El coste de la contaminación y Madrid Central

Deberíamos olvidarnos de iniciativas como Madrid Central si se quiere abordar el problema desde una perspectiva rigurosa

Foto: Contaminación de Madrid. (EFE)
Contaminación de Madrid. (EFE)

La Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad de la Universidad Pontificia Comillas ha publicado el 'Observatorio 2018', en el que incluye un nuevo cálculo del coste de las externalidades generadas por nuestro sistema energético. Se trata de valorar los costes que el consumo de energía fósil supone para nuestra sociedad y que no son soportados por los consumidores de energía.

[Así es el mapa de Madrid Central]

En su aproximación, los profesores de la Universidad Comillas se concentran en los costes más significativos, los debidos a las emisiones de CO2, SO2, NOX y partículas, y siguen la metodología de la obra editada por el Fondo Monetario Internacional 'Getting Energy Prices Right: From Principle to Practice'.

Los resultados ofrecidos son los siguientes:

La metodología seguida en el cálculo del coste del CO2 es diferente a la seguida para los otros contaminantes. Para el CO2, se ha considerado, de acuerdo con diferentes estimaciones internacionales, el coste necesario para conseguir que la temperatura media global a lo largo del presente siglo no suba más allá de dos grados. Es decir, el coste necesario para cumplir con los Acuerdos de París.

Para los otros contaminantes, el cálculo tiene en consideración los costes inherentes a su lesividad. Las partículas de un tamaño inferior a 2,5 micras pueden penetrar en los pulmones y transmitirse a la corriente sanguínea. Constituyen la primera causa de mortalidad derivada de la contaminación. Pueden producirse directamente en la combustión, pero también a partir de reacciones químicas en la atmósfera ante la presencia de SO2 y NOX. Existen cálculos que indican que por cada 10 microgramos por metro cúbico adicionales de partículas, la mortalidad se incrementa un 9,8%.

La contaminación derivada de los combustibles fósiles, incluido el CO2, nos cuesta más de 23.000 millones al año

El cálculo de las externalidades derivadas de este tipo de contaminación se efectúa a partir del cálculo de la polución inhalada por la población, de su edad y salud general y del consiguiente efecto sobre la misma de la contaminación. El último paso es tratar de monetizar el coste del empeoramiento producido en la salud. Es comprensible que un cálculo semejante esté sujeto a controversia y sea siempre opinable, pero saber, aunque sea de forma estimada, que la contaminación derivada de los combustibles fósiles, incluido el CO2, nos cuesta más de 23.000 millones de euros al año constituye un necesario punto de partida.

Lo que la Teoría Económica nos dice es que el precio de los bienes consumidos debe incorporar el coste de las externalidades a través de los correspondientes impuestos, de forma que la demanda se adecúe al coste real del bien consumido. En el año 2017, la recaudación por impuestos especiales a los hidrocarburos alcanzó en números redondos 11.000 millones de euros. Es decir, si aceptamos los cálculos anteriormente citados de las externalidades, deberíamos incrementar la recaudación en 12.000 millones, lo que supondría, si repartimos por igual el esfuerzo entre la gasolina y el gasóleo, un inabordable incremento de 27 céntimos por litro. A efectos comparativos, cabe mencionar que el famoso 'dieselazo', del que ya nadie habla, suponía subir el gasóleo unos 10 céntimos y la propuesta del proyecto de Presupuestos era mantener el impuesto a la gasolina y subir el impuesto al gasóleo 3,4 céntimos.

Debemos ser conscientes de que la fiscalidad inherente a los productos petrolíferos deberá ir subiendo a lo largo de los años

La reflexión subsiguiente es doble: aunque en campaña electoral nadie hable de ello y en el Plan Integrado de Energía y Clima no se haya incluido la más mínima reflexión sobre los precios de la energía congruentes con la estructura de consumo energético que se pretende alcanzar en 2030, debemos ser conscientes de que la fiscalidad inherente a los productos petrolíferos deberá ir subiendo a lo largo de los años para, en la medida de lo posible, ir adecuando costes reales y precios.

La otra imprescindible línea de actuación es la adopción de planes y medidas que reduzcan las emisiones y minimicen por tanto las externalidades y su coste. En este marco, las grandes ciudades, por la concentración de población y emisiones, tienen una importancia notable. Ahora bien, deberíamos olvidarnos de iniciativas como Madrid Central si se quiere abordar el problema desde una perspectiva rigurosa.

Una señal de Madrid Central. (EFE)
Una señal de Madrid Central. (EFE)

Para empezar, la contaminación en una ciudad como Madrid no es cuestión de su centro urbano, ni siquiera de su término municipal. Solo el área metropolitana empieza a ser relevante. Coslada, Rivas, Alcobendas, Móstoles, Pozuelo, Getafe o Leganés, entre otras, son ciudades de las que se desplazan a Madrid cerca de un millón de vehículos diarios. Aparcamientos disuasorios enlazados con la red de transporte público son imprescindibles.

El paso siguiente es la flota de transporte público que, en términos de kilómetros recorridos, es mucho más relevante que los automóviles privados. La situación de la EMT no es mala, pero podría ser mejor. Un 66% de los autobuses utiliza gas, solo un 2% son eléctricos y aún queda un 32% que utiliza gasóleo. Entre estos últimos, hay 350 autobuses con una motorización ya obsoleta y por tanto muy contaminante.

La contaminación de Madrid no es cuestión de su centro urbano. Coslada, Rivas, Alcobendas... son ciudades de las que se desplazan muchos coches

La renovación de las flotas de taxi con motorizaciones a gas está en marcha desde 2018. Convendría pactar con el sector la aceleración de este proceso, ayudar a la electrificación y aplicar a los VTC los mismos requisitos (sin ayudas).

Las calefacciones son otra fuente de contaminación urbana. En las nuevas viviendas, debería forzarse la electrificación, la autogeneración con paneles solares y utilizar bomba de calor para la climatización en invierno y verano. La rehabilitación de viviendas debería focalizarse en el aislamiento térmico y, progresivamente, en la sustitución de la calefacción central con gasóleo.

Cualquiera de las medidas enunciadas es más efectiva que restringir la circulación en la zona central de la ciudad, que como nos ponía de manifiesto un artículo publicado en este periódico, solo sirve para trasladar la contaminación a las zonas adyacentes y para que la gente con dinero, capaz de adquirir un coche eléctrico, disfrute a sus anchas del centro de Madrid. Perplejidades a las que nos somete la izquierda.

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