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Rufián es mucho Rufián. Junqueras, muy poco Junqueras
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Josep Martí Blanch

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Rufián es mucho Rufián. Junqueras, muy poco Junqueras

El líder republicano en el Congreso desafía de nuevo a su partido con un acto en Barcelona el 9 de abril con Irene Montero para dialogar sobre un hipotético frente de izquierdas

Foto: El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el portavoz del partido y diputado en el Congreso Gabriel Rufián. (EFE/Quique García)
El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el portavoz del partido y diputado en el Congreso Gabriel Rufián. (EFE/Quique García)
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Gabriel Rufián volvió a liarla ayer en su partido. El anuncio del acto conjunto con Irene Montero en Barcelona el próximo 9 de abril bajo el título de “Què hem de fer?” ("¿Qué debemos hacer?") es un nuevo desafío a la autoridad de Oriol Junqueras. El objetivo es el mismo que perseguía la charla que el político republicano protagonizó con Emilio Delgado, el portavoz adjunto de Más Madrid, el pasado mes de febrero en la capital de España. Esto es, explorar vías de entendimiento a la izquierda del PSOE para reflotar un espacio político que en estos momentos está en ruinas y que debe resanarse, según Rufián, para “parar los pies” a la derecha y la ultraderecha en unas elecciones.

Rufián se ha creído de verdad que puede ser presidente de España. Políticamente sufre la misma ensoñación que antes que él ha padecido Pablo Iglesias o Yolanda Díaz. ERC le importa un pimiento y sólo le interesa su agenda particular. Algunos pensaban que tras la desautorización de la dirección del partido después del acto de febrero con Emilio Delgado en Madrid, Rufián recogería carrete. Pero era obvio que no. Se siente fuerte, intocable a pesar de su mala relación con Junqueras. Y por eso redobla una apuesta que para ERC es un desastre, pero que a él puede servirle. Quizás lo que pretende es escalar la tensión hasta que lo echen del partido y tener las manos libres para iniciar su segunda carrera política en otro espacio político.

El párrafo anterior recoge opiniones literales de personas destacadas de ERC. Faltaría añadir el lamento de que Oriol Junqueras no actúe con mayor decisión y marque de una vez por todas líneas rojas a Rufián que pongan fin a sus deslealtades. En ERC, los más enfadados con Rufián ejemplifican esta deslealtad recurrente con un ejemplo de hace dos días. Elisenda Alamany, secretaria general de ERC, se desplazó el martes a la capital de España.

Se reunió en sesión de trabajo con los diputados y senadores de su formación, encuentro al que también acudió Gabriel Rufián, aunque éste se marchó antes de que finalizase. Pues bien, el líder republicano en el Congreso no informó a su secretaria general allí presente de que al día siguiente -ayer- anunciaría el acto con Irene Montero en Barcelona. Todo ello a sabiendas del impacto político que dicho anuncio provocaría. Aunque no es extraño, añaden las fuentes republicanas. De hecho, la comunicación con Oriol Junqueras es igual de precaria si no más.

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Enfado indisimulado entre muchos de sus compañeros de filas, que se preguntan ya abiertamente dónde está el límite de la paciencia de Oriol Junqueras y también si seguirá permitiendo que la agenda personal de Gabriel Rufián siga imponiéndose a la de ERC. Algunos reconocen el atrevimiento del líder republicano en el Congreso. Rufián ha olido la debilidad de Junqueras y saca provecho de ella. Otro cargo republicano, de los muchos que comparten opiniones similares, se limitó ayer a calificar de despropósito lo que está haciendo Rufián con las siglas de ERC. Abrazarse a Irene Montero, dar el mensaje de que se está dispuesto a compartir cartel electoral con ella, es veneno para la mayoría de los militantes de pueblos y ciudades de Catalunya que conforman la base electoral de ERC.

Todo lo anterior guarda relación con la retirada de los presupuestos de Salvador Illa. Nada tiene que ver con ello directamente Gabriel Rufián. Pero sí guarda relación con el liderazgo debilitado de Oriol Junqueras dentro de su propio partido. Del mismo modo que el presidente de ERC no está en condiciones de atar corto a Rufián, tampoco tiene garantías de que un movimiento demasiado brusco de apoyo a Salvador Illa, no sirviese -de pegamento- entre sus críticos. Precipitando, de este modo, una crisis dentro del partido republicano.

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De ahí que el órdago del presidente de la Generalitat haya fracasado. Pensaba Salvador Illa que haciendo creíble la amenaza de disolución del Parlamento y convocatoria de unas elecciones (a las que Junqueras no podría presentarse por no estar todavía amnistiado) sería suficiente para que los republicanos se aviniesen como mínimo a permitir su tramitación.

Pero Junqueras, siempre según las voces críticas que ayer se multiplicaron a tenor del caso Rufián, no está en condiciones de ejercer un liderazgo indiscutible que le permita arrastrar a voluntad a su partido. Y menos si los socialistas no cumplen el pacto de investidura acordado. De ahí que Junqueras haya soportado sin pestañear la presión de los entornos empresariales y del PSC; y que haya obligado finalmente a Salvador Illa a retirar sus presupuestos y ganar tiempo de negociación hasta julio. Una decisión que ha debilitado al presidente de la Generalitat y a su ejecutivo, al tiempo que les ha robado parte de su capital de credibilidad acumulada.

Tendremos tiempo de ver cómo termina la cuestión presupuestaria, asunto del cual depende en buena parte la continuidad de la legislatura catalana. La narrativa impulsada por el PSC y por ERC es que van a seguir negociando. También se ha querido insistir en el hecho de que para los republicanos la cesión de la recaudación del cien por cien del IRPF ya no será una condición sine qua non, sino tan sólo una condición “muy importante”.

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Pero lo cierto es que a medida que avancen los meses, y por muy atrás que queden las elecciones andaluzas, más difícil va a ser imaginar al PSOE, ya con la proa hacia las generales, poniendo de su parte para contentar a los republicanos en materia tan sensible como la recaudación de impuestos.

Y por el mismo motivo, también será más complicado para Oriol Junqueras ceder alegremente sus reivindicaciones identitarias. Con más motivo con un nivel de contestación interna que puede acabar cristalizando en una impugnación abierta de su liderazgo. Junqueras quiere aprobar los presupuestos de Salvador Illa (están prorrogados) y tener controlado a Gabriel Rufián. De momento, ni una cosa ni la otra.

Gabriel Rufián volvió a liarla ayer en su partido. El anuncio del acto conjunto con Irene Montero en Barcelona el próximo 9 de abril bajo el título de “Què hem de fer?” ("¿Qué debemos hacer?") es un nuevo desafío a la autoridad de Oriol Junqueras. El objetivo es el mismo que perseguía la charla que el político republicano protagonizó con Emilio Delgado, el portavoz adjunto de Más Madrid, el pasado mes de febrero en la capital de España. Esto es, explorar vías de entendimiento a la izquierda del PSOE para reflotar un espacio político que en estos momentos está en ruinas y que debe resanarse, según Rufián, para “parar los pies” a la derecha y la ultraderecha en unas elecciones.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)