Muchos listos y poca inteligencia

El atentado de Francia demuestra que, en la lucha contra el terrorismo yihadista, hay que disparar, pero antes hay que apuntar. Si no afinamos la puntería

Foto: Los ministros de Justicia, Rafael Catalá (d), y de Interior, Jorge Fernández Díaz. (EFE)
Los ministros de Justicia, Rafael Catalá (d), y de Interior, Jorge Fernández Díaz. (EFE)

El atentado de Francia demuestra que, en la lucha contra el terrorismo yihadista, hay que disparar, pero antes hay que apuntar. Si no afinamos la puntería al aprobar medidas para enfrentarnos a esa grave amenaza, corremos al menos tres riesgos.

El PP y el PSOE han querido escenificar un acuerdo a gran velocidad. Es doctrina asentada en nuestro país que las prisas corresponden a los delincuentes y a los malos toreros. Delincuentes, vale, pero ¿malos toreros? El primer riesgo resulta evidente: precipitarse en materia tan sensible puede dar la apariencia de que se busca un mero efecto propagandístico, ése tan español de enfrentarse a los problemas con leyes y no con soluciones. A final parece que lo van a aprobar, no como parte de la reforma del Código Penal actualmente en discusión, sino como una reforma sobre la actual reforma. Sí, una especie de parte contratante de la primera parte que revela la voluntad propagandística del asunto.

Precipitarse en materia tan sensible puede dar la apariencia de que se busca un mero efecto propagandístico, ése tan español de enfrentarse a los problemas con leyes y no con soluciones

Más chocante aún resulta que se pretenda redefinir el “terrorismo”. Discusiones de décadas en las instituciones internacionales no han conseguido encontrar una definición consensuada para esta materia; en cambio, sí hay una definición europea. ¿Cómo pretende el PP modificar esa definición, que actualmente suscita consenso en nuestro país, por la vía de una reforma rápida del Código Penal? Riesgo número dos: aprovechar que el Pisuerga pasa por París para asimilar a un atentado terrorista todos los actos que amenacen la “paz social”, lo cual a menudo ocurre con gobiernos como éste. De este  modo, además, el Gobierno no sólo se ve obligado a definir lo que significa “paz social”, que hasta ahora se entendía como ausencia de conflicto entre los ciudadanos –más o menos organizados– y los gobernantes.

Tercero y último riesgo: las medidas europeas. Se está hablando en Europa de elaborar un registro de pasajeros para controlar a los combatientes yihadistas cuando regresan de Siria o Iraq. Quizá sea necesario, pero no conviene olvidar que los terroristas de París se criaron en Francia y no volvieron de ningún campo de entrenamiento. ¿Qué relación tiene esto con el Charlie Hebdo? En cambio, hay una labor preventiva de inteligencia que llevar a cabo en las mezquitas semiclandestinas que existen en las grandes ciudades europeas. Para hacerlo, en Europa y en España, son necesarios muchos más medios humanos y materiales. Si no se va a gastar más dinero y se busca un efecto propagandístico con las reformas legales, el resultado no es muy halagüeño: aquí hay mucho listo y poca inteligencia.

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