Final de Copa: pitos contra el Rey, silencios para Franco

No cabe duda de que es un mal trago para el Rey tener que soportar semejantes pitadas, pero también lo es para muchos españoles que se sienten ofendidos

Foto: Felipe VI entrega el trofeo de la Copa del Rey al centrocampista del FC Barcelona, Andrés Iniesta, en una imagen de archivo. (EFE)
Felipe VI entrega el trofeo de la Copa del Rey al centrocampista del FC Barcelona, Andrés Iniesta, en una imagen de archivo. (EFE)
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En los últimos seis años, la hinchada del Barcelona ha llenado los estadios anfitriones de la Copa del Rey. Una oportunidad que aprovecharon los independentistas para abroncar durante la interpretación del himno con pitadas monumentales, de las que se recuerda especialmente la del 2015, cuando la afición del Barcelona sumó sus fuerzas detractoras a las del Athletic de Bilbao ante la mirada complacida de Artur Mas, que disfrutó tanto más de lo que vio en las gradas que de lo que vio en el campo.

En estas ocasiones, la cara de Felipe VI ha estado siempre tensa. No cabe duda de que es un mal trago para el Rey tener que soportar semejantes pitadas, pero también lo es para muchos españoles que se sienten ofendidos por la falta de respeto con la que la afición nacionalista ofende a un símbolo del país como es la figura del Monarca.

Así ha sido la pitada al himno de España antes de la final de Copa del Rey entre el Barcelona y el Alavés

Este año no jugará el Barcelona la final de Sevilla. Bien podría haber sido una jornada de fiesta para el rey don Felipe si Mirandés y Granada hubieran ganado sus encuentros de vuelta frente al Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, pero no fue así.

Los dos equipos vascos se medirán en esa final y la Copa vendrá para Euskadi por primera vez desde 1987, año en el que la ganó la Real Sociedad por segunda vez en su historia. El Athletic tiene mejor palmarés copero, la ha ganado en 24 ocasiones. No en vano se le llama el Rey de Copas y desde el inicio de la competición se decía que los finalistas serían: el Bilbao y otro. No en vano, esta será la trigésima octava vez que la dispute.

Ser un clásico en estas finales hizo que el Athletic ganara simpatías en toda España. Cuando, a mediados del 50 se autorizó la incorporación de extranjeros a los equipos, el Atlhetic decidió no recurrir a ellos y seguir tirando de su propia cantera. Eso le hizo perder competitividad frente al Madrid o al Barcelona, pero también le hizo granjearse más seguidores por todo España.

Hoy cuenta con cerca de 800 peñas por todo el Mundo. La mitad de ellas en lugares de España distintos al País Vasco. Todas las provincias de España tienen, al menos, una, incluida Granada, que fue donde logró su clasificación para la final el pasado jueves. En Almuñécar y en Huéscar, los de La 100% Rojiblanca y los de Los Leones Oscenses se sentirán representados en la final pese a que el Granada fuera derrotado por el equipo vasco.

El sentimiento rojiblanco se extiende emocionalmente por toda España. Sus hinchas cuelgan los símbolos rojiblancos con orgullo. En ocasiones en lugares tan singulares como la torre Julia, en la iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo, donde un cantero que participó en la restauración del templo en 1972 esculpió el escudo del Athletic en un capitel del campanario románico del siglo XIII.

Hinchas resignados que mantienen su afición por los colores pese a que la gabarra que pasea a los Leones cuando logran un título de Copa no haya subido la Ría desde 1984. El 18 de abril se podrán desquitar de tanto barbecho, pero para eso tendrán que batir a la Real Sociedad, que va por delante en la liga y aspira a su tercer título copero.

Los dos equipos vascos se medirán en esa final y la Copa vendrá para Euskadi por primera vez desde 1987, año en el que la ganó la Real Sociedad

La Real lleva la Corona en su escudo y en su nombre por derecho concedido por Alfonso XIII en 1910, San Sebastián fue la ciudad de veraneo del Rey y de su Corte. Es un equipo tradicional de la primera división, aunque también ha conocido la segunda. Cualquier español de más de 50 años recuerda con afecto aquella escuadra que ganó las ligas de 1981 y 1982 y que nutrió a nuestra selección en el Mundial de España con nombres tan míticos como el de Arconada, López Ufarte, Zamora, Uralde o Satrústegui.

En Sevilla se medirán de nuevo estos dos equipos vascos de la Liga española y se medirán también sus aficiones. Se medirán en nobleza y en respeto, el respeto que se deben a sí mismas y a quienes quieren disfrutar con el juego de sus equipos. Pero sabemos que el fútbol también es política y algunos lo van a querer demostrar. Se abren dos opciones que han sido expresadas por el 'lehendakari', Iñigo Urkullu, que ya en 2015 apeló al "respeto institucional", y la de Andoni Ortuzar, presidente del PNV, que fue de los que ya silbaron desde la grada en 2015 y que este martes ha dicho que, para el Rey, escuchar pitos "va en el sueldo".

No me cabe duda de que ambos clubes se merecen la mejor hinchada, la que se respeta a sí misma respetando a los demás. A todos aquellos vascos que quieren que el apoyo a sus clubes sea en positivo, la de muchos seguidores del Athletic y la Real, vascos y de otras partes de España, que se sentirán ofendidos con los pitidos. También a todos quienes quieren que respetemos nuestros símbolos, ya sean la 'ikurriña', la bandera española o nuestro himno.

El general Franco entregó ocho copas a los capitanes del Athletic de Bilbao. Entonces se mantuvo un respetuoso silencio durante la interpretación del himno y se aplaudió la entrega de la Copa sin pitos ni gritos. Nadie estaba para hacer heroicidades ni tampoco estamos ahora para exigir que las hicieran. Pero ofender a los símbolos de un país democrático, silbar al jefe de un Estado Constitucional cuando se guardó silencio ante un jefe de Estado totalitario hace más banales las críticas y menos comprensibles los antiguos respetos.

Cuanto más ardor se expresa silbando en libertad, más falta de valor se demuestra que se tuvo cuando había ausencia de ella.

Hubo mejores oportunidades para pitar en la final de una Copa y no se aprovecharon por miedo, sería bueno que cuando ya no lo hay se guarde el mismo silencio; ahora, por respeto.

Aunque temo que, esta vez, al Rey solo le salve un partido jugado a puerta cerrada por culpa del coronavirus.

El Espejismo Vasco
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