El órdago de 'Bibi'

Netanyahu lanza un órdago con el anuncio de que si resulta elegido anexionará el Valle del Jordán, junto a la frontera jordana desde el norte israelí a las costas Del Mar Muerto

Foto: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (Reuters)
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (Reuters)

Tras la incapacidad para formar gobierno después de las elecciones de abril pasado, Israel se ve abocado a nuevas elecciones este martes 17 de septiembre que se presentan muy apretadas y en las que según todos los analistas puede ocurrir cualquier cosa. Probablemente esa es la razón por la que el actual primer ministro Benjamin 'Bibi' Netanyahu ha decidido jugar fuerte con todas las cartas a su alcance con el objetivo de conseguir su cuarta reelección y prolongar un mandato que ya alcanza los diez años consecutivos y trece en total. El resultado ha revuelto el escenario político israelí más de lo habitual.

En el campo doméstico 'Bibi', haciendo gala de lo que para unos es muestra de nerviosismo y para otros es astuto cálculo electoral, ha acusado a medios informativos como el Canal 12 por hablar de casos de corrupción que pueden afectarle y ha llegado a poner en tela de juicio la limpieza de los comicios y la propia legitimidad del único sistema democrático de todo el Medio Oriente, alegando irregularidades en el voto árabe-israelí de las últimas elecciones (algo que no han visto ni el Consejo Electoral, ni el Fiscal General, ni la Policía, ni los observadores independientes) y pidiendo la instalación de cámaras en los colectivos electorales.

Todo esto ha provocado una fuerte reacción en el país; hasta el punto de que el mismo presidente Reuven Rivlin haya condenado estas alegaciones como “ataques políticos sin base e irresponsables”. Y Netanyahu, que es muy listo, lo sabe. Todo parece indicar que su objetivo ha sido excitar a su base nacionalista de apoyo contra la minoría árabe porque sabe que las elecciones penden de un hilo y que si no es reelegido puede tener que enfrentarse (ya sin inmunidad) a acusaciones de corrupción, con una vista preliminar tan pronto como el mes próximo.

Según las encuestas, lo que a los israelíes les preocupa más es la situación económica (el país tiene altas tasas de pobreza y desigualdad), la corrupción y la seguridad. De economía no se ha hablado en esta campaña, el tema de la corrupción no le interesa nada a Netanyahu por las razones ya explicadas y queda la seguridad. La proximidad en las encuestas del partido Azul y Blanco de Benni Gantz y la defección de su aliado Avigdor Lieberman del partido Yisrael Beiteinu han sido las gotas que han decidido a Netanyahu jugar a fondo el tema de la seguridad para que se hable menos de corrupción. Por algo suma la cartera de Defensa a la de Primer Ministro.

Su política de eliminar bases iraníes o de Hizbollah es apoyada por israelíes que colocan la seguridad nacional por encima de otras consideraciones

'Bibi' se presenta así como el gran defensor de la seguridad de Israel, asunto en el que puede mostrar éxitos indiscutibles, y presume de su amistad con Donald Trump que le ha hecho el gran favor de apoyar su anexión del Golán y de trasladar su embajada a la ciudad disputada de Jerusalén (solo están allí las embajadas de EEUU, Guatemala y Nauru). Grandes carteles de Trump y Netanyahu adornan edificios públicos y vallas a lo largo y ancho del país, en una política que muchos israelíes ven peligrosa por vincular excesivamente a Israel con el Partido Republicano. Para realzar su gestión en el ámbito de la seguridad, Netanyahu ha comenzado a asumir públicamente la autoría de ataques contra objetivos iraníes y de Hizbollah en Siria, Líbano e Irak, que hasta ahora se dejaban siempre en la ambigüedad y no se comentaban públicamente, aunque todo el mundo supiera la nacionalidad de los aviones que habían bombardeado o quiénes habían enviado los drones y los misiles.

Esta política de eliminar bases iraníes o de Hizbollah en las cercanías de sus fronteras es ampliamente respaldada por israelíes de todas las tendencias que colocan la seguridad nacional por encima de otras consideraciones, y por eso no es fácilmente atacable y da fuertes réditos a la candidatura de 'Bibi'. Para Israel la mayor amenaza es un Irán con el arma nuclear y la segunda amenaza la instalación de misiles cerca de sus fronteras por parte de Irán y de sus aliados. Sobre esto no se discute. Y por eso ha sido un golpe para él la iniciativa francesa durante la última Cumbre del G-7 en Biarritz de invitar al ministro iraní de Exteriores para preparar una reunión entre Trump y el presidente Hassan Rohani. Netanyahu ha protestado pero no ha logrado hablar desde entonces con Trump (aunque lo hizo en Londres con el nuevo Secretario de Defensa Mark Esper) y en Israel se considera que el encuentro tendrá lugar y más aún después de que Trump haya despedido con sus malos modos habituales al agresivo Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, un halcón bien visto en Tel Aviv por su clara postura en favor de un cambio de régimen en Teherán.

Netanyahu saluda a Donald Trump. (Reuters)
Netanyahu saluda a Donald Trump. (Reuters)

Y quizás por eso Netanyahu se ha sacado de la manga un órdago con el anuncio de que si resulta elegido anexionará el Valle del Jordán, junto a la frontera jordana desde el norte israelí a las costas Del Mar Muerto. Es un territorio que los Acuerdos de Oslo (1993) confiaron a la administración israelí, que tiene 2.400 kilómetros cuadrados y donde hoy viven 65.000 palestinos y 11.000 colonos. De esta forma da una vuelta más a la tuerca y pasa a colocar el problema con los palestinos en el centro del debate político, sin abandonar la seguridad pues dijo que lo haría porque es “una oportunidad única” para dar a Israel “fronteras seguras y permanentes” y que su decisión contaba con la simpatía de La Casa Blanca, que hasta ahora no lo ha confirmado limitándose a decir que “no hay cambio en la posición americana” y que lo que Trump se propone es dar a conocer su plan de paz para Oriente Medio después de las elecciones en Israel. Trump es impredecible y todavía puede hacer alguna declaración pública en favor de su amigo 'Bibi' en las horas previas a las elecciones del día 17. Pero de momento calla y ese silencio debe preocuparle a Netanyahu tanto como su posible entrevista con Rohani.

A favor y en contra

De momento está iniciativa ha desconcertado a sus rivales políticos porque según una reciente encuesta, el 50% de los israelíes verían bien la anexión Del Valle del Jordán siempre que se hiciera con la bendición de Washington y solo menos del 30% no es favorable. En cambio, su propuesta ha suscitado la inmediata repulsa de todo el mundo árabe y musulmán, incluyendo las monarquías del Golfo más próximas a Israel por su enfrentamiento con el enemigo común iraní, porque de llevarse a cabo esta anexión el eventual estado palestino se convertiría en una imposibilidad física por quedar reducido a un enclave rodeado por Israel por todas partes, y se enterraría toda posibilidad de paz entre palestinos e israelíes. Así lo han afirmado los 22 miembros la Liga Árabe en una reunión urgente convocada para tratar el asunto.

Seguidores de Netanyahu. (Reuters)
Seguidores de Netanyahu. (Reuters)

Los palestinos hablan de "declaración de guerra" (Hanan Ashraoui) o de "enterrar cualquier esperanza de paz" (Saeb Erekat). El ministro turco de Exteriores Cavusoglu ha sido particularmente duro al calificar de "racista" la declaración de Netanyahu y acusarle que promover "un Estado basado en el 'apartheid'". También Rusia ha condenado la propuesta, lo que no ha impedido a 'Bibi' viajar a Sochi para entrevistarse por enésima vez con Putin (dicen que para hablar de la situación en Siria) y poner de relieve su talla internacional.

Pero incluso en Israel ha habido críticas porque una cosa es controlar el Valle del Jordán durante un tiempo indeterminado por razones de seguridad y para garantizar la cooperación del Estado palestino (cosa que todos apoyan), y otra muy diferente anexionarlo. Y el proyecto también ha sido condenado por varios grupos judíos norteamericanos (como el rabino Jacobs, presidente de la Unión for Reform Judaism) que respaldan la solución de dos Estados sobre el viejo Mandato británico de Palestina, mientras otros creen que una anexión de lo que en definitiva supone un 30% de los territorios ocupados por Israel en la guerra de 1967 se volvería en contra de los propios intereses de Israel y de su misma naturaleza democrática.

Todo lo cual indica que un conflicto que lleva enquistado desde 1949 no lleva camino de encontrar una solución y que el sufrimiento de unos y otros, aunque más de unos que de otros, va a continuar y la paz no encontrará forma de abrirse camino por mucho dinero que Donald Trump y su yerno Jared Kushner quieran poner sobre la mesa cuando desvelen su Plan de Paz. Porque, una vez más, deberían saber que no todo se puede arreglar con dinero. Aunque a ellos les cueste creerlo.

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