Becas, ¿subsidios o incentivos?

La oposición desatada respecto a la intención del ministro Wert de primar el mérito por encima de las circunstancias económicas para la obtención de una beca

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    La oposición desatada respecto a la intención del ministro Wert de primar el mérito por encima de las circunstancias económicas para la obtención de una beca de estudios constituye un reflejo de una concepción de la educación en España que resulta, como mínimo, preocupante, sobre todo teniendo en cuenta que han sido los rectores los que más ruido han armado.Una visión que entiende la igualdad como fin en sí misma y que, como mínimo, ha llevado a nuestras universidades al estado de postración en que se encuentran.

    No en vano, la definición del diccionario de la Real Academia de beca, “una subvención para realizar estudios o investigaciones”, es muy explícita a la hora de indicar en que coordenadas intelectuales nos movemos. En contraste, las dos definiciones de beca (scholarship) que encontramos en el diccionario Oxford abundan en la idea de achievement, es decir, la consecución de logros académicos para su obtención. En otras palabras, mientras que los españoles entienden las becas ante todo como subsidios, los anglosajones, sobre todo los norteamericanos, las consideran incentivos.

    Mientras que los españoles entienden las becas ante todo como subsidios, los anglosajones, sobre todo los norteamericanos, las consideran incentivosUna de las diferencias mayores que he encontrado revisando currículos españoles y norteamericanos es que en los segundos resulta relativamente frecuente encontrarse con secciones en los que el autor incluye las becas o premios que ha recibido a lo largo de su biografía. En el mundo académico y profesional norteamericano, obtener una beca no transmite tanto que tu situación económica era apurada sino el prestigio del esfuerzo realizado para conseguirla. Obviamente, ello se debe a dos factores. El primero es que en Estados Unidos, debido a una cultura instaurada del incentivo, las organizaciones conceden muchas más becas y premios que en España a sus miembros en reconocimiento de los méritos y el trabajo bien hecho. El segundo es que hay una ingente cantidad de personalidades y organizaciones privadas que cimentan su prestigio, entre otras cosas, concediendo ayudas a los estudiantes aplicados.

    En España se considera que las becas son ante todo un subsidio mayoritariamente estatal, una cantidad de dinero que se aporta al estudiante a fondo perdido, que permite a los más pobres y, casi por derivación, a los mejores poder estudiar. De hecho, en España no llama la atención que el que saque un 5 de media reciba una dotación económica similar que el que saca un 8 por ejemplo, ya que lo importante al fin y al cabo es que todo el mundo pueda ir a la universidad. Y eso que el sistema está fuertemente subsidiado, gracias a los impuestos pagados por muchos mileuristas cuyos hijos no irán a la universidad, ya que un universitario español, incluso después de la última subida de tasas, sigue pagando únicamente alrededor del 25% del coste total de la matrícula.

    En cambio, en Estados Unidos, donde las universidades más subsidiadas por el Estado cubren aproximadamente el 50% de un coste total, las becas concedidas como mero subsidio son rara avis. La beca no se entiende como un derecho, sino como un acicate para ser mejores. La inmensa mayoría de las becas se conceden por méritos académicos y nunca a estudiantes que han aprobado con una C, que viene a ser el equivalente del 5 español y que en el mundo académico norteamericano representa menos que el average, es decir, una magnitud identificada con lo mediocre. En realidad, los americanos consideran resultados mediocres todos aquellos que se encuentran por debajo del 20% mejor.

    Los estudiantes norteamericanos que reciben becas lo hacen fundamentalmente por un excelente rendimiento académico. La única parte subsidiada es ese 30-50% que cubren los estados de la matrícula. El resto, incluso para los estudiantes de menos recursos, no constituye un subsidio sino un préstamo blando que deberá devolverse cuando se finalicen los estudios y el estudiante se ponga a trabajar.

    Los estudiantes norteamericanos que reciben becas lo hacen fundamentalmente por un excelente rendimiento académico. La única parte subsidiada es ese 30-50% que cubren los estados de la matrícula. El resto, incluso para los estudiantes de menos recursos, no constituye un subsidio sino un préstamo ‘blando’Voluntariado o actividades extraordinarias

    Es verdad que se conceden becas (llamadas grants) a estudiantes de bajos recursos o de determinados grupos étnicos históricamente relegados, pero siempre con la condición de un rendimiento académico de alguna calidad y, en cualquier caso, que exige notas superiores a la C.  Por último, dentro de una tipología interminable que trato de explicar a grandes rasgos, nos encontramos con las becas tradicionales que quedan reservadas a aquellos estudiantes de rendimiento académico excelente y que suele exigir que el estudiante tenga una media de A (sobresaliente), así como otros factores que demuestren un cierto carácter como labores de servicio a la comunidad a través del voluntariado o alguna otra actividad extraordinaria que adorne sus currículo.

    Este sistema de incentivos ha logrado que más del 80% de los estudiantes universitarios americanos acaben sus estudios -un porcentaje, por cierto, un 10 por ciento superior al español-. El porcentaje de americanos que se gradúa en la universidad es el mismo que en España, alrededor del 40%, y eso que el esfuerzo económico en términos absolutos y relativos de un estudiante norteamericano para pagar la universidad es mucho mayor debido al muy elevado coste, que no se ve compensado aunque la renta per cápita de un americano sea un 40% más alta de media que la de un español.

    Quizás sea el momento de aplicar soluciones que permitan a los estudiantes de menos recursos con mínimos méritos académicos ir a la universidad. Una política de créditos blandos que hay que devolver a la finalización de los estudios por encima de un cierto umbral de renta combinaría igualdad de oportunidades con un cierto sentido de la responsabilidad por parte del estudiante. También convendría repensar si el Estado debería pagar la mayor parte de la matrícula a aquellos estudiantes de rentas altas o muy altas. El sistema está inventado y en líneas generales funciona bastante bien. Pero los españoles, no sé por qué, seguimos mirando para otro lado.

    *César García, profesor de la Universidad Pública del Estado de Washington y autor del blog y del libro ‘American Psique’

    Tribuna

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