“Vi las mejores mentes de mi generación…

… hambrientas histéricas, desnudas” ('Aullido', Allen Ginsberg, 1956)

Foto: Fachada del Congreso de los Diputados. (EFE)
Fachada del Congreso de los Diputados. (EFE)

Mi generación la componen, en España, todas las personas que nacieron en los años 70. Es la primera que, a diferencia de muchas anteriores, no ha conocido dictaduras ni guerras dentro de nuestro territorio en el recorrido completo de su vida.

A la vez, es la primera generación de ciudadanos y ciudadanas que ha disfrutado de una ininterrumpida democracia desde el mismo instante en el que nacieron sus miembros. Con niveles de derechos y libertades que sus abuelos ni siquiera fueron capaces de imaginar.

Ambos elementos son fundamentales para la explicación de los hechos en estos últimos 40 años. Hechos de los que las personas nacidas en los años 70 han sido las primeras en beneficiarse en el ciclo completo de toda su vida.

Terraza en la Plaza Mayor de Madrid. (EFE)
Terraza en la Plaza Mayor de Madrid. (EFE)

Por ejemplo, es la primera vez en toda la historia de España que se ha conocido un incremento de renta per cápita como el experimentado en estos últimos 40 años, indiscutiblemente, el mayor de toda nuestra historia.

Es, a la vez, el primer instante de la historia de España donde toda una generación ha sido educada universalmente, a diferencia de sus padres y madres, en el mejor sistema educativo que nuestro país haya tenido nunca.

Es la primera vez que una generación conoce, a diferencia de la anterior, indicadores de salud en todos los tramos demográficos que son los mejores de toda la historia de nuestro país.

Y es la primera vez que una generación rompe con el pasado y se siente plenamente equiparada al resto de países europeos de toda la historia de España.

Hay, dentro de la política en los años de crisis, un sector altamente especializado en señalar todo lo que hicieron mal los arquitectos del escenario actual

Mi generación es la que mejor lo ha tenido de cuantas haya habido en nuestro país.

No sé si a pesar de eso o precisamente por eso, pero el caso es que también es una generación crítica, inconformista, con capacidad para la exposición de todo aquello que no le gusta y que no siente ningún reparo de expresar sus diferencias o sus críticas a todas aquellas cosas que no funcionan o que cree que podrían funcionar mejor.

En el ámbito de la política esto, en mi opinión, se observa claramente en los últimos años. Hay, dentro de ella, un sector altamente especializado en señalar todo lo que hicieron mal los arquitectos del escenario actual.

Un sector de contestación a las cosas que creen que no funcionan cuya placenta ha sido la crítica en estos brutales años de crisis que, es indiscutible, han dejado a la vista unas cuantas fallas del modelo.

Mi generación ha fracasado en la primera oportunidad que ha tenido a la hora de la simple interpretación del modelo vigente para producir mayorías

Y esa contestación se refleja en unos números de apoyo social que debemos reconocer que son los más altos que han tenido nunca.

Los arquitectos del modelo actual lo harían todo lo mal que algunos quieran, pero lo cierto es que hasta la fecha nadie ha sido capaz de proponer, consensuar y poner en marcha un modelo mejor.

Y en segundo lugar, queda de estos meses una lección para el futuro; mi generación ha fracasado en la primera oportunidad que ha tenido a la hora de la simple interpretación del modelo vigente para producir mayorías y generar condiciones de gobernabilidad. Era la primera oportunidad que tenía en toda su historia. Y ha fracasado.

Albert Rivera (i), Pedro Sánchez (c) y Pablo Iglesias (d) en un debate electoral. (EFE)
Albert Rivera (i), Pedro Sánchez (c) y Pablo Iglesias (d) en un debate electoral. (EFE)

No reconocerlo sería impropio del más mínimo sentido de la sinceridad con nosotros mismos.

A partir de aquí, convendría tener claro que el país no necesita una bronca por la atribución de la culpa. España necesita un proyecto de futuro al que puedan contribuir muchos y muy diversos sectores y que pueda aglutinar amplias mayorías para llevarlo a cabo en los próximos años.

Sin él, no será posible recomponer lo que se ha roto por abajo en este último tiempo.

Y no se superará una realidad política endiablada: la fuerza de la contestación no ha desarrollado vocación transformadora. Y la vocación transformadora ha perdido la fuerza de la contestación.

Sería bueno ver a las mejores mentes de mi generación responsabilizarse en la tarea de sacar esto adelante. Desnudas de parafernalia y de egos

Algo se nos ha roto en estos años. Algo de fondo. Una suma de disecciones que dificultan enormemente un escenario claro de futuro para nuestro país.

Pero ya es responsabilidad de mi generación apostar por un proyecto claro y alcanzar los consensos suficientes para poder ir recorriéndolo.

Para ello, sería bueno ver a las mejores mentes de mi generación en todos y cada uno de los ámbitos y sectores de actividad responsabilizarse en la tarea de sacar esto adelante. Desnudas de parafernalia y de egos. Y hambrientas en el mejor y no en el peor sentido de la palabra.

Hambrientas por llevar a cabo precisamente lo que falta, un proyecto que no sea nada más que eso, un proyecto de país.

Nuestros padres y madres, tan extensamente criticados ya no están.

Nos toca a nosotros. Vamos a ver si en el futuro, además de criticar, somos capaces de hacer algo que esté a la altura de lo que hicieron ellos.

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