"Era una puta, lo hiciste bien"

La Comisión Antiviolencia debería darse un paseo por el Congreso. Tal vez acabara clausurando unos días parcialmente el banco azul

Foto: El jugador del Real Betis Rubén Castro. (EFE)
El jugador del Real Betis Rubén Castro. (EFE)

No suelo leer las crónicas de fútbol, pero admito que constituyen una fuente inagotable de sabiduría. Los antropólogos analizan estos días la sintaxis profunda de los cánticos que hacen furor entre ciertos hinchas del Betis.

El sonsonete se dirige a un jugador acusado de maltratar y amenazar a su novia. Se le imputan cuatro delitos y el fiscal pide para él dos años y un día. Para animar a su joyita, los suyos le cantan: "¡Rubén Castro, alé, Rubén Castro, alé, no fue tu culpa, era una puta, hiciste bien!". El club pone el grito en el cielo porque la Comisión Antiviolencia ha propuesto cerrar parcialmente el estadio del Betis como castigo.

Lo más simpático ha sido su reacción ante la posible sanción. Que es "claramente discriminatoria", han dicho. Qué 'salaos'. Legitiman la violencia ante sus narices, en concreto la violencia machista, y no se les ocurre nada mejor que convertirlo en un debate sobre la discriminación. Supongo que para determinar qué grado de discriminación sufren le pedirán opinión a la exnovia del jugador. La puta, digo.

Para muchos sigue siendo el peor insulto que se puede dirigir a una mujer, sobre todo si es sinónimo, no de "trabajadora del sexo", sino de "mujer que se acuesta con quien le da la gana". Hay quienes sostienen que la tradición de nombrar a los árbitros por sus dos apellidos está estrechamente relacionada con el hecho de que "hijo de puta" sea la lindeza que con más frecuencia se le dirige.

Aunque quien se hace un auténtico lío con los apellidos es el presidente Rajoy. Tres años de legislatura y aún se dirige a Rosa Díez llamándola Díaz. Para un amigo de Arias Cañete no debería ser difícil superar ese umbral intelectual por encima del cual se aprende a pronunciar Dí-ez. Rajoy no sabe hasta qué punto se percibe la incomodidad que le provoca debatir con ella. La razón es sencilla: no sabe tratar a una mujer como a una igual. En el debate del estado de la nación volvió a aflorar su desdén. Se percibía en él una repulsión atávica, anclada en su cerebro reptiliano, visible en los gestos, las palabras y en el tono exageradamente agresivo. Para quienes achaquen mi percepción a hooliganismo de partido, aquí traigo la opinión de dos señoras periodistas, profesionales e independientes.

Aquí el desprecio a las mujeres pasa desapercibido porque no intoxica en forma de cánticos machistas, sino con sutiles desprecios

Contaba ayer Eduardo Rodrigálvarez que aún hay especímenes ibéricos que rechazan el fútbol femenino, porque ni es fútbol ni es femenino. En política abundan, y aquí el desprecio a las mujeres pasa con frecuencia desapercibido, porque no intoxica en forma de cánticos abiertamente machistas, sino con sutiles desprecios. El vocabulario político parece haber incorporado sin problemas "lideresa" como femenino de "líder", pese a resultar tan casposo como cuando el femenino de "soltero" era "solterona".

Comentaristas y tertulianos lo emplean con naturalidad para referirse a la propia Rosa Díez o a Esperanza Aguirre, porque tienen interiorizado el prejuicio de que una mujer será siempre menos líder que un hombre. Habrá por tanto que renegar de ese apelativo, como en su día las poetas renegaron del término "poetisa" que las condenaba a ser algo menos que los machos alfa del soneto.

Después de todo, quizá tengan razón los béticos que se sienten discriminados. Hace mucho más daño a España el desprecio sutil de Rajoy que la elocuencia de los hinchas defendiendo a su energúmeno. La Comisión Antiviolencia debería darse un paseo por el Congreso. Tal vez acabara clausurando unos días parcialmente el banco azul. Así cumpliríamos al fin el sueño de librarnos de este Gobierno y, además, quedarían señalados quienes piensan que, como en el fútbol femenino, una mujer política, ni es política ni es mujer.

A algunos del banco azul les pega ir los domingos de incógnito, confundidos entre la turba, a desgañitarse en el estadio para dilucidar quiénes, entre las madres de los árbitros o las novias de los jugadores, son insultables. Por mi parte, considero a las putas modelos sociales de honradez: jamás habrían mandado ánimos a un tipo como Bárcenas.

Palabras en el Quicio
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