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La agonía del hotel Los Monteros

En agosto de 1988, Michael Jackson, que todavía no era un chico Bad ni un Smooth Criminal con sombrero Panamá, se hospedó en la Suite Real,

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La agonía del hotel Los Monteros

En agosto de 1988, Michael Jackson, que todavía no era un chico Bad ni un Smooth Criminal con sombrero Panamá, se hospedó en la Suite Real, 5.100 euros la noche. Salió del hotel disfrazado de operario para burlar a los paparazzi. Los Monteros, donde se alojó el Thriller Jackson, llegó a ser el establecimiento más lujoso de la Costa del Sol. Funcionaba como un club. El primero del país, con su restaurante El Corzo, que logró una estrella Michelin. El del precio medio más alto de España y el que alcanzaba todo el año la mayor ocupación media (98%). También el que estrenó desayunos en bandeja de plata. Restauración de diamantes. Ahora el presente es ruina y desolación. Los Monteros agoniza en una muerte torpe y canalla con tufillo a pufo.

 

Si Sean (007) Connery o Audrey Hepburn regresaran hoy a Los Monteros comprobarían con estupor y temblores, como titulaba Amélie Nothomb su novela tokiota, que las tortugas, los patos y los peces se están muriendo. Hace ya semanas que Sevillana Endesa cortó la luz por falta de pago. Llevan cinco días sin agua y los jardines, que soportan temperaturas de más de treinta grados, se están secando. La piscina está verde y se asemeja a una mediocre alberca de campo. Las pintadas contra el dueño, el ruso Ernest Malyshev, la Junta de Andalucía (“Mójese usted, Griñán: somos andaluces no rusos”) y Banif, ilustran la desesperación de sus 180 empleados [llegó a contar con 440 asalariados], que hacen turnos en el establecimiento, para no perder sus derechos laborales. Llevan siete meses sin cobrar.

El propietario, Ernest Malyshev, huyó. La Consejería de Turismo promete una solución, pero no la concreta. Y hasta Izquierda Unida (aboga por la expropiación del hotel), se ha reunido con el embajador de Rusia para zanjar el drama, que va camino de no superar ni siquiera al tercer acto. Los trabajadores llevan dos meses así y la situación se agrava cada día. No pueden más. Pero prometen seguir luchando. “Moriremos con las botas puestas”, reza una pintada colocada en el muro que da a la Nacional 340.

El dueño llego, vio y se rodeó de un ejército de guardaespaldas compatriotas. La Rusia chica, tildaron a Los Monteros. Malyshev compró la deuda que tenía el hotel y luego no invirtió ni un sólo rublo en las instalaciones. Todo lo debe. Tampoco pagó a proveedores y a empleados. Y no es precisamente este individuo un sobrado en saber estar y don de gentes. “Nos trataba fatal y tiene denuncias por pegar a varios compañeros”, cuenta Josefina Perea, trabajadora del hotel, y miembro del Comité de Empresa, que me enseña, junto a Pedro López, las instalaciones de Los Monteros. En recepción hay un panel donde figuran las leyendas que se alojaron aquí. En un rincón está la imagen de San Judas Tadeo, “santo del trabajo, santo de los casos difíciles y desesperados, abogado de las causas imposibles”.

A mitad de la semana pasada ocho clientes aterrizaron en Los Monteros dispuestos a disfrutar de una estancia para ellos soñada todo el año, en el hotel y en el club de playa, La Cabane, ahora también cerrado. Al llegar al Los Monteros se encontraron con pancartas, bocadillos de mortadela y partidas de cartas allá donde antes los mozos recogían el equipaje de los huéspedes y accedían a las tumbonas, donde Carlos Pérez Siquier, Premio Nacional de Fotografía, retratara con su cámara de medio formato 6 x 6 a una extranjera maximaquillada tomando el sol frente a la piscina montera.

Era la etapa en la que Rafael de la Fuente dirigió el hotel entre 1971 y 1983, sin duda la Edad de Oro de Los Monteros. De la Fuente, oficialmente jubilado, tras décadas de director de hoteles de lujo (Villamagna de Madrid, Don Carlos) y la Escuela de Hostelería La Cónsula, pero jamás retirado (está más proactivo que nunca) me ratifica que el hotel tuvo “clase desde el primer día”, asegura mientras toma una botella grande de agua mineral en una cafetería cerca de la avenida Ricardo Soriano de Marbella.

En agosto de 1988, Michael Jackson, que todavía no era un chico Bad ni un Smooth Criminal con sombrero Panamá, se hospedó en la Suite Real, 5.100 euros la noche. Salió del hotel disfrazado de operario para burlar a los paparazzi. Los Monteros, donde se alojó el Thriller Jackson, llegó a ser el establecimiento más lujoso de la Costa del Sol. Funcionaba como un club. El primero del país, con su restaurante El Corzo, que logró una estrella Michelin. El del precio medio más alto de España y el que alcanzaba todo el año la mayor ocupación media (98%). También el que estrenó desayunos en bandeja de plata. Restauración de diamantes. Ahora el presente es ruina y desolación. Los Monteros agoniza en una muerte torpe y canalla con tufillo a pufo.

Organización Mundial del Turismo (OMT) Marbella