¿España pierde en “competitividad”? ¡Avanza en “catetismo”!

La semana pasada se montó un “tremendo zaperoco” (así lo dirían en Venezuela) porque el World Economic Forum publicó su informe de competitividad global 2010-2011 y

La semana pasada se montó un “tremendo zaperoco” (así lo dirían en Venezuela) porque el World Economic Forum publicó su informe de competitividad global 2010-2011 y España cayó del puesto 33 al 42 ¿Es grave? ¡Muy grave! Pero permítanme algunas aclaraciones desde mi punto de vista que la gran mayoría parece haber pasado por alto.

En primer lugar, hay que decir que no está claro que el informe del WEF mida la competitividad global de verdad, que el método de medición que utiliza esté validado de verdad y, tampoco, que se puedan sacar conclusiones para  tomar medidas que ayuden a mejorar.

Que es grave no hay duda. Ha salido en todos los medios del mundo, los tertulianos y periodistas especializados “le han dado un efecto multiplicador” (aunque la mayoría no tiene ni idea de lo que habla) y, al final, perjudica claramente a nuestra imagen como país. Es decir eso de la Marca España que, al menos a mí, preocupa tanto se ha devaluado. Eso de ser el país desarrollado cuya “competitividad” más ha caído en el último año, da mala imagen.

Aunque no es nuevo, desde 2002 hemos caído del puesto 22 al 42, hemos duplicado casi nuestra falta de competitividad según el ranking del WEF. Es evidente que esta caída va en paralelo con la caída de España en otros rankings, como el de “Globalización”, “Confianza de inversores internacionales”. Unas caídas que influyen también en la valoración de nuestra Marca España haciendo que la opinión de inversores, prescriptores y compradores de productos españoles disminuya. ¿Tendrá eso algo que ver con la imagen del gobierno, la oposición y este desmadre de las autonomías? ¡Sin ninguna duda! Basta con echar un vistazo a las variables que tiene en cuenta el informe. Estamos por encima del puesto 100 en eficacia  de las instituciones políticas, formación adecuada de trabajadores, regulación del mercado laboral, burocracia o acceso a financiación. Esos son los que el informe dice que son nuestras debilidades principales.

Ahora bien, ¿cuántos de los que han opinado los últimos días sobre este informe saben de lo que hablan? ¿Cuántos han reflexionado sobre su validez? En primer lugar, veamos cómo define el WEF lo que mide. En el capítulo 1.1 definen la competitividad como “conjunto de instituciones políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Esto quiere decir que si es productivo es competitivo; ¡Falso!

Según el diccionario de la R.A.E. la “competitividad” es la “capacidad de competir” o “rivalidad para la consecución de un fin”, algo muy parecido al significado que se da en inglés. Es decir, se es competitivo si se consigue algo que nos interesa y otros quieren conseguir. Si hablamos a nivel global, eso suena a atraer inversores, compradores de productos y turistas al propio país.
Lo siguiente es ¿para qué se quiere ser competitivo? Parece que el sentido común nos dice que debe ser para que los ciudadanos de nuestro país tengan el mejor nivel de bienestar posible. ¿Esto se consigue con productividad? ¡No parece! Según el diccionario, la productividad en Economía es “relación entre lo producido y los medios empleados, tales como la mano de obra, materiales, energía, etc.”. Está claro que la productividad no es suficiente, falta lo más importante: que alguien se interese por lo que hacemos, decida tenerlo y pague por ello con un cheque que tenga fondos.

Conclusión 1: Parece que la definición de “Competitividad” no es completa.

Ahora vamos a los nombres de los cinco campeones de la competitividad según el informe, (se indica entre paréntesis el número de habitantes en millones y su participación en el PIB mundial en porcentaje del total). Los países y datos son: Suiza (7,6 / 0,48); Suecia (9,2 / 0,45); Singapur (4,7 / 0,3), EE.UU. (314,7 / 20,5) y Alemania (82,2 / 4,03). ¿Cómo se puede comparar y valorar  de forma relativa la competitividad de EE.UU. con el resto? Es como comparar la movilidad de un elefante, una vaca y tres mosquitos. O, en términos empresariales, sería como comparar la Casera con la Coca-Cola.

Conclusión 2: No parece que la comparación de la “competitividad” sea equilibrada.

Pero, además, otro aspecto importante al que tampoco se hace referencia es a la forma en que se obtienen los datos para hacer el ranking. No son datos objetivos, son subjetivos. Salen de las valoraciones que han hecho a partir de sus criterios personales 13.607 líderes de opinión de 139 países. Así pues, es posible que un  académico de Singapur haya opinado sobre el problema de nuestra legislación laboral pensando que España está en Latinoamérica (es una caricatura, pero…). Naturalmente, también es probable que en las valoraciones de Qatar (puesto 17 en el ranking) hayan influido las opiniones de americanos, españoles o japoneses que ni siquiera saben dónde está en el mapa.

Conclusión 3: No se si los datos son muy fiables...

Lo que mide tiene un valor relativo para valorar la competitividad real, es decir la capacidad para atraer más inversores, compradores de productos y turistas a nuestro país e, incluso, que seamos un “objeto de deseo” para otros en lo que a implantación de nuestras empresas e instituciones en sus países. Ahora bien, ser “competitivos a nivel global” tiene que tener el objetivo inicial de ser “más atractivos” para, como objetivo último, mejorar el bienestar de los ciudadanos.

Veamos cómo estamos en estos dos aspectos. España es el 17º exportador de mercancías del mundo y el 7º exportador de servicios, lo que con una suma, no se si muy ortodoxa, nos coloca en el 15º de los exportadores totales. Está claro que si somos el 10º en PIB todavía podemos crecer en exportaciones. Algo que nadie discute; pero ni el gobierno ni la oposición están tratando de incentivar la presencia internacional de las empresas españolas. Sin duda hay varias que ya están instaladas en el “globo”, Telefónica, Freixenet, los bancos, las constructoras y son líderes en sus sectores.  Pero los políticos no han hecho nada práctico para ayudar, ni antes, ni después, de la crisis.

En cuanto a los del bienestar estar hay un índice bastante objetivo, al menos me lo parece, que de alguna manera lo mide. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se basa en un indicador social estadístico compuesto por tres parámetros: (1) Vida larga y saludable (medida según la esperanza de vida al nacer) / (2) Educación (medida por la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y superior, así como los años de duración de la educación obligatoria) / (3) Nivel de vida digno (medido por el PIB per cápita PPA en dólares). Estamos en el puesto 16ª; mejorable (sobre todo en educación); pero no está mal. Por cierto para cultura general indico a continuación el puesto que ocupan en el ranking del IDH los cinco más “competitivos” según el WEF: Suiza (10º), Suecia (7º), Singapore (28º), EE.UU. (15º) y Alemania (23º). Son los más “competitivos”; pero en bienestar todavía tienen que  mejorar, sobre todo Singapore…

Conclusión 4: No estamos tan mal como dice el WEF; pero claramente podríamos estar mejor si tuviéramos gestores políticos más hábiles, más mundanos y, sobretodo, menos catetos.

Pero lo más importante de todo es que en este país somos tan catetos que además de no entender cómo funciona esto de la competitividad internacional, ni lo importante que es por lo mediático, no tengamos una task force hábil en ingeniería política para que se ocupe de hacer “lobby” con el objetivo de mejorar la opinión de esos 15.000 de 139 países a los que el WEF les pregunta y que influyen en un ranking que va a afectar al valor de  la Marca España. Ni tampoco alguien que se ocupe de que los éxitos de las empresas españolas aparezcan en los medios que influyen en la decisión de prescriptores, inversores, compradores y turistas.

¡Socorro! ¿Dónde está nuestro guardián de la Marca?

*Raúl Peralba es Presidente de Positioning y profesor colaborador de ESADE

Tribuna
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