La triquinosis del politólogo en 2015

En este año que comienza, presiento que va a extenderse la triquinosis del politólogo, entendida de acuerdo a la definición que planteaba Ambrose Bierce en su Diccionario

Foto: La Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados. (EFE)
La Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados. (EFE)
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En este año que comienza, presiento que va a extenderse la triquinosis del politólogo, entendida de acuerdo a la definición que planteaba Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo. El autor escribía que la triquinosis “es la respuesta del cerdo a quienes son partidarios de la porcofagia”. Del mismo modo barrunto que los politólogos –esa profesión de moda–, en su afán de analizar la realidad, se van a ver devorados por ella misma si se empeñan en pronosticar un futuro impredecible. La triquinosis del politólogo va a ser la respuesta de la política a quienes son partidarios de masticarla y digerirla antes de que se sirva en el plato.

Hay dos afirmaciones respecto a lo que ocurrirá en 2015 sobre las que existe un consenso generalizado. La primera: será un año de enormes cambios. La segunda: la volatilidad es enorme. En realidad, se resumen en una sola: todo ha empezado a cambiar ya, pero no sabemos en qué dirección. El corolario es obvio y “no tengo la menor idea de lo que va a ocurrir” debería ser la frase más oída en boca de un politólogo. Sin embargo, casi nunca se les oye decirla, ni siquiera a los honestos.

Las líneas maestras de la política española van a quedar definidas en 2015 para una generación. Tenemos dos grandes citas electorales, municipales y autonómicas por un lado, y generales, por otro. Quizá también catalanas

Existe una contradicción enorme en afirmar que vivimos tiempos inciertos, que todo está abierto, y bla, bla, bla, y a continuación pronosticar el número de escaños que obtendrá cada fuerza política en las elecciones de noviembre de este año. Al menos, la ficha técnica de las encuestas debería explicar que el margen de error es de +-20%. Nadie mínimamente riguroso se arriesgaría a ser menos rotundo respecto a su incertidumbre.

Las líneas maestras de la política española van a quedar definidas en 2015 para una generación. Tenemos dos grandes citas electorales, municipales y autonómicas por un lado, y generales, por otro. Quizá también catalanas.

Sólo me aventuro a hacer un pronóstico: sean cuales sean los resultados electorales y sus combinaciones, pase lo que pase –incluso si ocurre algo que ahora nadie esté previendo–, dentro de cuatro años no seremos los mismos. Probablemente ya hemos dejado de serlo, y ya se está dando un cambio que no registrarán los libros de historia: cada vez más ciudadanos nos damos cuenta de que lo que suceda va a depender en gran medida de lo que nosotros mismos hagamos, de hasta qué punto queramos luchar este año por tener el país que nos merecemos, y un Gobierno a la altura de la sociedad.

Por eso sólo creo a un politólogo, el que reconoce que nos hemos adentrado en aguas movedizas. Los demás sufrirán triquinosis. Al tiempo.

Palabras en el Quicio
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