Alerta a todas las unidades

¿Cuánto falta para que se apruebe otro gasto extraordinario de armamento? ¿Cuándo para una nueva letra de los PEAS?

¿Cuánto falta para que el Gobierno apruebe un nuevo gasto extraordinario de armamento por decreto? ¿Cuándo nos girarán en modo turbo una nueva letra de 1.000 millones de los Programas Especiales de Armamento (PEAS)? El lector que crea encontrarse ante un artículo para entendidos en Defensa hará mejor en verse como contribuyente y en sentirse concernido, pues la factura de los 19 Programas de Armamento asciende a 30.000 millones de euros (un rescate y medio de Bankia). Y la vamos a pagar a escote.

El Ministerio de Defensa milita en la opacidad, por eso estamos enterados de que tenemos aeropuertos sin aviones, pero casi nadie sabe que tenemos submarinos que no flotan y carros de combate útiles para defendernos de una improbable invasión francesa. El ministro ha disminuido los pagos en 2014 y 2015, para aumentar de nuevo la cuenta a partir de 2016: que los ciudadanos voten a ciegas constituye el empeño recurrente del Gobierno. El secretario de Estado, Pedro Argüelles, vino al Congreso en mayo de 2013 a hablarnos de su “reconducción” de los PEAS, un soberbio ejercicio de cinismo. Nos contó cuán duramente había negociado con la industria para ahorrarles dinero a los españoles: la realidad es que la factura final será más cara, en concreto 2.000 millones más.

Ni siquiera en el Ministerio han sabido con precisión a cuánto asciende la factura de los PEAS y se permiten el lujo de hablar de 6.000 millones de euros arriba o abajo

Esa es la cifra que les sale a los expertos cuando no hacen la cuenta de la vieja, sino que comparan magnitudes semejantes: acuerdos del Consejo de Ministros. Defensa compara magnitudes como le conviene sin que tengan nada que ver: equipara un acuerdo de Consejo de Ministros con informes internos del Gobierno anterior. ¿Tendrá que explicarles otra vez Ana Botella su célebre teoría de las peras y las manzanas? No, la cosa es mucho más grave: la realidad es que ni siquiera en el Ministerio han sabido con precisión a cuánto asciende la factura de los PEAS y se permiten el lujo de hablar de 6.000 millones de euros arriba o abajo porque no salen de su bolsillo.  

El ministro Morenés volverá pronto a hablar de una necesidad “extraordinaria y urgente” para liquidar en hora y media de debate otro desembolso de más de 900 millones. El plan de pagos de los PEAs quedó firmado hace tiempo. Está todo planeado. No hay ningún pedrisco inesperado ni inundaciones. Hay, simplemente, cargos públicos que anteponen los intereses de la industria a la seguridad de nuestro país. ¿Todavía alguien cree que este gigantesco dispendio no hace resentirse la seguridad nacional? El crudo dilema se plantea en estos términos: si seguimos abonando la factura impagable de los PEAs –y quedan más de 15 años- en lugar de renegociar con la industria, nuestras Fuerzas Armadas quedarán rotas e inoperantes y el país, indefenso.

Se han recortado las horas de vuelo, de mar y de adiestramiento, los efectivos y los equipos. Se ha encanijado todo, y especialmente nuestra seguridad

En esta orgía de gasto no falta ni una sola de las peores prácticas de los malos gobernantes: opacidad, fraude, abuso, despilfarro, puerta giratoria, conflicto de intereses, sobrecostes, etc. Por cierto, Argüelles es el miembro más rico del Gobierno, aunque naturalmente esto nada tiene que ver con el asunto que nos ocupa. Entretanto, los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas trabajan en el límite, de sus fuerzas y de los recursos. Se han recortado las horas de vuelo, de mar y de adiestramiento, los efectivos y los equipos. Se ha encanijado todo, y especialmente nuestra seguridad. El JEMAD lo dijo con claridad en la Comisión de Defensa: “Nuestros carros de combate, nuestros aviones de caza y nuestros buques de guerra no pueden ya completar los mínimos anuales de horas de adiestramiento”. Añadió que estamos a punto de cruzar un límite “por debajo del cual la totalidad del dinero dedicado a la Defensa resulta inútil”.

Esto es una alerta a todas las unidades. Permanezcan vigilantes. No podemos permitir que se salgan con la suya, o acabarán hundiendo el Ejército sin dejar de llamarnos antipatriotas, sin dejar de decir –como han hecho- que “criticar los PEAS es criticar a las Fuerzas Armadas”. En UPyD hemos elaborado un primer informe; podríamos escribir 19, uno por cada programa, con todas sus irregularidades: desde aquí animo a todos los militares que tengan información relevante a hacérnosla llegar. Por suerte, cuando las cosas son graves, la gente honesta y sinceramente preocupada por el futuro de nuestro país sabe de qué lado ponerse. Estamos trabajando para arrojar luz allí donde el Ministerio busca opacidad, para poner cordura allí donde se ha instalado el dislate; en suma para que no hipotequen el futuro de nuestros hijos.

Palabras en el Quicio
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