El lujo italiano cae en manos extranjeras
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Carlos Camino

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El lujo italiano cae en manos extranjeras

No hay italiano que no se acuerde la final del Mundial de fútbol de 2006, la última vez que fueron campeones y en la que Zidane

No hay italiano que no se acuerde la final del Mundial de fútbol de 2006, la última vez que fueron campeones y en la que Zidane dio un cabezazo a Materazzi. Sin embargo, pocos italianos recuerdan con la misma indignación que hace apenas un año, otros franceses, LVMH, dieron un particular cabezazo a uno de los sectores bandera del país, el lujo, al hacerse con el control de Bulgari. Italia pierde y LVMH sigue aumentando vertiginosamente su cifra de negocios cerrando 2011 con un +22%. Esta afrenta es sólo una muestra de cómo esta poderosa industria en Italia pierde la partida por no saberse adaptar a los nuevos tiempos, quedando como atractivos títeres de un teatro dirigido por extranjeros.

“Hace diez años el que mandaba era el lujo italiano, pero ahora ha perdido la partida y el más importante es el francés”. Así hablan a este diario fuentes del sector del lujo que explican cómo es posible que presas de caza mayor como Gucci, Valentino o Bottega Veneta hayan sido absorbidos por grupos empresariales foráneos, dejando en el escaparate el preciado Made in Italy, mientras que las decisiones quedan en manos extranjeras. No sólo francesas, ya que fondos árabes u holandeses han querido pescar en este río revuelto.

La máxima de la unión hace la fuerza no hace furor entre las grandes familias italianas del lujo, aunque sea proclamada de puertas para fuera en los coloquios sobre el sector. Su capitalismo de otra época no ha podido hacer nada contra “la importación de valores empresariales estadounidenses” que sí han sabido ver las francesas LVMH o PPR (Pinault-Printemps-Redoute) y que finalmente han acabado absorbiendo joyas de la corona del lujo italiano. Los expertos transalpinos coinciden en que la fallida creación de un polo de este sector es clave en la pérdida de dominio en el mercado. “La marca francesa es más empresarial”, explican las citadas fuentes.

De esta manera, dado que los conglomerados galos se han centrado más en la distribución, lo que les ha acercado más al cliente. Por su parte, el empresario italiano, más pequeño y aislado, mantiene el toque mágico del Made in Italy, pero ha perdido maniobrabilidad absorbido por su debilidad ante la crisis económica.

Puede que el que mejor lo resuma sea Francesco Trapani, CEO de Bulgari en el momento de la llegada de los franceses: “Los italianos prefieren jugar un juego más pequeño antes que perder el control total sobre su empresa”. La firma joyera o el modisto Gianfranco Ferré buscaron compañeros para la creación de un polo, pero ninguno encontró apoyos.

El fallido gran polo del lujo

Grandes experimentos a nivel nacional han acabado con sus CEO entre rejas. Burani Fashion Group, una empresa local que intentó unir a su alrededor a importantes firmas italianas vio su sueño truncado en apenas diez años, con su consejero delegado, Giovanni Burani, acusado de bancarrota fraudulenta. Algo similar ocurrió a It Holding, que agregó en su cartera firmas como Ferré o Dolce & Gabbana, y por cuya caída fue detenido este enero su CEO, Tonino Perna, acusado del mismo delito que Burani.

Incluso han fracasado intentos foráneos de creación de un gran polo que aglomerase a grandes firmas italianas del sector. Yan Yu Ngkok, un empresario chino así lo deseaba hace tres años, y tras adquirir grandes participaciones en Gaetano Navarra, New York Industrie y Sergio Tacchini, tres grandes nombres de la moda de lujo del Made in Italy, intentó dar más entidad a su grupo con la compra de Gianfranco Ferré, sin embargo, las grandes deudas de ésta impidieron que se llevase a cabo el sueño de realizar un polo del lujo italiano… aunque fuese controlado por manos chinas. Ngkok, un enamorado de la cultura, moda y comida italianas, ha logrado sin embargo arrancar a varias firmas, como Moschino, su distribución en exclusiva en China, en una muestra del terreno en el que se mueve el sector: envidia por el producto italiano, pero explotación en manos de gigantes extranjeros.

No es el único experimento oriental de estas características, ya que recientemente la firma de moda Caruso ha firmado un acuerdo con China Garments para convertirse en la primera firma china de lujo, pero con el sello del Made in Italy. Esta extraña asociación verá la luz en la Semana de la Moda de Pekín, a finales de marzo.

Camino hacia oriente

“Las marcas francesas se han posicionado mejor en Oriente, que es uno de los polos principales a los que tiene que prestar atención el lujo. Los franceses organizan desde hace tiempo semanas de la moda en Asia”, comenta a este diario una comerciante de moda que cree que la gran capacidad de inversión de estos grupos resulta determinante para su posicionamiento, un movimiento al que no pueden aspirar los reinos de Taifas transalpinos. 

Las marcas italianas del lujo quieren lanzarse a la conquista de este mercado – que en los próximos años podría alcanzar la cota del 60% de las ventas del sector - y, pese a que el arranque ha sido tardío, esperan poder conquistar el gigante asiático. China se ha convertido en el gran referente mundial del consumo de lujo, con un aumento de la demanda de un 25% anual, y se espera que en 2012 el volumen de negocio alcance los 59.000 millones de euros. Prácticamente el doble de los 30.000 millones conseguidos en 2011.

“Italia tiene un branding bien marcado y es una pena que no lo sepan explotar. La diferencia con los franceses es que ellos están orgullosos de lo que son”, comenta esta comerciante. Al menos si Italia no sabe explotar sus marcas, parece ser que hay otros países dispuestos a hacerlo.