los británicos ya no pueden seguir vetando la idea

O sea, es el momento de refundar Europa, y la Defensa puede ser un buen comienzo, sobre todo ahora que los británicos ya no pueden seguir vetando la idea con objeto, decían, de no debilitar a la OTAN. En estos momentos, entre todos los Veintisiete gastamos en Defensa un 40% de lo que gastan los norteamericanos, que no es poco, pero nuestra capacidad militar es solo un 10% de la norteamericana. Algo hacemos mal. Muy mal. Como tener muchos más modelos de tanques, de helicópteros y de torpedos que ellos. Aquí cada uno tiene su corralito de Defensa y eso no solo es estúpido sino que sale muy caro.

Juncker, que debe andar algo flojo en aritmética, dice que esa falta de cooperación nos cuesta entre 25.000 y 100.000 millones de euros al año y luego, con algo más de precisión, añade que "los estados de la UE tienen mucho que ganar si comparten vehículos, normalizan la munición y, en definitiva, investigan juntos en lugar de hacerlo por separado". Las verdades del barquero. Por eso la Comisión ha propuesto la creación de un Fondo Europeo para la Defensa que incentive la cooperación y coordinación en este ámbito. Y que se tranquilice todo el mundo porque no se trata de sustituir a la OTAN ni de gastar más sino de gastar mejor, apoyarnos unos a otros y evitar duplicidades. Y, como consecuencia, tener unas fuerzas armadas respetables y útiles, que sería muy deseable que pudieran estar al servicio de una política exterior común. Si lo lográsemos, otro gallo nos cantara en el mundo. Y por eso los hay que no desean que eso llegue nunca a suceder. Hay que derrotarlos.

No se trata de sustituir a la OTAN ni de gastar más sino de gastar mejor, apoyarnos unos a otros y evitar duplicidades

Quizá no todos los países de la UE querrán o podrán estar en esta Europa de la Defensa. Mi opinión es que España debe estar, al igual que está en los núcleos duros del euro y de Schengen. Porque podemos y porque nos conviene. Sin complejos y haciendo oír nuestra voz con propuestas e ideas para no tener que tragar siempre con las que proponen otros, y porque es la forma de garantizar que la UE avance de acuerdo con nuestros intereses. Y puede ser bueno para coger confianza empezar respaldando las ideas francesas sobre unión monetaria, presupuesto para los países del euro (algo que Merkel podría también apoyar con matices), unión bancaria, ministro europeo de Finanzas, Europa de la Defensa, menos austeridad... España tiene mucho que decir sobre todos estos temas sin necesidad de esperar a ver qué dicen o hacen los demás, pues nuestros socios esperan que la cuarta economía de la eurozona se despierte de una vez de su larga siesta y ocupe el lugar que le corresponde en el concierto europeo, que no es el papel de director de orquesta pero tampoco el de un violinista del montón.

Antonio Martínez. BerlínAntonio Martínez. Berlín

Europa, y España dentro de ella, debe aprovechar esta verdadera 'conjunción planetaria'. Es nuestro futuro inmediato el que está en juego, aunque de momento haya que esperar a las elecciones alemanas del 24 de septiembre, que sin duda reforzarán el rejuvenecido eje franco-alemán, mostrado ya en el último Consejo Europeo como prometedor núcleo de una Europa que recupera la ilusión gracias a la tenaza a que nos han sometido dos graves errores anglosajones.

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