Jornada Mundial de la Juventud: "We are family"
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Rafael Navarro-Valls

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Jornada Mundial de la Juventud: "We are family"

Esta Jornada Mundial de la Juventud que acaba de concluir - y que mira ya a la que se celebrará en 2013 en Río de Janeiro-,

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Esta Jornada Mundial de la Juventud que acaba de concluir - y que mira ya a la que se celebrará en 2013 en Río de Janeiro-, ha tenido como protagonista una simple palabra,  que ha dividido a los espíritus durante siglos : la “ verdad”. En todos los discursos de Benedicto XVI, de una u otra forma, ha sido citada. Recuérdese que, precisamente es el menosprecio de la verdad quien llevó a Cristo a la cruz, esa cruz que han portado los jóvenes  en el Vía Crucis celebrado en la madrileña calle de la Castellana.  Ante el requerimiento de Pilatos: “¿Qué es la verdad?”, Benedicto XVI recuerda en su Jesús de Nazaret que no ha sido el procurador romano “el único que ha dejado al margen esta cuestión como insoluble y, para sus propósitos, impracticable. También hoy se considera molesta, tanto en la contienda política como en la discusión sobre la formación del derecho”.

En esta JMJ,  la famosa expresión de Pilatos en su diálogo con Jesús,  no ha sido un punto y aparte, sino un punto y  seguido. Es decir, no el fin de la cuestión sino el principio. El tema de fondo que ha sobrevolado el entusiasmo y  la alegría de esos centenares de miles de jóvenes,  ha sido la búsqueda del concepto de verdad. Inicialmente  un tema filosófico, pero que ha terminado  por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien: Cristo.  Por ese Alguien el Papa ha pedido, por ejemplo, ”sufrir por el amor a la verdad ” , y sobre la difusión de la verdad como misión de los profesores se ha concentrado Benedicto XVI con la intensidad de un rayo laser. En fin, ha recordado,  como buen intelectual,  la famosa frase de Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, luego se te escapará de las manos”. 

Desde mi punto de vista, una modesta pancarta - que ondeaba en medio de la multitud concentrada en Cibeles -   marcó otra de las claves de estas Jornadas  Me refiero a  la que, escrita a mano, decía “We are family”. Efectivamente ese millón y medio de jóvenes era una gran familia multiétnica y multirracial que se reunía en torno a un padre común: Benedicto XVI. De ahí el “ambiente de familia” que se respiraba por Madrid durante estos días. 

¿Cómo ha reaccionado el anciano papa Ratzinger  ante esta avalancha, que se le ha venido encima en el otoño de su vida? El “panzer -cardenal” (como algunos lo llamaban cuando estaba al frente de la  Congregación para la Fe) se ha asemejado mucho más a un sencillo arado que a una máquina de guerra. También en Madrid, en sus discursos, no ha calcinado la tierra como una apisonadora, más bien la ha removido para la siembra. Ha ido dejando caer la semilla de la buena doctrina en una tierra joven. Una multitud de gentes con el sol de cara –cuando ya a muchos el sol nos da por la espalda – que te decía: “No sé si podré estar a la altura de lo que me pide el Papa. Pueda o no hacerlo, él tiene razón: nadie nunca me había hablado así”. 

En un momento de “insurrección social” de la juventud (Londres, Oslo, la “primavera árabe”, los “indignados”) el Papa  ha hecho llamadas continuas a no perder la esperanza, al optimismo, a descubrir la fuerza de Dios en la historia, al sentido del dolor, a detenerse ante el “sufrimiento del mundo”… Ha pedido “radicalidad evangélica” ante el compromiso personal, ha sido exigente sin una frase de adulación  y,  al tiempo, a  derecha e izquierda ha repartido afabilidad y sonrisas.  Incluido el momento en que, literalmente, el diluvio cayó sobre él en Cuatro Vientos. Su respuesta ante el incidente: serenidad, buen humor y esta consigna para los centenares de miles de asistentes: “¡Gracias por vuestra resistencia! ¡Vuestra fuerza es mayor que la lluvia!”. 

La única sombra de esta semana ha sido una anécdota que los media – sobre todo los extranjeros-  han transformado en un drama.  Me refiero a la mini - manifestación de unos centenares de “anti-papas”. No hubiere tenido mayor trascendencia, sino hubiera sido por la lamentable agresión de que fueron objeto algunos chicos – sobre todo, chicas- peregrinos que coincidieron con los manifestantes. Para cualquier demócrata, fue bochornoso observar como  los representantes de una gropúsculos agonizantes maltrataban de palabra y de obra  a unos adolescentes,  profiriendo gritos contra su  invitado de honor: el líder espiritual de mil millones de católicos.  Un líder que encarna   “la primera autoridad moral de la Tierra”, como lo calificó Gorvachov,  cuando le presentó a su mujer Raisa a Juan Pablo II en Roma.  Era penoso contemplar – ya se encargó la BBC de amplificarlo, para nuestro  confusión – los gritos, gestos y expresiones de unos energúmenos ante la serenidad pacífica y algo atemorizada de unos casi niños.  

Pero nada ni nadie ha podido disminuir lo que ha sido otra coordenada de esta JMJ: la alegría de los asistentes. Una alegría ruidosa, pero con raíces profundas. De ahí que Benedicto XVI en la homilía de la Misa de Cuatro Vientos les diera esta misión: “ Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe". Alguien ha calificado a las Jornadas Mundiales de la Juventud como “laboratorios de la fe”. La JMJ Madrid 2011 ha sabido mezclar en una fórmula magistral, estos tres ingredientes: la “verdad “ como búsqueda, la alegría y el sentido de familia. El resultado ha sido óptimo.

*Rafael Navarro-Valls, catedrático de la UCM y académico de número de la Real de Jurisprudencia y Legislación.